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Atasco total en las negociaciones para formar Gobierno en Suecia

Las negociaciones para formar gobierno en Suecia no superan la difícil aritmética para que Magdalena Andersson pueda ser primera ministra.
Las negociaciones para formar Gobierno en Suecia no superan la difícil aritmética para que Magdalena Andersson pueda ser primera ministra. Fuente: Magdalena Andersson - bajo CC BY 2.0

La líder del Partido Socialdemócrata de Suecia (S), Magdalena Andersson, ha reconocido el fracaso de su segunda misión exploratoria para formar un nuevo Gobierno, al constatar la ausencia de acuerdos suficientes con otras fuerzas políticas.

Ante este escenario, ha comunicado al presidente del Parlamento, Andreas Norlén, su disposición a someterse a una votación de investidura al frente de un Ejecutivo exclusivamente socialdemócrata, prevista para el jueves.

Andersson señaló durante una rueda de prensa que no existen las condiciones necesarias para constituir un Gobierno rojiverde, junto a Vänsterpartiet (La Izquierda) y Miljöpartiet (Los Verdes). Aunque las conversaciones con los partidos de su espacio político fueron, según afirmó, productivas, las diferencias entre las formaciones hacen imposible un acuerdo.

La principal dificultad reside, sencilla y llanamente, en la falta de apoyos parlamentarios. Tanto el Vänsterpartiet como Miljöpartiet han anunciado que votarán en contra de un Ejecutivo integrado únicamente por los socialdemócratas.

Silan Erman, secretaria de prensa de la líder de la Izquierda, Nooshi Dadgostar, confirmó que su formación rechazaría la propuesta. Por su parte, Josefin Sasse, portavoz de la dirigente ecologista Amanda Lind, afirmó que Los Verdes no respaldarán un Gobierno del que no formen parte. 

Para ampliar: El retroceso de la extrema derecha en las elecciones de Suecia abre la puerta a un difícil gobierno socialdemócrata

He ahí el quid de la cuestión, que ya se preveía durante la campaña electoral. Ni la izquierda ni los verdes están dispuestos a facilitar un Gobierno socialdemócrata si no se les conceden ministerios y espacios desde los que hacer valer su agenda. Andersson no parece dispuesta a gobernar aceptando las condiciones del ala izquierda del parlamento.

El Partido del Centro, Centerpartiet, cuya posición podría resultar relevante para desbloquear la situación, todavía no ha aclarado el sentido de su voto, aunque siempre ha sido reacio a facilitar un Gobierno si de él forma parte Vänsterpartiet. Los unos y los otros se bloquean mutuamente en este sentido.

Dadgostar sostiene que los cuatro partidos debían haberse sentado a negociar conjuntamente y reclama al Partido Socialdemócrata que reconozca la correlación de fuerzas derivada del resultado electoral. En otras palabras, Vänster quiere un hueco en el Ejecutivo.

Andersson ha reconocido que, si se celebra la votación de investidura en las condiciones actuales, previsiblemente no obtendrá los apoyos necesarios. Los socialdemócratas reconocen que Suecia atraviesa un bloqueo parlamentario, y pretenden patear hacia delante la situación. 

En ese supuesto, ha pasado la pelota al líder de los Moderados, Ulf Kristersson, primer ministro saliente, al que quiere colocar en la difícil tesitura de recibir el siguiente encargo exploratorio… y, lógicamente, perderlo.

Una aritmética imposible

Las elecciones del 13 de septiembre en Suecia dejaron a la socialdemocracia de Magdalena Andersson en una posición más favorable que al bloque conservador, pero ya se anticipaba en aquel momento que las diferencias entre sus posibles aliados complicarían la formación de un nuevo Ejecutivo.

Por su parte, los Moderados y Demócratas de Suecia conservaron buena parte del espacio electoral de la derecha, aunque perdieron la mayoría parlamentaria que permitió gobernar a Ulf Kristersson desde 2022.

El umbral de los 175 diputados volvió a resultar determinante. Ninguno de los dos bloques alcanzó por sí solo la mayoría absoluta, mientras que las posibles alianzas quedaron condicionadas por las líneas rojas que los partidos mantuvieron durante la campaña.

Resultado de las elecciones en Suecia. La aritmética resultante dificulta la formación de un nuevo Gobierno en Suecia.
Resultado de las elecciones en Suecia. La aritmética resultante dificulta la formación de un nuevo Gobierno en Suecia. Fuente: Valmyndigheten

Uno de los resultados más relevantes llegó de los Liberales –Liberalerna– que superaron el umbral electoral del 4% y obtuvieron 19 escaños, tres más que en la anterior legislatura, conservando un hueco en el Riksdag que parecía improbable durante las semanas previas a los comicios. Los Moderados –Moderaterna– avanzaron hasta los 70 diputados y los democristianos alcanzaron los 22.

Sin embargo, Demócratas de Suecia –Sverigedemokraterna, la extrema derecha– retrocedió aproximadamente tres puntos porcentuales y perdió 11 escaños. El bloque pasó así de 176 a 174 representantes, insuficientes para mantener la mayoría.

El Partido del Centro pudo ofrecer una alternativa aritmética, pero mantuvo su rechazo a cualquier acuerdo que dependiera de Demócratas de Suecia, lo que dificultó su incorporación a una fórmula conservadora.

Aunque los socialdemócratas obtuvieron la mayor representación individual, Andersson tampoco consiguió una mayoría política clara, y eso se está viendo reflejado en las actuales negociaciones. La combinación más evidente reunió al Partido Socialdemócrata, la Izquierda, Los Verdes y el Partido del Centro, que sumaron 176 representantes.

La Izquierda, en efecto, reclamó participación en el gobierno, mientras que los centristas mostraron una rotunda oposición frente a esta misma inclusión. El sistema sueco ofreció una ventaja adicional a la dirigente socialdemócrata: el candidato a primer ministro no necesita una mayoría absoluta de votos favorables, sino evitar una mayoría absoluta de votos contrarios. Por ello, las abstenciones pudieron facilitar su investidura, pero ni siquiera eso está garantizado.

Para ampliar: Cómo la socialdemocracia de Suecia perdió su hegemonía

Una gran coalición entre socialdemócratas y moderados tampoco garantiza una mayoría sin incorporar a otras fuerzas. Si Andersson quiere el apoyo de Vänster, necesita incluirlos en el Gobierno; si lo hace, deja de contar con el beneplácito de Centerpartiet.

Si incluye a Vänster (29) y a Miljöpartiet (22), tendría el “no” del resto del arco parlamentario, que suma 188. Si no incluye a Vänster, tendría también su “no”. Por ende, con las cartas la única fórmula ahora mismo con opciones reales de prosperar sería la siguiente:

Un Gobierno de los socialdemócratas (100) y los verdes (22) contaría con el “no” de Moderaterna  (70) y Sverigedemokraterna (62). Entre ambos suman 132. Si la Izquierda vota también “no”, cumpliendo su amenaza, serían 161 noes. Llegados a ese punto, necesitaría el voto favorable o la abstención de centristas, demócrata-cristianos y liberales, algo que no está en absoluto garantizado.

La repetición electoral es, a estas alturas, un escenario enteramente posible en el país escandinavo, aunque Andersson todavía tiene cierto margen y algo de tiempo para convencer a alguno de los partidos –centristas o Vänster– de que cambien su postura.

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