
Dos buques mercantes fueron alcanzados por drones durante la madrugada del 6 de octubre a unos 130 kilómetros de la costa de Bulgaria, dentro de la zona económica exclusiva del país.
El Alfa Watan, con bandera de Togo, sufrió graves daños y terminó hundiéndose, mientras el Able, con bandera de Palaos, se incendió y sus 18 tripulantes tuvieron que ser evacuados. Dos de ellos resultaron heridos de gravedad.
Las autoridades búlgaras han confirmado que ambos barcos fueron alcanzados por drones, aunque todavía no han determinado su procedencia. Los incidentes se producen apenas un día después del hundimiento del Royad Mammadov dentro de la zona económica exclusiva de Rumanía. El buque, de propiedad turca y bandera de San Cristóbal y Nieves, había abandonado el puerto ucraniano de Izmail cargado de maíz con destino a Italia cuando sufrió un incendio.
Dos tripulantes murieron y otros once fueron rescatados. Ucrania atribuye el ataque a drones rusos, aunque las autoridades rumanas todavía no han confirmado oficialmente la causa.
La escalada en el mar Negro
El mar Negro ha sido uno de los principales escenarios de la guerra desde febrero de 2022. Rusia impuso desde los primeros días un bloqueo naval destinado a aislar los puertos ucranianos, impedir la llegada de suministros y obstaculizar las exportaciones agrícolas.
La firma del acuerdo del grano en julio de 2022 permitió abrir temporalmente un corredor protegido, por el que circularon más de un millar de barcos hasta que Moscú abandonó el pacto un año después, alegando que no se habían cumplido los compromisos para facilitar sus propias exportaciones agrícolas y acusando además a Ucrania de utilizar el corredor para apoyar ataques contra objetivos rusos.
La ruptura del acuerdo en julio de 2023 volvió a convertir el tráfico comercial en una parte directa de la disputa. Rusia intensificó los ataques contra Odesa, Izmail y otros puertos ucranianos, advirtió de que podía inspeccionar los barcos que se dirigieran hacia ellos y llegó a efectuar disparos de advertencia contra un mercante en el suroeste del mar Negro.
Ucrania respondió manteniendo sus exportaciones mediante un corredor que discurría pegado a la costa occidental del mar Negro y continuaba hacia el sur junto a Rumanía y Bulgaria.
La proximidad a dos Estados miembros de la OTAN ofrecía una percepción de mayor seguridad frente a las rutas más expuestas próximas a Rusia y Ucrania, aunque buena parte del recorrido seguía transcurriendo fuera de sus aguas territoriales.
Esa relativa sensación de seguridad empezó a erosionarse en septiembre de 2024, cuando un mercante que transportaba grano ucraniano hacia Egipto fue alcanzado dentro de la zona económica exclusiva rumana. A finales de 2025, Ucrania dio otro paso al atacar con drones navales a los petroleros Kairos y Virat, dos buques sancionados vinculados a la denominada flota oscura rusa que se dirigían hacia Novorossiysk para cargar petróleo.
Rusia y Ucrania amplían los objetivos navales
La escalada se ha acelerado durante 2026. En mayo, tres petroleros fueron atacados con drones cerca de la costa turca y, prácticamente al mismo tiempo, Ucrania denunció ataques rusos contra tres mercantes de bandera extranjera que utilizaban su corredor marítimo.
La creciente inseguridad responde a una escalada protagonizada por ambos contendientes. Rusia ha ampliado sus ataques contra los puertos ucranianos y los mercantes que utiliza Kiev para mantener abiertas sus exportaciones y recibir suministros. El 5 de octubre,el Ministerio de Defensa ruso reconoció haber atacado directamente dos cargueros en el mar Negro, asegurando que transportaban material militar.
Ucrania, por su parte, ha convertido los petroleros utilizados para exportar hidrocarburos rusos en objetivos de su campaña contra los ingresos energéticos de Moscú. Los ataques contra la flota oscura han llevado la guerra contra la infraestructura económica rusa más allá de puertos y terminales, alcanzando directamente buques comerciales que Kiev considera parte del esfuerzo financiero y logístico de su adversario.
Esta evolución hace cada vez más difícil separar la actividad económica de la guerra naval. Para Rusia, un mercante que transporta suministros hacia Ucrania puede convertirse en un objetivo militar. Para Kiev, un petrolero sancionado que permite mantener las exportaciones rusas puede formar parte de la infraestructura que sostiene la guerra.
La Organización Marítima Internacional advertía en septiembre de que los ataques contra mercantes en el mar Negro procedían de más de uno de los contendientes y reclamó a todas las partes que evitaran poner en peligro a las tripulaciones civiles.
Los incidentes frente a Bulgaria añaden una dimensión jurídica y política. Una zona económica exclusiva (ZEE) no equivale a las aguas territoriales de un Estado. Bulgaria conserva allí derechos sobre los recursos y determinadas actividades económicas, pero la navegación internacional mantiene su libertad de tránsito. Por ello, que un mercante sea atacado dentro de la ZEE búlgara no convierte automáticamente el incidente en un ataque contra territorio búlgaro o contra la OTAN.
Hasta ahora, Bulgaria había sufrido sobre todo consecuencias indirectas de la guerra naval, desde minas y drones a la deriva hasta un mayor riesgo para las rutas comerciales. El ataque directo contra dos mercantes dentro de su zona económica supone un paso adicional en esa dinámica.
La navegación comercial lleva expuesta a la guerra del mar Negro desde 2022, pero la presión sobre los mercantes se ha intensificado y extendido progresivamente. Rusia y Ucrania han ampliado sus campañas contra la logística y la economía del adversario, reduciendo los espacios relativamente seguros para el tráfico civil. Los ataques frente a Bulgaria encajan así en una tendencia más amplia que reduce los espacios relativamente seguros para la navegación comercial.
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