
21 de febrero de 1976. Reunidos en Brasilia, Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos, y Antônio Francisco Azeredo da Silveira, ministro de Exteriores de Brasil, firmaron un memorando de entendimiento que establecía consultas semestrales entre ambos gobiernos.
De aquel gesto, aparentemente modesto, emanaba una declaración geopolítica de enormes proporciones: Washington reconocía a Brasilia como un interlocutor privileg
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