
“Hoy anunciamos el fin de la misión de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) y, con plena responsabilidad, su disolución como fuerza militar”. Con estas palabras, pronunciadas el 25 de agosto, el comandante de las SDF, Mazloum Abdi, comunicaba desde el Palacio del Pueblo de Damasco el fin de la organización –tras once años de existencia– y su integración en las estructuras de las Fuerzas Armadas sirias.
De este modo, se cumple una de las grandes disposiciones de los acuerdos firmados el 29 de enero, profundizando en el proceso de transición iniciado en Siria tras el derrocamiento de Bashar al Asad y culminando la trayectoria de una de las principales estructuras político-militares surgidas durante más de una década de guerra civil.
Con una fuerza estimada de entre 50.000 y 80.000 combatientes, los antiguos miembros de las SDF pasarán a integrarse en el Ejército sirio a través de la creación de cuatro nuevas brigadas: Hasaka, Qamishli, Derik y Kobane. Con ello, consiguen mantener parte de su estructura organizativa, pero siempre bajo la autoridad del Estado sirio.
Al mismo tiempo, la fuerza de seguridad interna y policial de los territorios de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), bautizada como la Asayish, pasará a depender directamente del Ministerio del Interior.
A su vez, parte de la cúpula de las SDF ocupará cargos de relevancia en el Gobierno, siguiendo el ejemplo del comandante kurdo Sipan Hamo, quien, en marzo de 2026, fue nombrado viceministro de Defensa para las regiones orientales. El caso más relevante lo representa el propio Abdi, quien ha sido nombrado asesor presidencial sin que por el momento se hayan concretado sus funciones.
Uno de los interrogantes que esta integración deja sin resolver es el del futuro de las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ). Estas adquirieron una enorme relevancia en la lucha contra el Estado Islámico y se convirtieron en uno de los mayores símbolos de la administración autónoma kurda.
Sin embargo, el Gobierno islamista de Damasco ha rechazado hasta ahora la existencia de una unidad formada íntegramente por mujeres dentro del Ejército. A pesar de ello, las negociaciones siguen en curso y desde las YPJ han afirmado estar dispuestas a adherirse como “una unidad antiterrorista autónoma dentro del Ministerio del Interior”.
Formadas en 2015 en plena guerra civil, las SDF se erigieron pronto como las protagonistas de la lucha contra el Daesh, logrando, con el apoyo de Estados Unidos, la conquista de Raqqa en 2017 y el final de su control territorial en 2019.
Creada como una coalición de milicias de los distintos grupos étnicos que integraban la AANES –kurdos, árabes, asirios, etcétera– su importancia trascendió la lucha contra el Estado Islámico y la protección de la población de este territorio, convirtiéndose en el sostén militar de la administración autónoma y del proyecto político revolucionario que esta llevó a cabo.
Con la salida de al Asad, la nueva autoridad central puso el fin de la autonomía kurda entre sus principales objetivos. En marzo de 2025, Damasco y las SDF alcanzaron un primer acuerdo para integrar las estructuras militares y civiles del noreste en el Estado sirio.
La falta de avances y el mantenimiento de estructuras de poder separadas hicieron que las negociaciones se prolongaran durante meses, hasta que los enfrentamientos de enero de 2026 desembocaron en nuevos acuerdos para acelerar e imponer la fusión. Desde entonces, el Estado sirio ha ido desplegando sus fuerzas en las principales ciudades, culminando el proceso con el reciente anuncio de disolución.
El proyecto centralizador de Siria
Este proceso de integración no se limita únicamente a los combatientes de las SDF, sino que abarca el conjunto de la administración política y militar de los territorios de mayoría kurda que formaban parte de la AANES.
Desde la ofensiva militar de enero, el Gobierno sirio liderado por Ahmed al Sharaa ha ido asumiendo progresivamente el control de la mayoría de las competencias de la AANES y de la infraestructura estratégica que durante más de una década estuvo en sus manos. Entre otros, durante los últimos meses, el Estado ha pasado a gestionar los puestos fronterizos, aeropuertos, cárceles o yacimientos de hidrocarburos.
De esta forma, la integración de las SDF supone también la desaparición de buena parte de los instrumentos que permitían a las autoridades kurdas ejercer un poder autónomo sobre el territorio. Si bien conservan parte de sus estructuras y obtienen compromisos sobre sus derechos culturales y políticos, renuncian al principal activo que sostenía su poder.
Asimismo, supone una nueva victoria política para el proyecto centralizador de Damasco, recuperando el control de las fronteras, los recursos y las instituciones del noreste, y logrando integrar bajo su mando a las fuerzas que durante años habían administrado la región de forma independiente.
Paralelamente a la disolución de las estructuras autónomas, Damasco y las autoridades kurdas mantienen abiertas las negociaciones sobre otros aspectos, como los derechos culturales y políticos de esta comunidad.
Uno de los avances se ha producido en torno al idioma, con la aprobación de un decreto que reconoce el kurdo como lengua nacional –que no oficial– y garantiza su enseñanza en las zonas con una importante presencia kurda.
Por otro lado, algunos refugiados expulsados por las distintas ofensivas de los últimos años de Turquía y grupos afines en territorios como Afrin han empezado a regresar a sus hogares. A pesar de ello, muchos otros asuntos –como la representación política de los kurdos en la administración central o la gobernabilidad local– siguen sin resolverse, por lo que se esperan duras semanas de negociaciones.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







