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Ali Taher y los límites de la contención estratégica en Líbano

La batalla por Ali Taher pone a prueba los límites de la contención entre Israel, Hezbolá e Irán en el sur de Líbano.
La batalla por Ali Taher pone a prueba los límites de la contención entre Israel, Hezbolá e Irán en el sur de Líbano. Fuente: FDI

El 3 de septiembre de 2026, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaban públicamente que habían "terminado de limpiar las infraestructuras subterráneas de Hezbolá en la cresta de Ali Taher". Esta estratégica colina ha sido el principal objetivo de las operaciones israelíes durante los últimos dos meses. 

Sin embargo, varios reportes sobre el terreno afirman que no se ha podido ver el habitual despliegue militar y logístico que suele acompañar a la toma de una posición por parte de las FDI. Lo que es más: durante la noche del 3 al 4 de septiembre, las fuerzas aéreas israelíes bombardearon la colina. Por su parte, Hezbolá no ha emitido aun ningún comunicado al respecto. 

Estos hechos apuntan a que lo más probable es que las FDI no dispongan aun de un control territorial efectivo y asentado en la zona. El anuncio, pues, supone un claro ejemplo de la propaganda de guerra sionista, que en este caso cumple el doble objetivo de poner a prueba el delicado balance en que se encuentra la guerra regional. 

Desde que se reactivó el frente libanés a principios de marzo de 2026, Ali Taher ha sido un objetivo recurrente de los ataques israelíes, algunos de los cuales han usado fósforo blanco. Su importancia estratégica reside en su cercanía a la ciudad de Nabatiye, uno de los mayores núcleos urbanos del sur libanés. 

La toma de esta colina facilitaría la estrategia sionista de limpieza étnica del sur de Líbano, que pasa por atemorizar a los habitantes de Nabatiye. Durante los últimos meses, y como en tantas otras poblaciones libanesas, sus residentes habían ido progresivamente regresando a sus casas, fenómeno favorecido por la situación de relativa calma tras la firma del alto al fuego en abril de este año. 

Desde el punto de vista militar, la colina es relevante porque alberga un importante nodo logístico para las operaciones de Hezbolá. Localizada a unos 600 metros por encima del nivel del mar, se cree que puede haber sido uno de los principales puntos de lanzamiento de los drones y misiles contra el norte de Israel. La colina también supone un punto de conexión con las bases de Hezbolá más al norte, particularmente aquellas situadas en el valle del Bekaa. 

El acuerdo tripartito no frena a Israel

Pese a su relevancia táctica y estratégica, el asedio israelí sobre Ali Taher supone tan solo un frente más del avance sistemático de las FDI en el sur de Líbano. Desde principios de marzo, las fuerzas sionistas han aumentado cuantitativa y cualitativamente su régimen de ocupación. Prueba de ello fue su toma, a principios de junio, del castillo de Beaufort.

Actualmente, se estima que controlan entre 600 y 700 kilómetros cuadrados del territorio libanés –adentrándose hasta 12 kilómetros de la frontera–, donde han establecido siete nuevas bases militares, construido alrededor de 30 kilómetros de carreteras logísticas para sus operaciones, y destruido decenas de poblaciones enteras. 

La invasión israelí se extiende al norte de los límites de la "línea amarilla", una frontera marcada por las propias autoridades hebreas que debía delimitar la llamada "zona de amortiguación" bajo su control. 

Las fuerzas sionistas cruzan rutinariamente y en varios puntos los límites de esta "línea amarilla", sin oposición alguna de las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL), que simplemente reposicionan sus puntos de control, adaptándose a la realidad dictada por las FDI. Estas penetraciones resultan en el desplazamiento de la población, que ve desde la distancia como sus pueblos son destruidos por los buldóceres israelíes. 

Para ampliar: Los cruzados sionistas conquistan el castillo de Beaufort… otra vez

Este tipo de incursiones no necesitan del establecimiento de una presencia militar permanente para forzar el desalojo de una determinada población. La inseguridad e incerteza son suficientes para forzar la expansión de facto de la "línea amarilla", que se encuentra en permanente transformación. 

La firma del marco tripartito entre Estados Unidos, Israel y el Estado libanés a finales del pasado mes de junio no supone ningún impedimento para que la expansión de la ocupación hebrea. De hecho, este acuerdo –en línea con el alto al fuego alcanzado en abril– no busca el cese de las hostilidades, sino una mayor integración y colaboracionismo de Beirut con los objetivos y la línea de actuación israelí-estadounidense. 

Esto queda reflejado en el funcionamiento de las llamadas zonas piloto establecidas por el marco tripartito. Sobre el papel, el acuerdo preveía una transferencia progresiva del control de determinadas zonas bajo ocupación israelí a las FAL. Este traspaso quedaba condicionado a la previa "confirmación del éxito del desarme de los grupos armados no estatales y del desmantelamiento de su infraestructura en estas zonas".

Pero, en la práctica, las dos zonas escogidas para esta progresiva transferencia del mando quedaban en su gran totalidad fuera de los límites de la "línea amarilla" fijada por Israel. El resultado, si no fuera por el contexto, sería cómico: las FDI se comprometían a transferir el mando y retirarse de zonas que no estaban bajo su dominio. 

Además, parece que la expansión de estas zonas piloto –una reiterada petición del gobierno libanés– está lejos de producirse. Así pues, los avances reales del acuerdo tripartito se limitan a gestos limitados como la repatriación de ciudadanos libaneses capturados por la ocupación israelí. 

Las implicaciones de la toma de Ali Taher 

La reactivación de este frente a principios de marzo se produjo en el marco de la guerra regional iniciada con la agresión israelí-estadounidense a Irán. Estos últimos dos meses, Israel ha aprovechado el punto muerto que atraviesan las negociaciones entre la Casa Blanca y la República Islámica para avanzar sus intereses en Líbano. 

Las violaciones del alto al fuego israelí han encontrado una respuesta de Hezbolá más limitada que al principio de la reactivación del frente. Se han dado acciones tácticas puntuales –sobre todo en determinados puntos clave como es la colina de Ali Taher–, pero no se ha recurrido al lanzamiento de drones y misiles sobre territorio hebreo.  

Esto no supone una rendición por parte de la milicia chiita, que tampoco ha aceptado negociar directamente con Washington. Más bien responde a un patrón de contención estratégica: Hezbolá parece dispuesto a absorber buena parte de la presión militar israelí mientras espera que se clarifique el equilibrio regional, evitando así ofrecer a Tel Aviv un pretexto para lanzar una ofensiva a gran escala.

Al mismo tiempo, mantiene cierta capacidad de respuesta sobre el terreno y señala aquellos movimientos que considera susceptibles de provocar una nueva escalada. Ali Taher parece haberse convertido precisamente en uno de esos límites.

Según afirmaron a Reuters tres oficiales iraníes, Teherán transmitió a Washington, a través de Omán, que respondería contundentemente a una ofensiva israelí a gran escala sobre la colina. Dos de estas fuentes aseguraron, además, que en el complejo se encuentran más de una decena de miembros de la Guardia Revolucionaria iraní, entre ellos al menos dos oficiales de alto rango. 

Mapa en el que se ubican el castillo de Beaufort, la colina de Ali Taher y la ciudad de Nabatiye.
Mapa en el que se ubican el castillo de Beaufort, la colina de Ali Taher y la ciudad de Nabatiye.

El equilibrio, por tanto, sigue siendo extremadamente frágil. Hezbolá ha advertido que una ofensiva israelí a gran escala sobre Ali Taher supondría el regreso a una guerra abierta y podría comportar nuevamente el lanzamiento de misiles contra poblaciones del norte de Israel.

Hasta ahora, sin embargo, las respuestas de la organización se han mantenido fundamentalmente circunscritas al escenario local: en las últimas semanas las propias FDI han atribuido a Hezbolá varios ataques con drones explosivos contra sus tropas en las inmediaciones de la colina.

En este contexto, el anuncio israelí de que ha tomado Ali Taher puede entenderse también como un test de hasta dónde están dispuestos a llegar Hezbolá e Irán en defensa de esta posición y, de manera más amplia, de los límites del delicado equilibrio de fuerzas que sostiene la actual pausa estratégica.

Proclamar públicamente la caída de la colina permite a Israel elevar la presión sin necesidad de haber consolidado necesariamente su control efectivo sobre el terreno: obliga a sus adversarios a decidir si aceptan el nuevo hecho consumado o si responden y se arriesgan a desencadenar una escalada mayor.

A ello se añade el calendario político israelí. Las próximas elecciones legislativas se celebrarán el 27 de octubre, en un contexto en el que las encuestas apuntan a dificultades para la coalición encabezada por Benjamin Netanyahu. Una victoria militar de alto valor simbólico como la toma de Ali Taher podría, por tanto, ser presentada por el sector oficialista como un nuevo éxito de su estrategia regional y convertirse en un importante trofeo electoral. 

De ahí que la importancia de Ali Taher trascienda ampliamente el valor militar de la propia colina. Lo que está en juego no es únicamente el control de una posición estratégica en las inmediaciones de Nabatiye, sino hasta dónde puede avanzar Israel sobre territorio libanés sin provocar una respuesta de Hezbolá y, sobre todo, de Irán. 

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