
Tras cuatro años de mandato del conservador Moderaterna, liderados por el primer ministro Ulf Kristersson, la derecha podría estar cerca de perder el gobierno en las próximas elecciones en Suecia.
La alianza de los moderados con los demócratas cristianos y los liberales, apoyada desde afuera por la extrema derecha de Sverigedemokraterna, ha logrado sostenerse hasta el final, pero afronta unos comicios complicados.
La oposición, liderada por los socialdemócratas, y en la cual también se ubica la izquierda, los centristas y los verdes, ve con cautela unas encuestas que, pese a mostrar cambios muy modestos en su favor, apuntan a un futuro gobierno liderado por Magdalena Andersson.
Un tablero que se mueve muy poco
Las encuestas en Suecia anticipan un escenario francamente similar al de 2022. Socialdemokraterna, con cerca de un 30%, sería la primera fuerza; Sverigedemokraterna, segunda con un 19%; Moderaterna, tercera con un 18%… y, muy por detrás, cuatro partidos en torno al 7%: la izquierda de Vänsterpartiet, el centro de Centerpartiet, los verdes de Miljöpartiet y el centro-derecha de Kristdemokraterna.
De darse estos resultados, la diferencia estrictamente numérica con respecto a 2022 sería mínima. La socialdemocracia se mantendría en los 30 puntos, la extrema derecha perdería apenas un punto y los moderados también. La izquierda y los centristas estarían en los mismos dígitos. Los demócrata-cristianos y los verdes escalarían uno o dos puntos porcentuales.
En otras palabras: el resultado sería casi idéntico al que ofrecieron las urnas hace apenas cuatro años, por lo que a priori la derecha debería tener opciones de revalidar la frágil –pero suficiente– mayoría en el poder legislativo.
Sin embargo, las proyecciones que convierten la estimación de voto en estimación de escaños muestran una imagen profundamente distinta. Según PolitPro, el bloque del centro-izquierda y la izquierda capitalizaría un crecimiento combinado de tres puntos porcentuales logrando hasta 15 representantes extra.

Considerando que la mayoría absoluta está fijada en 175 y que en el parlamento actual la suma de socialdemócratas (106), Vänsterpartiet (21) y Miljöpartiet (18) alcanza los 145, el salto hasta los 160 es muy considerable. Si a ello se añaden los 26 diputados que lograría el Centerpartiet, hoy opositor a Kristersson, el hipotético bloque que sostendría un gobierno de Magdalena Andersson debería superar con holgura los 175.
Al contrario ocurre con el bloque del centro-derecha, la derecha y la extrema derecha. Apenas pierden, según la estimación, tres puntos porcentuales –uno corresponde a Sverigedemokraterna, otro a los moderados y dos a los liberales, mientras que los demócrata-cristianos recuperan algo más de un punto–, pero semejante cambio les supone una pérdida de 17 escaños en conjunto.
De confirmarse estas estimaciones, solo un viraje inesperado de los centristas daría opciones a la derecha de conservar el poder. La izquierda, como bloque, sumaría más o menos lo mismo que la derecha, sin que ninguno alcance por sí mismo la mayoría absoluta.
Pero Centerpartiet, con la llave del gobierno en su mano, probablemente se decante por un gabinete socialdemócrata para impedir que Sverigedemokraterna pueda seguir influyendo, desde fuera, en la agenda de los moderados.
El 4% que definiría las elecciones en Suecia
La cuestión de fondo es si la derecha tiene margen de maniobra para recuperar la mayoría absoluta sin contar con los centristas. Y la respuesta más clara es que no, salvo que los liberales recuperen un caudal electoral que ninguna encuesta les está otorgando.
De hecho, la caída del bloque oficialista en lo que a escaños refiere se explica, casi únicamente, por el descenso de Liberalerna y por un formalismo que condena tanto a este partido como al resto de los que conforman o apoyan el gobierno de Kristersson: el suelo del 4%.
Todas las encuestas en Suecia afirman que los liberales, liderados por Simona Mohamsson, no alcanzarán el 4% que exige el sistema electoral para obtener algún diputado. De hecho, algunas sitúan al partido por debajo incluso del 2%.
Si esta previsión se cumple, podrá afirmarse que habrá sido la debacle liberal el principal vector de la “derrota” del bloque oficialista y el principal posibilitador de la “victoria” del bloque opositor. En 2022, los liberales lograron 16 escaños con un 4,6%. Si en 2026 obtuvieran un improbable 4,00%, seguramente conseguirían entre 12 y 15. Con un 3,99% o menos, cosecharían cero.
El problema para el oficialismo es que, mientras el resto de fuerzas políticas crecen o decrecen ligeramente, de forma proporcional a su auge o declive en votos, uno de los tres partidos que conforman el gabinete de Kristersson pierde la totalidad de sus escaños.
Evidentemente, teniendo en cuenta los estrechos márgenes que decantaron las elecciones de 2022 –el bloque de gobierno más la extrema derecha sumaron 176 escaños, apenas uno por encima de la mayoría absoluta–, incluso si Liberalerna lograse alcanzar el 4%, sería probable que el oficialismo no pudiera formar gabinete por sí solo y necesitase negociar con los centristas.
Pero, también evidentemente, para Kristersson y para la extrema derecha sería más fácil negociar con una cifra de entre 170 y 174 representantes, más de una decena por encima de la socialdemocracia, la izquierda y los verdes.
Cuesta pensar que, en torno a los 160 diputados, y con su partido más moderado –los liberales– fuera de la ecuación, puedan seducir a unos centristas que durante cuatro años han compartido oposición con la izquierda y la socialdemocracia. Muy en particular si el leve –pero innegable– crecimiento de la izquierda en las elecciones en Suecia se confirma.
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