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La Unión Europea aprueba su 21º paquete de sanciones contra Rusia

El 21º paquete de sanciones de la Unión Europea refuerza la presión sobre Rusia, aunque Moscú mantiene su estrategia en Ucrania.
El 21º paquete de sanciones de la Unión Europea refuerza la presión sobre Rusia, aunque Moscú mantiene su estrategia en Ucrania. Fuente: Depositphoto

La Unión Europea ha aprobado su 21.º paquete de sanciones contra Rusia tras superar semanas de negociaciones entre los Estados miembro. El acuerdo fue posible después de que Grecia levantara su veto a cambio de una excepción que permitirá a empresas europeas, entre ellas navieras griegas, seguir transportando gas natural licuado (GNL) ruso hacia países no pertenecientes al club comunitario en virtud de contratos anteriores a 2022. 

El compromiso alcanzado prevé que esta excepción tenga una duración inicial de un año, sea revisable anualmente y vaya acompañada de una congelación durante 12 meses de cualquier modificación del límite de precio del petróleo ruso acordado por el G7.

El paquete mantiene el tope al precio del petróleo ruso en 44 dólares por barril durante otro año y amplía las sanciones a nuevos buques de la denominada “flota fantasma”, así como a bancos rusos, plataformas vinculadas al comercio de petróleo y criptoactivos, determinados sectores relacionados con los metales y más de 250 personas y entidades adicionales.

Las negociaciones estuvieron marcadas por las demandas de distintos Estados miembro para proteger intereses nacionales específicos. Uno de los debates más relevantes giró en torno al sector marítimo griego y al transporte de GNL ruso hacia terceros países. 

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Asimismo, Austria retrasó durante semanas las conversaciones por su interés en que Raiffeisen Bank International pudiera acceder a activos rusos congelados para compensar pérdidas derivadas de reclamaciones legales en Rusia. Finalmente, esta cuestión no se incorporó como medida operativa y quedó reflejada únicamente en el texto legal para su eventual revisión posterior.

El texto definitivo también incorpora varias modificaciones respecto a la propuesta inicial presentada por la Comisión Europea. Entre las medidas que quedaron descartadas figura la eliminación progresiva de las importaciones de pescado ruso, una iniciativa que encontró resistencia por parte de Alemania, Polonia y Portugal.

Del mismo modo, el Patriarca Kirill, líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa, fue excluido de la lista de sanciones tras las objeciones planteadas por Bulgaria. También fue retirado de la lista Vagit Alekperov, fundador de Lukoil.

Por otro lado, la propuesta impulsada por algunos Estados bálticos para restringir la entrada de militares rusos en la Unión Europea fue considerablemente limitada durante las negociaciones. La medida final reduce su alcance a los visados de corta duración y restringe su aplicación a personas directamente implicadas en operaciones militares o de combate.

La estrategia de presión contra Rusia

La aprobación de este nuevo paquete de sanciones se produce en un momento en que Ucrania mantiene una estrategia orientada a aumentar la presión sobre Rusia mediante una campaña de cuarenta días de ataques contra objetivos en territorio ruso.

Según el planteamiento de Kiev, estas acciones buscan generar costes internos para Moscú y provocar concesiones en una eventual negociación como consecuencia del impacto que los ataques pueden tener sobre la población civil y sobre infraestructuras económicas y logísticas, incluyendo almacenes, refinerías y distintos núcleos urbanos.

Esta lógica de presión también parece estar presente en la estrategia europea. La adopción de nuevos paquetes de sanciones responde a la expectativa de que un aumento sostenido de los costes económicos y políticos para Rusia contribuya a crear condiciones más favorables para Ucrania y para los intereses europeos en una futura negociación.

Sin embargo, hasta el momento la respuesta de Moscú ha seguido una dirección distinta. Lejos de moderar su actuación, Rusia ha intensificado sus ataques contra Ucrania, no solo contra infraestructuras energéticas y logísticas, sino también contra ciudades como Kiev. Asimismo, ha incrementado la presión sobre las infraestructuras portuarias y el tráfico marítimo ucraniano. 

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En particular, ha desarrollado una campaña contra puertos y embarcaciones que ha provocado una presión muy contundente sobre las exportaciones marítimas de grano de Ucrania.

Esta actuación puede interpretarse como una respuesta a los ataques ucranianos dirigidos contra la denominada flota fantasma de petroleros utilizada por Rusia para mantener parte de sus ventas energéticas al margen de las sanciones occidentales.

En paralelo, circulan especulaciones sobre la posibilidad de una nueva movilización rusa de cara al mes de septiembre. Además, el Kremlin ha dejado entrever que la estrategia impulsada por Kiev y respaldada por Occidente no ha suavizado su posición negociadora.

Por el contrario, desde la perspectiva rusa, esta presión habría contribuido a endurecer las condiciones que Moscú estaría dispuesta a aceptar en una eventual negociación, lo que genera dudas sobre la eficacia de este planteamiento para acercar una solución negociada al conflicto.

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