
Durante décadas, Alemania ha sido considerada el gran motor económico europeo, primero gracias al “milagro económico” de posguerra y después por la consolidación de su modelo exportador tras la reunificación, la ampliación europea hacia el este y el auge de la globalización industrial.
Su industria ha dominado sectores estratégicos como la automoción, la maquinaria industrial o la química avanzada, mientras sus productos de alto valor añadido eran presentados con frecuencia como ejemplo de competitividad, estabilidad y eficiencia.
El éxito del modelo alemán durante las últimas décadas, sin embargo, no se puede entender por completo sin reconocer que se consolidó en torno a un entorno i
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