
Las recientes crisis en Oriente Medio han devuelto los grandes cuellos de botella marítimos al centro del debate público. Las tensiones en el mar Rojo, Bab el-Mandeb y el estrecho de Ormuz han puesto de relieve hasta qué punto la economía global continúa dependiendo de unos pocos corredores vulnerables, cuya alteración puede desviar rutas, encarecer intercambios y complicar el acceso a recursos estratégicos.
Pero la competición no se libra solo en esos corredores naturales. La rivalidad entre potencias también se está desplazando hacia las infraestructuras que sostienen el comercio marítimo, desde puertos, terminales y astilleros hasta grúas, flotas mercantes y redes logísticas.
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