
José Jerí accedió a la presidencia de Perú en octubre de 2025 tras la destitución de Dina Boluarte. Si bien el mandato de Jerí debía ser corto, pues tenía la premisa de sostenerse hasta la celebración de las elecciones presidenciales de abril de 2026, semejante brevedad no estaba en los planes. Apenas ocho meses ha tardado el Congreso peruano en destituirle, no esperando siquiera hasta los inminentes comicios.
Jerí llegó a la presidencia por una vía igualmente frágil, puesto que era presidente del Congreso cuando esta misma Cámara votó a favor de terminar el mandato de Dina Boluarte, llegada asimismo tras otro movimiento destituyente del poder legislativo.
Desde que accedió al cargo, José Jerí había sufrido hasta siete mociones de censura sobre la base de conductas inapropiadas en el ejercicio de la presidencia de la república.
El Congreso nombró a José María Balcázar como su sucesor. El integrante de Perú Libre, el partido del expresidente Pedro Castillo, deberá aguantar en el cargo hasta el 28 de julio, fecha en la que está establecido que asuma su mandato el ganador de las elecciones presidenciales próximas.
Pese a su pertenencia a Perú Libre, Balcázar ha advertido que no indultará a Pedro Castillo, quien fuera el último presidente electo en las urnas en 2021 y que fue destituido un año después.
Antes de su designación, varios nombres se postularon como posibles aspirantes al cargo. No obstante, el perfil de Balcázar, una figura con cierto peso en Perú Libre y contrario al indulto de Castillo, encajó con los intereses de buena parte de los legisladores, cuyo foco está puesto en las elecciones presidenciales.
Según la mayoría de las encuestas, habrá una segunda vuelta en la que, aparentemente, solo tendría casi asegurada una plaza el exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, del bloque ultraderechista Renovación Popular.
Las elecciones en Perú
De fondo, influyendo inevitablemente en los ademanes de un poder legislativo particularmente poderoso –esa es, de hecho, la gran excepcionalidad de Perú entre los sistemas políticos latinoamericanos–, se encuentran las elecciones presidenciales. Y, aunque no aparece en primera posición en las encuestas, sí merece quizá la pena mencionar como primera contendiente a Keiko Fujimori.
En esta ocasión, la extrema derecha peruana cuenta con dos nombres propios destacados y, una vez más, el fujimorismo tendrá representante en los comicios presidenciales.
Nuevamente será Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, quien se postule. Lo hizo en 2011, en 2016 y en 2021; en las tres ocasiones quedó segunda y, en las últimas dos, se quedó a menos de un punto porcentual de alzarse con la victoria en el ballotage.
Rafael López Aliaga, el exalcalde de Lima y representante local de la ola de derecha radical que atraviesa América Latina, parte en cabeza según todas las encuestas.
Bajo el paraguas de Renovación Popular, López Aliaga es probablemente el único nombre propio que tiene prácticamente asegurada una plaza en la segunda vuelta de unas elecciones que, fieles al dibujo existente en el poder legislativo, cuentan con un gran número de potenciales candidatos.
En realidad, las elecciones generales peruanas de 2026 tienen varios elefantes en la habitación, si bien quizá el más relevante es el retorno al bicamerialismo, eliminado en la Constitución fujimorista del año 1993. Con una Cámara de Diputados con 130 miembros y un Senado con 60, el nuevo diseño de circunscripciones facilita al fujimorismo obtener mayorías en el poder legislativo.
La izquierda peruana, por su parte, irrumpe en este escenario gravemente debilitada tras la destitución de Pedro Castillo y la eficaz estrategia desplegada por la derecha y la extrema derecha para cooptar a diputados de Perú Libre y vaciar de contenido ideológico a ese espacio político.
De hecho, el bloque de Perú Libre ha operado en la práctica en alianza con el fujimorismo desde la destitución de Castillo. A su vez, buena parte de los potenciales candidatos de la izquierda peruana se encuentran proscritos.
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