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Cuba, entre el petróleo venezolano y el embargo estadounidense

La relación entre Cuba y Venezuela está marcada por la dependencia energética de La Habana y por la presión estadounidense contra ambos.
La relación entre Cuba y Venezuela está marcada por la dependencia energética de La Habana y por la presión estadounidense contra ambos. Fuente: Depositphotos

La relación entre Cuba y Venezuela ha estado definida durante muchos años por el petróleo. Este recurso ha funcionado no solo como un vínculo económico, sino como un eje estratégico que ha condicionado la supervivencia del Estado cubano y la orientación política del Estado venezolano.

En este contexto, el reciente secuestro del presidente Nicolás Maduro constituye un punto de inflexión que trasciende el ámbito nacional y proyecta efectos directos sobre La Habana.

Petróleo por médicos

Durante años, la economía cubana ha dependido de suministros energéticos externos para sostener su infraestructura productiva, su sistema eléctrico y su transporte. En el pasado, esa función fue cumplida por la Unión Soviética mediante acuerdos de intercambio que colapsaron con la desarticulación del proyecto socialista.

A partir del año 2000, Venezuela asumió ese rol a través de un esquema de cooperación basado en el suministro de petróleo a cambio de servicios, especialmente médicos y educativos. Este acuerdo permitió a Cuba cubrir prácticamente la totalidad de sus necesidades energéticas durante un periodo bastante prolongado.

Entre 2007 y 2015, Caracas llegó a enviar hasta 100.000 barriles diarios de crudo a la isla. Sin embargo, el deterioro progresivo de la producción petrolera venezolana redujo ese volumen de forma sostenida hasta situarlo en torno a los 35.000 barriles diarios.

Esta disminución tuvo un impacto directo sobre la economía cubana, ya tensionada por una infraestructura atrasada y, fundamentalmente, por el embargo que Estados Unidos le impone desde hace décadas.

Para ampliar: El juicio contra Nicolás Maduro en Estados Unidos

El problema energético cubano no se limita meramente a la escasez de electricidad o combustible, sino a la contracción de otros pilares económicos como consecuencia de dicha escasez.

El turismo, históricamente una de las principales fuentes de divisas de la isla, ha experimentado un descenso significativo en los últimos años, sin lograr recuperar los niveles previos a la pandemia. De forma paralela, sectores tradicionales de exportación, como el azúcar y el tabaco, se han visto gravemente afectados.

En este marco de fragilidad estructural, la posibilidad de una interrupción total del suministro petrolero venezolano adquiere una dimensión crítica. La suspensión de esos envíos agravaría los apagones y la escasez de combustible, además de comprometer la capacidad del Estado cubano para mantener el transporte o la actividad industrial.

El escenario resultante no sería únicamente una crisis energética, sino probablemente un colapso sistémico de amplias áreas de la economía. Esta dependencia cubana de Venezuela no puede entenderse sin atender a la dimensión política y de seguridad de la relación bilateral.

Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1998, ambos países consolidaron una alianza que fue más allá de la cooperación social. Junto al intercambio visible de recursos y servicios, se desarrolló una colaboración menos explícita en materia de control político, inteligencia y seguridad.

Cuba y Venezuela, en la mira de Estados Unidos

Cuba aportó su experiencia en la gestión del poder, mientras Venezuela garantizaba el flujo energético necesario para la supervivencia del sistema cubano tras la desaparición del apoyo soviético.

Esta convergencia de intereses es fruto de dos agresiones paralelas: de un lado, el aislacionismo económico que Estados Unidos ha impuesto sobre Cuba, que ha limitado ostensiblemente la capacidad de La Habana de acceder a mercados energéticos globales.

Del otro lado, la injerencia política sostenida de Washington en Venezuela, que ha empujado al chavismo a reforzar la seguridad en torno a administraciones y personalidades de gran proyección pública. 

Para ampliar: El embargo contra Cuba, clave en la política estadounidense

Esta relación alcanzó un grado inédito de integración cuando la seguridad personal del liderazgo venezolano pasó a estar protegida por agentes cubanos. La muerte de oficiales cubanos durante la operación militar estadounidense que culminó con el secuestro de Maduro evidenció la existencia de una estructura de seguridad paralela cubana.

La actual coyuntura redefine radicalmente el margen de maniobra de Cuba. Sin el petróleo venezolano como fuente automática de apoyo y con un sector turístico en declive, la economía de la isla enfrenta un déficit externo crítico.

La presión ejercida por el control estadounidense sobre las exportaciones de crudo venezolano intensifica esta situación y sitúa a Cuba en un punto de inflexión que pone en cuestión su capacidad de sostener el modelo vigente, especialmente considerando el peso político e histórico que el secretario de Estado Marco Rubio concede a la operación de acoso y derribo contra la isla.

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