
El día 25 de octubre de 2025, bajo el auspicio de los Estados Unidos de Donald Trump y del primer ministro malayo y presidente de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), Anwar Ibrahim, Tailandia y Camboya firmaron el llamado Acuerdo de Paz de Kuala Lumpur.
Basándose en el alto al fuego sellado el 28 de julio de 2025, ambas partes accedieron a retirar el armamento pesado de los puestos fronterizos, limpiar las áreas limítrofes de minas terrestres y aumentar la cooperación en la lucha contra la industria de las estafas online, cuyo uno de sus epicentros es precisamente la frontera camboyano-tailandesa. Asimismo, Bangkok se compromete a liberar a 18 soldados camboyanos bajo su custodia.
El acuerdo reafirma la centralidad del Comité Regional de Fronteras y la Comisión Conjunta de Límites (CJL) en la resolución de los conflictos. Las primeras tareas de ambas entidades serán la sustitución de los hitos fronterizos permanentes por unos temporales y la aceleración de los esfuerzos para la demarcación fronteriza en las zonas en disputa.
La implicación personal de Donald Trump actúa al mismo tiempo como un agravante del conflicto y como una garantía de paz. La propuesta de paz malayo-estadounidense no tiene en cuenta las causas de las tensiones estructurales entre Tailandia y Camboya. Sin embargo, el prestigio personal puesto por el mandatario norteamericano y el papel central de Estados Unidos en la política exterior de ambas naciones limitan la capacidad de los actores de romper el tratado.
Esto es especialmente remarcable en el caso de Camboya. Si bien el gobierno de Hun Manet se ha visto obligado a emitir un comunicado en el que asegura que el acuerdo no supondrá concesiones territoriales, Nom Pen se ha mostrado mucho más proclive a la negociación que Bangkok. Y en gran medida se debe a la reciente mejora de las relaciones con Washington.
El acuerdo de paz ha venido acompañado de uno comercial entre Estados Unidos y Camboya por el cual el país asiático elimina los aranceles a productos norteamericanos a cambio de que Washington no eleve las tarifas sobre los bienes camboyanos por encima del 19%.
Además, ambos países han anunciado la celebración de ejercicios militares conjuntos y un futuro aumento de las plazas en las academias militares estadounidenses para oficiales camboyanos. Se trata de todo un éxito diplomático para un país que tradicionalmente ha sido considerado como un “proxy” de China desde Occidente.
Cómo ve Tailandia el acuerdo con Camboya
Por su parte, el clima imperante en Tailandia es significativamente más derrotista. Altos funcionarios, como el ministro de Exteriores, Sihasak Phuangketkeow, han evitado referirse al pacto como un acuerdo de paz. Por el contrario, una de las medidas estrella de la administración del primer ministro Anutin Charnvirakul es celebrar un referéndum sobre los memorándums de entendimiento (MoU) 43 y 44.
El primero regula la CJL, mientras que el segundo hace lo propio con la zona de desarrollo conjunto en el golfo de Siam, una área donde ambos países explotan las reservas de petróleo y gas natural existentes. Quizás el dato más revelador sobre el referéndum es su fecha prevista de celebración: el 29 de marzo del 2026. El mismo día en que se llevarán a cabo las elecciones generales y el referéndum de reforma constitucional.
Con este movimiento, el partido gobernante, el Bhumjaithai, vincula explícitamente el conflicto con Camboya con los vaivenes de la política interna tailandesa. El nuevo gobierno tailandés se fundamenta en una alianza “antinatural”.
El Bhumjaithai –facción amarilla– es uno de los principales defensores de la monarquía y cuenta con numerosos contactos en las Reales Fuerzas Armadas de Tailandia. Por su parte, el Partido del Pueblo (PP) –facción naranja– es el mayor sustento externo del gobierno pese a ser abiertamente críticos con la poderosa casa real.
Bangkok afronta un escenario político complejo, en el que cada uno de los garantes del statu quo tiene proyectos nacionales antitéticos. De este modo, la inestabilidad interna de Tailandia puede afectar directamente a la paz en el Sudeste Asiático.
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