
La calma regresa a las calles de Indonesia. La aceptación parcial de las demandas del movimiento estudiantil y la gran diversidad regional e ideológica de los participantes en las protestas han terminado por diluir las manifestaciones. Sin embargo, dicha serenidad no se está trasladando al ambiente político. En los despachos de Yakarta, las protestas de agosto de 2025 están alimentando la ya de por sí virulenta competición intra-elitista.
La llegada al poder de Prabowo Subianto a finales de 2024 tuvo como espina dorsal el consenso. Consciente de su complicado encaje en la política indonesia actual, el presidente optó por concentrar en torno a su persona la máxima cantidad de apoyos posibles. De este modo, a su alianza con el expresidente Joko Widodo se le sumó la creación de una coalición de hasta cinco formaciones que representan dos terceras partes del legislativo.
Nacía así el gabinete “rojo y blanco” –en referencia a los colores de la bandera de Indonesia–. Se trata del ejecutivo más abultado de la historia del país: está compuesto por 49 ministros y 56 viceministros que pertenecen a una docena de fuerzas políticas diferentes.
Así, en las reuniones del gobierno de Prabowo Subianto estaban representadas una amplia gama de facciones. Los líderes de sus socios de coalición compartían habitación con perfiles tecnócratas, antiguos miembros de las fuerzas armadas y los consejeros cercanos del presidente, conocido como el “gabinete de cocina”.
Nuevas caras en el gobierno de Indonesia
En este contexto, la reciente oleada de disturbios ha venido a desbaratar el frágil equilibrio interno del gobierno. Subianto está maniobrando para reforzar su control sobre la gigantesca coalición. Cinco ministros fueron destituidos, de los cuales tres ya tienen un reemplazo definitivo. Las tres carteras más afectadas han sido el Ministerio del Interior, el Ministerio de Asuntos Religiosos y el Ministerio de Finanzas.
Las críticas a la violencia policial tras la muerte de Affan Kurniawan han conducido a la destitución de Budi Gunawan, ministro coordinador de Asuntos Políticos y de Seguridad. Como sustituto ha sido nombrado el ministro de Defensa, Sjafrie Sjamsoeddin, considerado confidente del presidente debido a su participación a las órdenes del mismo en la invasión de Timor Oriental (1975) y a su rol como guardaespaldas del general Suharto, antiguo suegro de Prabowo.
Presidencia toma el control de un puesto clave en el funcionamiento interno del Estado y, en el proceso, levanta temores acerca de la militarización de la política. El carácter castrense de la carrera de Sjamsoeddin contrasta con el perfil policial de su antecesor y sus vínculos con el Partido Democrático Indonesio-Lucha (PDI-P). Asimismo, la ausencia de represalias contra el jefe de la policía nacional, Listyo Sigit, suscitó fuertes críticas sobre la inexistencia de la rendición de cuentas.
Subianto no solo busca apoyos en los cuarteles, también pretende recabar respaldos en las mezquitas. Mochamad Irfan Yusuf ha sido designado ministro del Hajj y la Umrah, una nueva cartera creada en esta reconfiguración del gabinete. Y es que Irfan no es un religioso cualquiera. Se trata del nieto de uno de los fundadores de Nahdlatul Ulama (NU), la mayor organización islámica del mundo. Un apoyo que será necesario tras la destitución de Budi Arie Setadi, considerado como un hombre clave de Joko Widodo.
No obstante, la importancia de estas maniobras políticas palidecen frente a la destitución de la ministra de Finanzas, Sri Mulyani. Mulyani es un peso pesado de la política económica. Ha ocupado el puesto durante 13 años a través de tres administraciones diferentes.
Su despido y sustitución por Purbaya Yudhi Sadewa, quien tiene escasa experiencia administrativa, supone una pérdida significativa de la autonomía operacional de dicho ministerio frente a la presidencia. Un hecho que ha generado una reacción negativa de los mercados.
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