
Entre el 11 y el 15 de julio, la ciudad de Suwayda, de mayoría drusa y ubicada en el sur de Siria, ha sido escenario de una grave escalada de violencia sectaria que ha dejado al menos 99 muertos y más de 100 heridos.
Las hostilidades han enfrentado a milicias drusas locales contra combatientes de tribus beduinas suníes –y más tarde, contra fuerzas gubernamentales–, en medio de un contexto de tensiones históricas entre ambas comunidades y un frágil equilibrio de poder tras el derrocamiento del expresidente Bashar al-Asad en diciembre de 2024.
El origen de los choques en Suwayda
En los últimos meses han sido varios los conflictos armados esporádicos entre fuerzas sirias y grupos drusos, tanto en los suburbios drusos de Damasco como en el sur del país. En este caso, la violencia comenzó el viernes 11 de julio con el robo y agresión física a un comerciante druso en la carretera que une la capital con Suwayda, lo que degeneró en una serie de secuestros a civiles de ambas comunidades por parte de milicias armadas contrarias.
Esto desató una reacción armada que rápidamente se intensificó, con ataques de grupos beduinos a aldeas drusas en las afueras del norte y oeste de la ciudad, y duros combates en el barrio de Maqwas. A medida que los choques se intensificaban, se reportaron ataques con armas pesadas y artillería, dejando decenas de muertos, incluyendo civiles, combatientes drusos y beduinos, fuerzas de seguridad y personas aún no identificadas.
El empeoramiento de la situación generó que, el 14 de julio, las autoridades sirias decidieran intervenir. El Ministerio del Interior, en coordinación con el Ministerio de Defensa, anunció el envío de fuerzas para “imponer el orden, detener a los responsables y restablecer la seguridad”.
Aunque el primer convoy fue emboscado por grupos drusos –dejando más de 10 soldados muertos–, unidades del ejército consiguieron tomar el control de la aldea drusa de Al-Mazraa, donde también había presencia beduina, y se dirigieron hacia la capital provincial.
El martes 15 de julio, por primera vez desde la caída de al-Asad, el ejército sirio ha entrado oficialmente en la ciudad de Suwayda. Esto ha sido posible gracias a un llamado de la jerarquía espiritual drusa, que, preocupada por la escalada del conflicto, instó a los combatientes locales a deponer las armas y permitir el ingreso de las fuerzas gubernamentales.
Aunque durante varias horas se haya impuesto un toque de queda en un intento de frenar la violencia, esta situación parece estar empeorando en estos momentos, con denuncias de abusos y asesinatos por parte de fuerzas progubernamentales contra civiles drusos y de grupos drusos retomando zonas de la ciudad.
Israel vuelve a atacar Siria
Durante estos días, Israel también ha intervenido militarmente. Desde la caída de al-Asad, Tel Aviv ha estado utilizando la voluntad de proteger a la minoría drusa como punta de lanza para perseguir sus intereses en la nueva Siria, debilitar aún más al incipiente gobierno de Ahmed Al-Sharaa y expandir su control sobre los territorios aleñados a los Altos del Golán.
En este caso, una vez más, la aviación israelí ha bombardeado varios tanques y vehículos del ejército sirio que se dirigían a Suwayda, asesinando decenas de soldados. El ministro de Defensa israelí afirmó que no permitirían que se causara daño a los drusos, a quienes Israel percibe como aliados potenciales. Además, diversos líderes de la comunidad drusa en el Estado sionista han hecho llamamientos para que el ejército israelí intervenga contra Damasco de una manera más violenta, teniendo lugar incluso protestas para reclamarlo.
En estos momentos, los intensos ataques aéreos israelíes contra las fuerzas gubernamentales sirias han alterado el equilibrio en favor de los grupos drusos, obligando a la mayoría de las tropas sirias a abandonar la ciudad y replegarse hacia el perímetro exterior.
Aun así, se habría declarado una movilización general por parte de Damasco en todas las gobernaciones del país para apoyar al ejército y a las fuerzas de seguridad en Suwayda, con el envío de numerosos refuerzos. Por su parte, Estados Unidos ha pedido a Israel que cese los ataques aéreos, una solicitud que Tel Aviv habría aceptado.
La comunidad drusa en Siria
La comunidad drusa en Siria, de aproximadamente 700.000 personas, se concentra principalmente en la provincia de Suwayda y en algunos suburbios al sur de Damasco. Este grupo constituye una minoría religiosa con estructuras sociales cerradas y una fuerte identidad propia, marcada enormemente por la división poblacional que supuso la ocupación israelí de los Altos del Golán tras la guerra de los Seis Días de 1967.
Durante la guerra civil siria desarrollaron sus propias milicias de autodefensa y han mantenido una posición ambigua ante las diversas fuerzas políticas y militares del país, pero tras el derrocamiento de al-Asad, surgieron divisiones internas en la comunidad sobre si integrarse o no en el nuevo gobierno encabezado por el exlíder de Hayat Tahrir al-Sham (HTS).
Los enfrentamientos actuales son una continuación del ciclo de violencia que ya se había manifestado en abril y mayo, cuando choques entre drusos y fuerzas del gobierno dejaron decenas de muertos. En aquella ocasión, se firmaron acuerdos para reducir la tensión e integrar a los combatientes drusos al aparato estatal, pero la ausencia de un marco institucional sólido han impedido una reconciliación duradera.
Con todo ello, la situación en Suwayda y otros puntos del sur representa uno de los desafíos más delicados que enfrenta la nueva administración siria en su intento por consolidar la paz y la autoridad estatal, en un país aún profundamente fragmentado tras más de una década de conflicto y con escasos visos a conseguir un monopolio de la violencia efectivo en el territorio.
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