Portada | América | Por qué Trump quiere controlar Groenlandia

Por qué Trump quiere controlar Groenlandia

Donald Trump ha mostrado interés en Groenlandia
El presidente electo de Estados Unidos Donald Trump ve a Groenlandia como un activo estratégico. Fuentes: Eider Palmou, bajo CC BY 2.0 Gage Skidmore, bajo CC BY-SA 2.0 y Gobierno de Groenlandia

A medida que China consolida su proyecto contrahegemónico, Estados Unidos afronta mayores dificultades para sostener su dominancia internacional, y también mayores prisas. Enclaves con los que Washington había sostenido un vínculo privilegiado, observan ahora cómo el gobierno de Trump, al pensar en Groenlandia o Panamá, cambia sus urgencias y defiende una mayor ventaja, cuando no directamente un control pleno. Ambos territorios han sido ejemplos claros tras la victoria del republicano en las elecciones de noviembre del año 2024.

En esta tesitura, precisamente Groenlandia es el territorio que suscita un mayor interés para la política exterior norteamericana. Estratégica en clave militar y con un enorme potencial económico debido a sus recursos minerales y energéticos, Washington parece decidido a asegurar a largo plazo sus preferencias sobre el territorio. Para ello, no solo podrían ignorarse a las élites políticas danesas y groenlandesas, sino que podría estar encima de la mesa algún tipo de intervención militar. 

El valor estratégico de Groenlandia

Estados Unidos se encuentra inmerso en una búsqueda sistemática por conservar su posición hegemónica a escala internacional. El auge del proyecto político, económico y militar del Partido Comunista de China y el avance de las lógicas multipolares ponen en jaque el dominio de Washington no solo sobre el conjunto del globo, sino incluso sobre algunas de sus regiones históricamente asociadas. La incapacidad mostrada por Estados Unidos de mantener la seguridad en Europa, su pérdida de legitimidad ética en Gaza o la penetración de Pekín en América Latina son factores que evidencian su decreciente poder relativo. 

Desde la perspectiva norteamericana, y en particular desde el particular enfoque de Trump, el acceso privilegiado a enclaves como Panamá o el carácter de aliado de actores como Dinamarca, ente soberano de Groenlandia, no es suficiente para defender de forma sostenida los intereses nacionales de Estados Unidos. De esta forma, el valor estratégico que atesora Groenlandia –económica, logística y militarmente– puede adquirir un carácter de urgencia que precipite las pretensiones de Washington sobre la isla. 

Para ampliar: La pugna por las materias primas críticas y el papel del Sur Global

A priori, Groenlandia no aparenta ser un activo de gran interés, pero tras su superficial desinterés se esconden varios elementos que la convierten en un territorio de gran importancia para los planes estadounidenses. Por cuanto casi el 90% de su superficie se encuentra cubierta por hielo, Groenlandia solo es apta para el establecimiento de colonias humanas en su línea de costa. E incluso allí, el frío clima obliga al desarrollo de unas infraestructuras muy específicas ⎻Nuuk, su capital, es un ejemplo de ello⎻.

No obstante, el territorio groenlandés siempre ha sido bien valorado por las élites danesas, cuya soberanía fue pugnada durante varias décadas con Noruega. A lo largo del siglo XX, y también en la actualidad, las relaciones entre Copenhague y las administraciones de Nuuk han estado marcadas por las pretensiones autonomistas de la política groenlandesa.

A ello ha de sumarse la importancia estratégica que ha probado tener el territorio desde la Segunda Guerra Mundial. Tal como ocurre con la Antártida, disponer de un efectivo control del suelo groenlandés puede ser enormemente útil por su potencial como punto de vigilancia de misiles balísticos intercontinentales (ICBM).

Sin ir más lejos, Estados Unidos dispone de una importante base especial en Groenlandia, específicamente en la región de Avannaata, en el noroeste de la isla. El complejo de Pituffik, antaño base aérea de Thule, fue instalado en 1951, durante los albores de la Guerra Fría. Thule fue una prueba de fuego para los estrategas norteamericanos de la importancia que podría jugar Groenlandia en términos militares, específicamente para el establecimiento de Sistemas de Alerta Temprana de Misiles Balísticos (BMEWS, por sus siglas en inglés); allí, Estados Unidos posee uno de estos sistemas.

Aunque, indudablemente, la importancia a largo plazo de Groenlandia ha de asociarse en mayor medida –si cabe– a la cuestión de las tierras raras, una serie de elementos cuya obtención en su forma pura es poco habitual. Se trata de los siguientes: cerio, disprosio, escandio, europio, erbio, gadolinio, holmio, iterbio, itrio, lantano, lutecio, neodimio, praseodimio, prometio, samario, terbio y tulio. Fundamentales para numerosas industrias tecnológicas y militares, las tierras raras constituyen uno de los elementos que conforman el sector de las materias primas críticas (MPC).

Para ampliar: Antártida: ¿la gran ambición del siglo XXI?

El liderazgo que Pekín ejerce en el sector de las MPC ha empujado a Estados Unidos y a sus socios occidentales a diseñar estrategias que les permitan un mayor control a largo plazo de estas materias. El azar geológico no es favorable para Estados Unidos en este sentido, que necesita mejorar su posición al respecto de las MPC y las tierras raras, ya que son cruciales en la transición energética. De la misma forma que Washington buscará un acceso privilegiado al litio de sus tres grandes tenedores –Argentina, Bolivia y Chile–, es esperable que trate de asegurarse su propia posición respecto a las tierras raras.

Es aquí donde la isla podría jugar un papel clave y, precisamente por ello, Donald Trump ha mostrado interés en Groenlandia en detrimento del reino de Dinamarca. Aunque no hay ningún estudio concluyente, algunas estimaciones plantean que más del 50% de las tierras raras del planeta podrían hallarse en suelo groenlandés. Pese a que, en efecto, las cifras podrían no ser tan grandes, hay argumentos para pensar que Groenlandia sería un enclave de peso en este rubro y, como consecuencia de la fase temprana en la que se encuentra su sector de tierras raras, tanto China como Estados Unidos pugnan por penetrar en el territorio.

Cómo Donald Trump ve Groenlandia

Para hacer valer sus intereses, Estados Unidos podría apostar por una suerte de cooperación bilateral con el gobierno del primer ministro Mute Egede. La tendencia soberanista del parlamento de Groenlandia ⎻Inatsisartut, en groenlandés⎻ y de sus dos principales partidos, el Inuit Ataqatigiit y el Siumut ⎻37% y 30% de votos en 2021, respectivamente⎻ facilitaría una penetración estadounidense en el caso de que Washington ofreciera apoyo logísitco, económico y diplomático a la vía independentista que han declarado querer implementar próximamente.

Aunque ello suscitaría el rechazo de Copenhague, ciertamente Trump ha mostrado reiteradamente que no pretende contentar a sus socios europeos si ello entra en conflicto con los intereses de la Casa Blanca. 

Para ampliar: Una Europa subordinada ante Trump y Estados Unidos

Sin embargo, la vía de la anexión manu militari no está descartada, principalmente porque las élites políticas groenlandesas se han mostrado sistemáticamente escépticas a la explotación de los recursos mineros de la isla. Las consecuencias medioambientales y los riesgos para la calidad de vida de las escasas comunidades humanas que habitan el territorio han generado resistencias frente a empresas que han presentado proyectos mineros. Con una ocupación militar clásica, Estados Unidos podría ignorar los reclamos de los habitantes groenlandeses, que ya en 2021 puso fin a las exploraciones petrolíferas.

Previsiblemente, el paso del tiempo no hará sino incrementar el interés generado por Groenlandia desde la perspectiva del Estado y las empresas norteamericanas. El deshielo provocado por el cambio climático abre nuevas rutas marítimas en la costa de Groenlandia y, además, reduce la densidad de la capa de hielo que cubre algunas de las reservas mineras de la isla, haciendo más asequible –en precio y conocimiento– el acceso a las mismas. A las tierras raras se le suman otros recursos, como el uranio, el zinco o el oro, además del petróleo y el gas natural. 

Nuuk, capital de Groenlandia
Nuuk, capital de Groenlandia. Fuente: Gobierno de Groenlandia

Por supuesto, la oposición no proviene solo de la isla, sino también de la propia Dinamarca. Trump, que recientemente afirmó que no descartaba el uso de la fuerza en Groenlandia –ni en Panamá–, clarificó su postura en diciembre a través de un posteo en la red social Truth. En ella, escribió lo siguiente: “Para fines de seguridad nacional y libertad en todo el mundo, los Estados Unidos de América consideran que la propiedad y el control de Groenlandia es una necesidad absoluta”.

De hecho, esta no es la primera vez que el presidente estadounidense declara tener intenciones soberanas sobre la isla. Ya en 2019, con una urgencia creciente –aunque menor que la actual– por consolidar posiciones internacionales en oposición a China, propuso conversar sobre la compraventa de Groenlandia durante una visita oficial a Dinamarca.

Para ampliar: El difícil legado de Joe Biden en política exterior

En aquella ocasión, tanto Mette Frederiksen, primera ministra, como la reina Margrethe II, se negaron, lo que generó que Trump cancelase el encuentro y precipitase un choque diplomático entre Washington y Copenhague. El país escandinavo se ha cerrado plenamente a cualquier tipo de negociación el su aliado, lo que tensa todavía más las debilitadas relaciones entre Europa y los Estados Unidos de Trump. 

El cambio climático, la creciente disputa por las materias primas críticas y la prevalencia de la vigilancia de los misiles balísticos intercontinentales en la edificación de las arquiteacturas de defensa nacionales hacen de Groenlandia un territorio profundamente estratégico en el segundo cuarto del siglo XXI. Estados Unidos, con un Donald Trump cada vez más escéptico sobre la viabilidad a largo plazo del sistema colectivo de dominio internacional, parece dispuesto a confrontar más directamente con aquellos actores europeos que no acepten sus reclamos.

A su vez, la pretensión de control en otros puntos como el Canal de Panamá, junto a la insistencia en los asuntos mexicano y canadiense, clarifican que el segundo mandato de Trump, y no solo en Groenlandia, será uno aceleracionista en el que varios consensos serán puestos a prueba. 

Además del enfoque geopolítico y económico, el interés de Donald Trump en Groenlandia también se ve influido por el deseo de consolidar su legado como un líder que expande la influencia de Estados Unidos a nivel global. Esta ambición se enmarca no solo en la competición por recursos valiosos, sino también en el contexto de redefinir las alianzas internacionales en un mundo donde nuevos actores emergen con fuerza. El agrado de Trump por transacciones comerciales y su imagen de negociador agudizan su perspectiva sobre Groenlandia, viéndola como una pieza en el tablero del poder que no solo beneficiaría a la economía estadounidense, sino que consolidaría aún más su ya controvertido enfoque en la política exterior.

Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€

Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.