
Mohamed Abdulahi, popularmente conocido como “Irro”, será el nuevo presidente de Somalilandia tras su victoria electoral en los comicios del pasado 13 de noviembre. Tras conseguir cerca del 64% de los votos, Irro sucederá al actual dirigente Muse Bihi Abdi, quien llevaba en el cargo desde 2017 y que se quedó en un 35% de los sufragios. El líder del Partido por la Paz, la Unidad y el Desarrollo (Kulmiye), reconoció inmediatamente la derrota, garantizando “una transición de poder tranquila”.
Tras dos años de retraso y una crisis política que llegó a derivar en enfrentamientos armados, la victoria del candidato del Partido Nacional Somalilandés (Waddani) se suma a su victoria en las elecciones legislativas de 2021, por lo que acapara gran parte de las principales instituciones.
Con un discurso progresista en cuestiones sociales y económicas, Waddani ha basado gran parte de su campaña en garantizar las medidas necesarias contra la crisis económica derivada de la caída del valor del chelín somalilandés, así como en combatir la corrupción. A su vez, en los últimos años, Somalilandia ha visto un fuerte aumento de la represión política, lo que incluye el arresto de periodistas y activistas.
Más allá del resultado, el mayor logro de las elecciones consiste en la renovada credibilidad democrática que le otorgan de cara a la comunidad internacional. Autoproclamada independiente de Somalia en 1991, Somalilandia ha conseguido construir un gobierno relativamente estable y unas instituciones democráticas, basadas en elecciones por sufragio universal inexistentes en Somalia.
Decenas de observadores internacionales siguieron de cerca los comicios, coincidiendo en su transparencia y elogiando la totalidad del proceso electoral. Desde la embajada de Estados Unidos en Somalia, por ejemplo, remarcaron “el impresionante historial de elecciones y transiciones pacíficas del poder”, calificando a Somalilandia como un ejemplo de "estabilidad y gobernanza democrática para toda la región".
El sistema electoral de Somalilandia cuenta con la particularidad de que solo permite la existencia de tres partidos políticos, los cuales son los únicos que pueden presentar candidatos presidenciales y parlamentarios. Cada diez años se celebran elecciones para elegir a los “partidos nacionales”, que salen tanto de los ya existentes como del resto de asociaciones políticas.
El objetivo declarado es evitar que los partidos se rijan por intereses y fidelidades clánicas, como ha ocurrido históricamente en Somalia. Esto obliga a las formaciones a crear amplias coaliciones en todo el territorio bajo la premisa nacional de “consenso y compromiso”, lo que no ha impedido una creciente polarización bipartidista entre Waddani y Kulmiye. En estos comicios, la tercera fuerza, el Partido de la Justicia y el Bienestar, logró un escaso 0,74% de los votos.
En lo que coinciden la totalidad de candidatos, partidos y asociaciones somalilandesas es en la necesidad de avanzar hacia el reconocimiento internacional como Estado soberano. Aunque esta realidad no cuenta con el respaldo de ningún país, excepto Taiwán, en los últimos meses ha ganado impulso tras la firma de un acuerdo con Etiopía a principios de 2024.
Con este entendimiento, Somalilandia arrendaría a Etiopía una franja de costa de 20 kilómetros para su uso comercial o militar a cambio de reconocimiento. La firme oposición de Somalia, al considerarlo un ataque a su “soberanía e integridad territorial”, ha encontrado el respaldo de países como Eritrea o Egipto, erigiéndose la que se ha dado en llamar “alianza anti-etíope” y que ha puesto al Cuerno de África al borde de un conflicto regional a gran escala.
Aunque los tres candidatos en estas elecciones han mostrado su firme compromiso en avanzar hacia el reconocimiento, difieren en la estrategia para su consecución. Mientras Muse Bihi era partidario de una visión más rupturista y en la necesidad de llegar a más acuerdos internacionales como el suscrito con Etiopía, el ganador de las elecciones aboga por negociar con Somalia, al tiempo que ha mostrado serias dudas sobre las consecuencias para su propia soberanía del acuerdo con Adís Abeba.
A pesar de ello, Abdulahi también ha hecho hincapié en el aumento del gasto militar, lo que responde tanto a la preparación para una hipotética contienda militar con Somalia, como al persistente conflicto con el territorio autónomo somalí de Puntlandia por el control de la región de Sool.
La ambigüedad en el discurso de Abdulahi en lo que respecta al acuerdo con Etiopía ha llenado de incertidumbre tanto su futura implementación como sus efectos regionales. Algunos analistas han llegado a señalar la posibilidad de un tratado con Somalia en la que esta reconozca la independencia de Somalilandia a cambio del rechazo a cualquier asociación con Adís Abeba, un extremo que, hoy por hoy, parece muy lejano.
A pesar de todo ello, los resultados electorales muestran la relativa importancia que da la población somalilandesa al proceso de reconocimiento, centrando su voto en cuestiones políticas y económicas internas. Tras más de tres décadas de independencia de facto, su construcción estatal se encuentra fuertemente consolidada a falta de un reconocimiento internacional que hoy parece más cerca que nunca.
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