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La batalla cultural en Estados Unidos: de John Wayne a Homelander

Homelander establece el marco narrativo en The Boys, donde los guionistas de la serie vuelcan la crítica contra a la deriva de la derecha radical estadounidense.
Homelander establece el marco narrativo en The Boys, donde los guionistas de la serie vuelcan la crítica contra a la deriva de la derecha radical estadounidense. Fuente: Redes sociales de Amazon Prime Video

En las últimas entrevistas que concedió Erik Kripke (Ohio, Estados Unidos, 1974), showrunner de la serie The Boys, con motivo del estreno de la cuarta temporada de la producción de Amazon Prime Video en junio, manifestó algo que, por otro lado, había quedado suficientemente claro. Y es que, a pesar de las escenas sangrientas y de violencia desenfrenada que caracterizan cada episodio, el eje argumental de la serie y su razón de ser, más allá del entretenimiento, es la sátira más original y descarnada de la deriva política de la derecha radical estadounidense

Homelander, interpretado por Antony Starr (Wellington, Nueva Zelanda, 1975), es uno de los protagonistas de la serie y el líder mesiánico que ejerce el poder causando terror a propios y ajenos. El guion de la serie le muestra en todo momento con una actitud supremacista, xenófoba, manipuladora, rencorosa, despiadada y narcisista, pero también de una personalidad enormemente insegura.

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El personaje interpretado por Starr genera el marco que Kripke emplea para volcar la crítica política más dura. De hecho, el productor ha reconocido que el carácter y las formas de Homelander están inspirados en el trumpismo, agitando de esta manera a los sectores ultraconservadores.

En la coyuntura actual, donde parece que está en juego algo más que quién es el inquilino de la Casa Blanca, la lucha cultural se intensifica en todos los frentes. Las corrientes de la derecha radical estadounidense anhelan el héroe americano que represente los “auténticos valores estadounidenses” y se rebelan contra las parodias que los ridiculizan. Con el objetivo de recuperar el poder en Washington, están decididos a plantar batalla de nuevo, esta vez librando la guerra cultural a través de sus propias plataformas de streaming antiwoke.

El héroe americano

Desde la perspectiva romántica de la conquista del Oeste, con personajes legendarios como Wyatt Earp, Kit Carson o Buffalo Bill, y especialmente en la época moderna desde principios del siglo pasado, con líderes como Theodore Roosevelt (Nueva York, Estados Unidos, 1858), rebautizado como "el presidente cowboy por excelencia", se fue forjando en la cultura popular estadounidense el mito del héroe americano. De carácter duro, viril y tosco que es capaz de valerse por sí mismo ejerciendo y enfrentando la violencia sin reparo ninguno.

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Pero una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, con la llegada de la televisión de una manera masiva a los hogares y la aparición de nuevos personajes en la vida pública estadounidense, se modificaron ciertos atributos del héroe americano añadiéndole una serie de valores asociados a la sociedad del momento. Acontecimientos históricos como la lucha por las libertades civiles de los años 50 y la traumática Guerra de Vietnam trajeron consigo una ola reaccionaria que percibía amenazada una realidad donde los movimientos antibelicistas tomaban fuerza y las leyes segregacionistas se ponían en cuestión.

Estos movimientos políticos y de protesta perfilaban una nueva sociedad estadounidense que se alejaba de los valores tradicionales y se abría a otros nuevos. Y como suele ser habitual en las revoluciones sociales, los grupos conservadores que no se identificaban con los nuevos valores se rebelaron. De esta manera, se refundó en Estados Unidos un nuevo sector conservador fuertemente retrógrado, marcado por la radicalidad religiosa y que enfatizaba los valores tradicionales de una familia enteramente patriarcal.

Principalmente, fueron asociaciones evangélicas como la Convención Bautista del Sur quienes, a partir de los años 60, tomaron un protagonismo importante generando el marco del debate social y político. Pretendían que la sociedad estadounidense adoptara valores ultraconservadores, belicistas y cercanos a la mentalidad esclavista.

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Y para encarnar esto, nada mejor que el héroe americano por excelencia: el personaje firme y rudo al estilo del Viejo Oeste, que se empleaba de igual manera para derrotar al malvado Vietcong en Los boinas verdes que para matar a cuantos indios se encontrase por delante en Fort Apache. Ese no era otro que Marion Robert Morrison, popularmente conocido en el cine y en su vida pública como John Wayne (Iowa, Estados Unidos, 1907).

Él tomó con gusto ese papel y aprovechó su imagen y su enorme popularidad para hacer proselitismo de la América blanca, conservadora y profundamente retrógrada, además de apoyar causas como la caza de brujas macartista. De esta manera, John Wayne se elevó a los altares de los valores tradicionales y se convirtió en icono para el numeroso e influyente sector evangélico y, por extensión, de todos los conservadores estadounidenses.

Jeff Bezos, Ben Shapiro y las presidenciales de noviembre

Quizá porque la derecha radical estadounidense ve en Donald Trump (Nueva York, Estados Unidos, 1946) una reencarnación del mito de John Wayne, o quizá porque es muy consciente de que actualmente el campo de batalla para dar la lucha cultural son los medios de comunicación y el entrenamiento, se siente agraviada por el tipo de producciones que realizan las plataformas de streaming bajo demanda.

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Estos sectores consideran que las series y películas que se comercializan, y ven millones de personas en Estados Unidos y en el resto de mundo, no es el tipo de producto que fomenta y engrandece los valores tradicionales americanos. De hecho, personajes como Jeff Bezos, fundador de Amazon –propietaria de Amazon Prime Video– y Reed Hastings, cofundador de Netflix, se han pronunciado en diferentes ocasiones en contra de Donald Trump y han mostrado una inclinación por el Partido Demócrata.

A partir de esta realidad, resulta interesante analizar la serie The Boys y su personaje principal, Homelander, como una deconstrucción del héroe americano que muestra los peores defectos humanos y políticos. Un fenómeno de la cultura pop con una narrativa radicalmente crítica hacia las formas populistas del trumpismo, ridiculizando en numerosas ocasiones a sus seguidores en escenas absurdas.

Donald Trump se erige como uno de los principales protagonistas de la batalla cultural en Estados Unidos.
Donald Trump se erige como uno de los principales protagonistas de la batalla cultural en Estados Unidos. Fuente: Gage Skidmore - bajo CC BY-SA 2.0

Y es que, a lo largo de los episodios, se muestra toda una serie de grupúsculos marginales y disparatados: antiabortistas radicales, terraplanistas, preparacionistas y fieles creyentes de las teorías de la conspiración. Incluso en ocasiones, las metáforas más sutiles se dejan de lado y las comparaciones con la realidad son directas, como la mención del Pizzagate, la significativa fecha del 6 de enero o el momento en el que Homelander “fríe” con sus ojos láser a decenas de personas en medio de la multitud, haciendo referencia a cuando un Trump, aún candidato en 2016, declaró que “podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”.

De esta manera, el personaje exhibe una depravación y un egocentrismo descarado a través de numerosas referencias, tanto en las formas como en el fondo, a los sectores ultraconservadores de la derecha estadounidense. Esta representación en una serie mainstream, especialmente popular entre el público de 30 y 40 años, no gusta en ciertos sectores. Tanto es así, que incluso se han organizado campañas para perjudicar artificialmente el éxito de la serie.

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En esencia, la serie es una producción de entretenimiento hecha en Estados Unidos por estadounidenses y, podría concluirse, que para el público estadounidense. De hecho, se trata de una de las series que más controversia ha generado en el debate de la política doméstica del país. La derecha radical que hoy domina el Partido Republicano, y que a veces parece querer autopercibirse como uno de los tipos mas duros salidos de las novelas de Cormac McCarthy, se siente incomprendida y profundamente ofendida por el uso de un humor ácido y adulto como herramienta de crítica, sintiéndolo como un acto de desprecio y mofa hacia sus posiciones conservadoras.

Podría decirse que sienten que sus mismas reclamaciones son menospreciadas y ridiculizadas incluso frente a los valores del conservadurismo tradicional, de manera similar a como Machado, en voz de su Juan de Mairena, describía al “sarnoso que se emperraba en conservar, no la salud, sino la sarna”.

Por lo que ahora, del mismo modo que en los años 60 el movimiento evangélico utilizó la figura de John Wayne para plantar cara en la batalla cultural, hoy en día la derecha republicana pretende emular esa estrategia con plataformas afines de contenido en streaming que hagan la guerra a Disney, Netflix y Amazon Prime.

Un buen ejemplo es el caso de Ben Shapiro (California, Estados Unidos, 1984), uno de los analistas de cabecera de la alt-right estadounidense, que lidera la puesta en marcha de la productora The Daily Wire con el objetivo de combatir las "plataformas woke" que, según argumentan estos sectores, fomentan una serie de valores contrarios a la cultura tradicional americana.

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La inclinación ideológica de estas nuevas plataformas es meridianamente clara y sus portavoces rara vez son sutiles, mostrando discursos abiertamente tránsfobos, como en el caso de la producción de Netflix CoComelon Lane, donde un niño aparecía con una tiara y un tutu, y racistas, como en la polémica generada a raíz del remake de Disney de 2023, donde la sirenita fue interpretada por Halle Bailey, una actriz de raza negra.

En cualquier caso, parece que en la cultura popular estadounidense el icono del héroe mantiene la fuerza suficiente para seguir siendo influyente. De hecho, el 5 de noviembre de 2024 se pudo comprobar quién ganó la batalla entre el héroe americano de los valores ultraconservadores o la crítica salvaje a través de su antítesis: todo se podía resumir en un duelo atemporal entre John Wayne y Homelander.

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