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El "No" de Argentina a los BRICS: ¿es India su alternativa?

Javier Milei y Narendra Modi, presidentes y primer ministro de Argentina e India respectivamente.
Javier Milei y Narendra Modi, presidente y primer ministro de Argentina e India respectivamente. Fuentes: presidencia de Israel, bajo CC BY-SA 3.0. y Oficina del Primer Ministro de India.

El orden internacional liberal existente se encuentra actualmente en una fase significativa y transformadora, ya que se enfrenta a un escenario complejo y exigente. Esta dinámica se desarrolla en el contexto más amplio de una competencia estructural en curso por el dominio mundial entre las dos principales potencias en el ámbito internacional y afecta a Argentina e India, protagonistas de este análisis.

De hecho, el alcance y la escala combinados de este acontecimiento representa una prueba inmensa y formidable para todos los demás actores del sistema, ya se trate de Estados-nación, corporaciones multinacionales u organizaciones internacionales.

Se asiste a un gradual e intensificado traslado del centro del poder de Occidente a Oriente. Esta tendencia observable y previsible frente a la irrupción de China e India como nuevos actores dinámicos en la economía mundial se ha acelerado y profundizado. En las últimas décadas, empieza a afirmarse una visión de un sistema internacional que tiende hacia una multipolaridad en ascenso, con China y Estados Unidos a la cabeza.

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Así, reaparecieron viejas teorías de transición de poder y la inevitable trampa de Tucídides –como lo plantea Graham Allison– de dos superpotencias que compiten por la primacía en el escenario estratégico global, desacoplando sus economías por medio de una guerra comercial y tecnológica, con lo que ponen en tela de juicio el orden internacional liberal.

La rápida y sin precedentes consolidación del poder en forma de recursos materiales que China ha experimentado en el transcurso de los últimos diez años, un fenómeno que carece de paralelismo en comparación con otras potencias emergentes, ha dado como resultado en última instancia el establecimiento de dos polos de poder estatal distintos y claramente delineados, ambos con la capacidad de entregar bienes públicos globales de manera efectiva a nivel mundial.

De esta forma, a medida que estos cambios a nivel sistémico toman cada vez mayor cuerpo, se va consolidando la tendencia a cierta pérdida de gravitación en términos políticos de América Latina en el mundo. Hay un importante consenso entre los especialistas en señalar que existe una mayor irrelevancia sistémica de Latinoamérica, es decir, una trayectoria declinante de la región vis a vis otras latitudes periféricas

La política internacional latinoamericana está atravesada por un escenario políticamente fragmentado, en el que las iniciativas de integración regional atraviesan situaciones de irrelevancia, estancamiento o desmantelamiento. América Latina enfrenta así un pronunciado declive de la participación en las cadenas globales de valor. De una participación en el total de exportaciones mundiales del 12% en 1955, la región pasó a registrar un 6% en 2016, para llegar a su peor performance del 4,7% en 2018.

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Las solicitudes de nuevas patentes tecnológicas provenientes de la región equivalían a 3% del total global en 2006, bajaron a 2% en 2016 y llegaron a un insignificante 0,62% en 2018; los gastos en investigación y desarrollo, medidas como porcentaje del PIB en el transcurso de dos décadas se mantuvieron estancados en un promedio de 0,65%; y la pandemia de covid-19 llevó a la mayor contracción económica de la historia de la región, por lo que revertir esa trayectoria declinante de siglos será aún más difícil.

En consecuencia, la gran pregunta es saber si a esa mayor irrelevancia sistémica de la región, se le puede adicionar o no un lugar de cierta relevancia estratégica en el contexto actual de tensiones globales entre China y Estados Unidos.

Ascenso de los BRICS

Goldman Sachs había acuñado el acrónimo “BRIC” para englobar a Brasil, Rusia, India y China. Este grupo, al asumir su nueva identidad y sin ocultar sus aspiraciones de poder, empezaron a concertar posiciones a partir de 2006.

La unipolaridad quedó atrás y se afirmó como narrativa dominante el reconocimiento del ascenso de los países emergentes como actores más preponderantes de la política internacional. Estos Estados constituyeron un grupo reducido de grandes países en desarrollo que lograron progresivamente diferenciarse dentro del llamado sur global. Fue en 2009 cuando se formalizó definitivamente la creación de los BRICS, una organización que también incluyó a Sudáfrica.

En los últimos tiempos, no obstante, se había observado una tendencia hacia una creciente fragmentación dentro de los BRICS. Esta división se había producido por los intereses contrapuestos de sus miembros, siendo especialmente paradigmática la rivalidad que China e India han forjado como consecuencia de las disputas territoriales. Del mismo modo, Nueva Delhi, Brasilia y Pretoria han mostrado mayor recelo hacia la profundización de la asociación política de la organización, dada su cercanía al bloque occidental.

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Además, vale la pena señalar que Brasil, bajo el liderazgo del gobierno de Jair Bolsonaro, fue particularmente conocido por sus acciones disruptivas. Sin embargo, a pesar de estos desafíos, la supervivencia general del bloque BRICS no se ha visto afectada de manera significativa y, de hecho, ha comenzado en la actualidad una importante etapa de ampliación con las incorporaciones de Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Etiopía.

En el nuevo contexto de intensificación de la competencia sino-estadounidense, la confrontación entre Oriente y Occidente se ha vuelto cada vez más prominente. Por lo tanto, ambas partes quieren ampliar la red de amigos y socios, consolidando así sus bloques. Como economías emergentes y grandes potencias de la región, los miembros de los BRICS tienen una fuerte motivación para absorber a otros países “nodos” con ubicaciones estratégicas clave y economías en auge para unirse a la organización.

Cuanto más intensa sea la confrontación Este-Oeste, más fuerte será el impulso para la expansión de los BRICS. Es decir, a medida que se acentúe la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, habrá un mayor impulso por parte de ambos polos de poder por expandir sus redes de socios, siendo en ese sentido Argentina un actor atractivo. Ante este escenario, son varias las opciones que enfrenta este país del Cono Sur ante la posibilidad de un ingreso a dicho grupo.

Argentina ante el actual contexto externo

Una variable clave para determinar los márgenes de maniobra de Argentina en el actual contexto externo al cual se enfrenta tiene que ver con el grado de tensión o distensión que asume el vínculo entre Estados Unidos y China.

El frente externo actual está signado por una clara agudización de la rivalidad entre China y Estados Unidos, materializada en incremento de las sanciones y bloqueos económicos y despliegue de tropas en áreas críticas como el Sudeste Asiático, lo cual pudiera haber generado contradicciones y tensiones como consecuencia de un previsto, aunque nunca concretado, ingreso a los BRICS.

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Este movimiento pudiera haber sido percibido por parte de Estados Unidos como una posición de desafío, en un momento crítico de las relaciones sino-americanas, y en donde los márgenes de maniobra se reducen ante la rigidez que asume la bipolaridad en auge actual entre ambas superpotencias.

La crisis de endeudamiento y de inestabilidad financiera que atraviesa Argentina compromete las perspectivas de desarrollo sostenible, multiplicando los riesgos, aumentando la imprevisibilidad de los escenarios futuros y reduciendo la capacidad de respuesta del Estado argentino y de la sociedad. Estos riesgos sistémicos repercuten, además, en una disminución de las propiedades de resiliencia y las capacidades de adaptación de la política exterior, la cual resulta estratégica frente al escenario de rivalidad entre Washington y Pekín. 

En ese sentido, el creciente antagonismo entre Estados Unidos y China ha generado un contexto externo restrictivo en el que cualquier movimiento que pueda percibirse como desafiante hacia una de las superpotencias podría tener consecuencias perjudiciales para Argentina. Dado que el país enfrenta una situación económica compleja, la preservación de relaciones equilibradas con ambas superpotencias es esencial para evitar sanciones económicas o tensiones diplomáticas que puedan agravar aún más su situación financiera.

Además, la vulnerabilidad financiera de Argentina, exacerbada por la crisis de endeudamiento y la inestabilidad económica, limita su capacidad para asumir compromisos internacionales de gran envergadura, como unirse a los BRICS. Por último, la fragmentación regional en América Latina y la falta de una posición colectiva sólida hacen que cualquier movimiento hacia esta organización sea una decisión estratégica riesgosa.

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La región se encuentra políticamente fragmentada, con iniciativas de integración regional que enfrentan dificultades o desmantelamiento, lo que limita la capacidad de América Latina para actuar como un bloque unido en asuntos internacionales.

En ese sentido, la llegada a la presidencia de Javier Milei alteró por completo el eje de la política exterior del país sudamericano, señalando a Estados Unidos e Israel como los principales aliados estratégicos de su Gobierno, y afirmando que durante su presidencia Buenos Aires no va a alinearse geopolíticamente con “comunistas”, en clara alusión a uno de los miembros fundadores de los BRICS, China. De hecho, el Ejecutivo argentino finalmente declinó la entrada de Argentina a los BRICS, prevista para el 1 de enero de 2024.

Argentina e India: ¿una alternativa?

En este contexto, Argentina podría encontrar más beneficioso buscar una posición estratégica que no comprometa sus relaciones bilaterales con Estados Unidos ni exponga su vulnerabilidad financiera a las tensiones globales entre las superpotencias. Para eso, un acercamiento bilateral con un actor en ascenso como India podría ser fructífero para Buenos Aires, e implicaría mantener cierto grado de neutralidad ante la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, sin tener que optar por mantener un compromiso con alguno de los dos países.

La relación entre Argentina e India ha experimentado un notable avance en los últimos años, con la elevación del vínculo a una asociación estratégica en 2019 y el incremento del comercio bilateral, que alcanzó un récord de 3.000 millones de dólares en 2021. Sin embargo, esta relación aún tiene un gran potencial por desarrollar, tanto en el plano político como económico, y científico-tecnológico. 

Optar por un mayor acercamiento bilateral con India podría ofrecer a Argentina una serie de ventajas, como mantener un posicionamiento autonomista en su política exterior, al poder negociar con Nueva Delhi sin intermediarios ni condicionamientos por parte de los BRICS. A su vez, el país sudamericano podría aprovechar las complementariedades y oportunidades que ofrece el mercado indio, que es el segundo más poblado del mundo y el sexto más grande en términos de PBI nominal.

Cumbre del G7 en Italia.
Cumbre del G7 en Italia a la que asistieron los mandatarios de Argentina e India. Fuente: Lula Oficial, bajo CC BY-SA 2.0.

India representa un mercado atractivo para las exportaciones argentinas, el cual permitiría diversificar y añadir valor agregado a sus exportaciones, que actualmente se concentran en productos primarios como aceite de soja y maíz.

En el plano minero y energético, India representa un mercado más que atractivo, dada su creciente demanda energética,  producto de su clase media en expansión y su sostenido crecimiento económico. El país latinoamericano podría desempeñar un papel importante en la seguridad energética de la potencia asiática. Asimismo, también se podría fortalecer el diálogo político y la coordinación en temas multilaterales de interés común para los dos Estados.

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En el último tiempo, en lo que respecta a las relaciones económico-comerciales, cabe destacar que el vínculo bilateral aumentó y las negociaciones entre ambos países, que habían estado paralizadas en 2020, se aceleraron en 2021. En ese sentido, se destaca que el intercambio comercial alcanzó un pico histórico en el período 2020-2021 de 3.310 millones de dólares. Argentina mantuvo su superávit al incrementar las exportaciones al país asiático hasta los 2.600 millones de dólares.

Aun así, las inversiones de India en Argentina son aún marginales y sus empresas se encuentran altamente concentradas en los rubros servicios de telecomunicaciones y productos farmacéuticos. Sin embargo, desde 2014 se ha podido observar una gran apuesta de Nueva Delhi hacia la diversificación, fundamentalmente hacia el sector energético y minero de América Latina. A su vez, como forma de promover las inversiones indias en Argentina, se destaca la creación del Consejo Empresarial India-Argentina en octubre de 2020, como un paso más en el acercamiento bilateral entre ambos países.

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