Singapur, pandemia y desigualdad

La vida vuelve poco a poco a la normalidad durante la pandemia en Singapur, los restaurantes y centros comerciales cada vez bullen más de gente. No es así sin embargo para los 300.000 migrantes que trabajan precariamente en el país, las autoridades les obligan a mantener un confinamiento que dura ya meses debido a los continuos brotes que emergen en sus comunidades, fruto del hacinamiento.

Brotes en los barrios de inmigrantes y respuesta de las autoridades

Singapur ha sido un ejemplo de cómo tratar la pandemia con la masificación de tests, y uso del Big Data. A su favor jugó su sólido sistema de salud y lo reducido de su territorio que junto con tener una frontera única facilitó las medidas de confinamiento y detección de casos. Si bien su estrategia inicial fue éxito, pasaron por alto las condiciones de vida de los migrantes. Por ello a principios de abril, el gobierno decretó la cuarentena debido a la nueva ola de contagios, para más tarde prorrogarla hasta junio.

Controles de temperatura en el aeropuerto de Singapur/ Vía Anadolu Agency

Desde marzo hasta abril Singapur pasó de tener 266 contagiados a más de 11.000, más que ningún otro país del Sudeste Asiático. Como se ha comentado, este nuevo brote apareció en los barrios de migrantes, donde el hacinamiento está a la orden del día. En estos barrios viven unas 300.000 personas donde conviven por apartamento de 12 a 20 personas. En estas condiciones es imposible mantener la distancia social además de que la ventilación es muy deficiente.

El Gobierno respondió rápidamente con un paquete de medidas que incluían restricciones de movilidad y reunión, cierre de escuelas y establecimientos de ocio, junto con una masiva campaña de tests. En algunos casos los trabajadores migrantes además fueron relocalizados para alejarlos de los focos de contagio.

Confinamiento continuado de los emigrantes

Tras meses de confinamiento los migrantes siguen sin poder salir de sus casas, salvo excepciones. Esto choca con la situación de los demás habitantes de Singapur, cuya vida ha vuelto prácticamente a la normalidad.

Actualmente los migrantes, solo pueden salir de su confinamiento para trabajar o para “tareas esenciales” como ir al médico. Las salidas de los dormitorios están monitoreadas, antes de que los trabajadores puedan ir a trabajar, su empleador debe notificarlo al Ministerio. Los empleadores deben asegurarse que los trabajadores se sometan a tests cada 14 días. Es obligatorio además que se descarguen la aplicación de rastreo del coronavirus del gobierno.

Un guardia de seguridad le toma la temperatura a un migrante antes de que pueda salir de su dormitorio/ Vía The Times

Nuevamente están apareciendo brotes en estos barrios debido al hacinamiento, por lo tanto las restricciones se seguirán manteniendo. Las autoridades de Singapur argumentan que el 95% de los contagios se producen entre los trabajadores migrantes. A pesar de que los barrios fueron declarados libres de COVID19 hace poco, los nuevos brotes ponen en duda las condiciones de vida a las que son sometidos.

Epidemiólogos declaran a Bloomberg que puede ser razonable confinar una zona para sofocar un brote, sin embargo las condiciones en estos barrios hacen que focos futuros vayan a suceder. Son zonas con poca ventilación y donde los baños se comparten entre muchas personas, haciendo imposible el aislamiento completo necesario.

El encierro continuado de los barrios migrantes ha traído nuevos factores de estrés psicológico, los servicios sociales están desbordados debido a las continuas llamadas pidiendo ayuda. Mientras que los medios locales informan sobre intentos de autolesión y suicidios. El gobierno de Singapur se ha comprometido a mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores migrantes. Para finales de año a cada residente se le dará un espacio habitable de al menos 6 metros cuadrados por persona, medidas que muchos consideran más que insuficientes.

El debate ha surgido en la sociedad de Singapur sobre las condiciones en las que viven los migrantes, sobre todo cuando la ciudad-estado es tan dependiente de su fuerza laboral. Estos migrantes, provenientes mayormente de países como la India o Bangladesh, viven en unas condiciones extremadamente precarias. Trabajadores de la industria y la manufactura, malviven con salarios aproximados de 500 dólares al mes. Salario que se va en gran parte para pagar el alojamiento, por 300 dólares tienes disponible una litera en una habitación compartida con 12 o 16 personas.

Dormitorios donde se hospedan los trabajadores migrantes/ Vía Eco-business

Singapur, es solo un nuevo ejemplo de cómo, las capas más pobres y desfavorecidas de todo el mundo han sido las más afectadas por la pandemia mundial, lo que pone de relieve las amplias desigualdades sociales y económicas que existían mucho antes del Covid-19.

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Pablo del Amo

Graduado en Historia y en el máster en Cooperación Internacional por la UCM. Interesado en geopolítica y en relaciones internacionales. Intentando comprender como funciona el mundo. https://twitter.com/PablodelAmo77?s=09
Graduado en Historia y en el máster en Cooperación Internacional por la UCM. Interesado en geopolítica y en relaciones internacionales. Intentando comprender como funciona el mundo. https://twitter.com/PablodelAmo77?s=09

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