Rusia responde: «Se ignoró la naturaleza del paquete de las propuestas rusas»

En un ambiente de crecientes tensiones diplomáticas y militares entre Rusia y Occidente, con el espectro de la guerra y la tan repetida «invasión rusa» de Ucrania por parte de los medios; apunto de iniciarse una importante reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, sobre el posible reconocimiento ruso de las repúblicas populares; con rupturas del alto al fuego y múltiples ejercicios militares; y tras la expulsión del embajador adjunto de Estados Unidos en Moscú, Rusia ha respondido finalmente a Estados Unidos y la OTAN. La respuesta, fruto de la primera ronda contacto que hubo enero para buscar una respuesta a los tratados de seguridad presentados por Rusia en diciembre de 2021, destaca en primer lugar porque solamente se dirige a Washington, no hay respuesta independiente para la Alianza Atlántica. Rusia considera que el único interlocutor válido esta en la Casa Blanca.

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La respuesta rusa tiene un claro titular: «Se ignoró la naturaleza del paquete de las propuestas rusas, de las cuales se eligieron deliberadamente temas “convenientes”, que, a su vez, fueron “retorcidos” en la dirección de crear ventajas para Estados Unidos y sus aliados». Moscú considera que Estados Unidos esta revoloteando alrededor de cuestiones técnicas menores que no van a resolver el núcleo de sus demandas, que son de carácter político: la arquitectura de seguridad europea tal y como se formuló tras el fin de la Guerra Fría en 1990 con la Carta de París, con la OTAN como principal pilar de su estructura. El texto reza «la parte estadounidense no dio una respuesta constructiva a los elementos básicos del proyecto de tratado preparado por la parte rusa para Estados Unidos sobre garantías de seguridad. Este enfoque, así como la retórica que lo acompaña de los funcionarios estadounidenses, refuerza las dudas legítimas de que Washington esté realmente comprometido con arreglar la situación de seguridad europea», ante lo que sentencia: «En ausencia de la disposición de la parte estadounidense para acordar garantías firmes y legalmente vinculantes de nuestra seguridad por parte de los Estados Unidos y sus aliados, Rusia se verá obligada a responder, incluso mediante la implementación de medidas de carácter técnico-militares».

El documento ruso establece claramente que los elementos básicos a los que Estados Unidos no dio una respuesta constructiva fueron: «la negativa a seguir ampliando la OTAN, el retiro de la “fórmula de Bucarest” de que “Ucrania y Georgia se convertirán en miembros de la OTAN”, y la negativa a crear bases militares en el territorio de los estados que anteriormente formaban parte de la URSS y no son miembros de la alianza, incluido el uso de su infraestructura para realizar cualquier actividad militar, así como el retorno de los potenciales militares, incluido el choque, y la infraestructura de la OTAN al estado de 1997, cuando se firmó el Acta de Fundacional Rusia-OTAN. Estas disposiciones son de fundamental importancia para la Federación Rusa».

Establecidos estos mínimos que son el núcleo de la respuesta, Moscú trata distintas cuestiones en el documento. En primer lugar sobre Ucrania responden: «No hay una ‘invasión rusa’ de Ucrania, que Estados Unidos y sus aliados han estado declarando a nivel oficial desde el otoño pasado, no está ni está planeada, por lo tanto, las declaraciones sobre la ‘responsabilidad de Rusia en la escalada’ no pueden considerarse sino como un intento de presionar y devaluar las propuestas de Rusia sobre garantías de seguridad». Estableciendo que el conflicto ucraniano es uno ‘puramente interno’ reiteran que implementar los acuerdos de Minks dando autonomía política a las regiones del Donbás es la única salida y declaran que: «Para reducir la escalada de la situación en Ucrania, es fundamentalmente importante tomar los siguientes pasos. Esto es, obligar a Kiev a cumplir con un conjunto de medidas, detener el suministro de armas a Ucrania, retirar de allí a todos los asesores e instructores occidentales, negar a los países de la OTAN cualquier ejercicio conjunto con las Fuerzas Armadas de Ucrania y retirar todas las armas extranjeras previamente entregadas a Kiev fuera del territorio ucraniano».

El documento ruso también aborda el principio inmutable de la indivisibilidad de la seguridad, el punto más esperanzador de la respuesta estadounidense. Rusia considera que la adhesión a este principio de la Carta de París de 1990 no es genuino, pues «en el texto [estadounidense] se reduce al derecho de los estados ‘a elegir o cambiar libremente los métodos para garantizar su seguridad, incluidos los tratados de unión’» y se ignora «la segunda parte que exige, en el ejercicio de este derecho, no ‘fortalecer la propia seguridad a expensas de la seguridad de otros estados’». El Kremlin pide por lo tanto una respuesta clara. En este sentido establecen lo mismo respecto a la ‘política de puertas abiertas de la OTAN’.

Sobre control de armamento la respuesta rusa toma «nota de la disposición de los Estados Unidos para trabajar de manera sustantiva en el control de armas individuales y las medidas de reducción de riesgos. Al mismo tiempo, registraron que Washington finalmente había reconocido una serie de propuestas e iniciativas rusas en estas áreas que se han presentado en los últimos años». Pero si bien valoran positivamente estos apartados dicen muy claramente que «las propuestas rusas tienen carácter de paquete y deben considerarse como un todo sin destacar sus componentes individuales». Es decir, Rusia no aceptará negociar medidas parciales, de carácter técnico, aisladas de las propuestas políticas de reconfiguración del orden de seguridad europeo. En el mismo sentido ven con buenos ojos las negociaciones sobre armas nucleares en el marco del diálogo sobre la estabilidad estratégica, pero advierten que «[la parte estadounidense] prevé centrarse exclusivamente en las armas nucleares, independientemente de la capacidad de ciertas armas para representar una amenaza directa para el territorio nacional del otro lado» y «que [Estados Unidos] se limitó a mencionar la necesidad de abordar en la plataforma de un diálogo estratégico el problema de las armas nucleares no estratégicas sin tener en cuenta las peculiaridades de su despliegue y otros factores que afectan la seguridad de las partes», como «la eliminación de la infraestructura para el despliegue rápido de este tipo de armas en Europa, así como el cese del entrenamiento y ejercicios de la OTAN en el manejo de estas armas, que involucran a los estados miembros de la OTAN no nucleares. Sin eliminar este irritante asunto, la discusión del tema de las armas nucleares no estratégicas es imposible».

Sobre los misiles terrestres de alcance intermedio y corto (Tratado INF que abandonó Estados Unidos en 2019) el texto establece que: «Consideramos este tema como una de las áreas prioritarias del diálogo ruso-estadounidense sobre la estabilidad estratégica. Creemos que esta categoría de armas es un componente necesario de la nueva ‘ecuación de seguridad’ que Rusia y los Estados Unidos deberían elaborar conjuntamente» y «Se señaló que Estados Unidos está tomando como base el enfoque ruso, que prevé la solución mutua de preocupaciones mutuas en el contexto del Tratado INF previamente existente».

El texto también toma «nota de la atención de la parte estadounidense a la idea rusa de medidas adicionales de mitigación de riesgos en relación con los vuelos de bombarderos pesados ​​cerca de las fronteras nacionales de las partes. Vemos un tema de discusión y el potencial para acuerdos mutuamente aceptables». Y por último, sobre ejercicios y maniobras militares establece que:

«Estados Unidos no respondió a las propuestas contenidas en la ‘sección 2, Artículo 4’ del proyecto de tratado ruso. La parte estadounidense, aparentemente, parte del hecho de que es posible reducir la tensión en la esfera militar aumentando la transparencia y medidas adicionales para reducir el peligro en línea con las propuestas de Occidente para modernizar el Documento de Viena (OSCE, 2011). Consideramos que tal enfoque es poco realista y unilateral, destinado a ‘ver a través’ de las actividades de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. Las medidas de fomento de la confianza y la seguridad en virtud del Documento de Viena 2011 son adecuadas a la situación actual. Para comenzar a discutir la posibilidad de actualizarlos, se deben crear las condiciones necesarias. Y para esto, los Estados Unidos y sus aliados deben abandonar la política de ‘contención’ de Rusia y tomar medidas prácticas concretas para reducir la tensión político-militar, incluso en línea con la ‘sección 2, Artículo 4’ de nuestro proyecto de tratado».

La ‘sección 2, Artículo 4’ del tratado presentado a EEUU por Rusia establece: «Los Estados Unidos de América no establecerán bases militares en el territorio de los Estados de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que no sean miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, no utilizarán sus infraestructuras para ninguna actividad militar ni desarrollarán una cooperación militar bilateral con ellos». De nuevo, remitiendo a este punto del tratado, que se hace al menos en tres ocasiones en el texto, resaltando su importancia, Rusia quiere hacer constar que las medidas de carácter técnico-militar no son suficientes para llegar a un acuerdo como pretende Estados Unidos en las circunstancias actuales. Es necesario para Moscú que Washington acepte tratar los aspectos político-militares, es decir, la esencia de la actual arquitectura de seguridad europea, el reparto de poder establecido tras la Guerra Fría en otras palabras. Actualmente la doctrina establece a Estados Unidos como el pilar de esa estructura de seguridad, con la OTAN como principal instrumento en una fórmula de que cuanta más OTAN, mayor seguridad. Rusia quiere terminar con ese arreglo, y para ello necesita obligar a Washington a que se siente a negociar el carácter político-militar, y no aspectos técnicos menores y particulares.


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Graduado en Ciencias Políticas en la Universidad de Salamanca. Hago seguimiento y análisis de procesos electorales, geopolítica, insurgencias y de las dinámicas del imperialismo en Descifrando la Guerra.

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