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Rumanía forma nuevo Gobierno, pero no supera su inestabilidad política

Rumanía forma un nuevo Gobierno liderado por Luca Niculescu, pero la crisis económica y el auge de la ultraderecha amenazan su estabilidad.
Rumanía forma un nuevo Gobierno liderado por Luca Niculescu (izquierda), pero la crisis económica y el auge de la ultraderecha amenazan su estabilidad. Fuente: Depositphoto

El 20 de octubre, el Parlamento de Rumanía aprobó la investidura de Luca Niculescu como nuevo primer ministro. De un total de 464 escaños en la sesión conjunta, el candidato designado por el presidente Nicusor Dan obtuvo 280 votos a favor, superando holgadamente los 233 necesarios –58 parlamentarios votaron en contra–.

La votación supone una tregua en la crisis política que sufre Rumanía desde hace meses, si bien no resuelve los problemas de fondo ni termina con la inestabilidad política. 

Niculescu, que no forma parte de ningún partido, es un experiodista que también ha ejercido como diplomático. Ha sido secretario de Estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores y coordinador del proceso de adhesión de Rumanía a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El nuevo líder del Ejecutivo de Rumanía es el cuarto candidato a primer ministro propuesto por el presidente tras la moción de censura que terminó con el Gobierno de Ilie Bolojan en mayo.

Para ampliar: Crónica de la inesperada victoria de Nicusor Dan en Rumanía

Los tres candidatos anteriores fracasaron en su intento de sumar apoyos, siendo el más reciente Siegfried Mureșan, que fue rechazado por el Parlamento a finales de septiembre. Pocos días después, el 5 de octubre, Dan designó a Niculescu.

Tras dos semanas de contactos y búsqueda de mayorías ha conseguido el apoyo tanto del Partido Socialdemócrata (PSD) como del Partido Nacional Liberal (PNL) y la Unión Democrática de Húngaros en Rumania (UDHR). Los socialdemócratas de Sorin Grindeanu formarán parte del Ejecutivo, con 11 de los 18 ministros del nuevo gabinete. El resto son figuras independientes.

Sin embargo, los apoyos a Niculescu están sujetos a un plazo de seis meses, durante el cual las formaciones deberán alcanzar un acuerdo más duradero y el Ejecutivo tendrá que aprobar los presupuestos para 2027.

De momento, el PNL, pese a su respaldo, queda al margen y se ha negado a firmar un pacto de coalición. No obstante, Bolojan anunció que no presentará una moción de censura durante este periodo si el Gobierno respeta el acuerdo firmado con su partido. Por su parte, los socialdemócratas también afirmaron que reevaluarán su postura dentro de seis meses. 

El reto económico de Niculescu

Más allá de la compleja correlación de fuerzas en el plano político, el verdadero reto de la nueva administración será abordar los problemas económicos que atraviesa el país. En su intervención en el Parlamento tras la votación, Niculescu declaró que su Gobierno será uno que “atraiga fondos e inversiones a Rumanía”. 

El nuevo primer ministro debe aprobar un presupuesto para 2027 sin elevar el déficit, garantizar la seguridad energética durante el invierno y ejecutar el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia para captar mayor financiación de la Unión Europea.

Además, Bucarest ha acordado con Bruselas una reducción del déficit presupuestario hasta situarse por debajo del 3% del producto interior bruto para 2030 –desde un 7,9% en 2025 y un 6,2% previsto para este año–. Todo esto con una economía en contracción y con la tasa de inflación más alta de la Unión Europea, que supera el 6,5%.

Por otro lado, el leu rumano se ha depreciado hasta mínimos históricos frente al euro y amenaza con una rebaja de la calificación crediticia, que ya se encuentra en el grado de inversión más bajo, lo que complicaría aún más la entrada de capital extranjero al país.

Para ampliar: La sombra de Estados Unidos sobre la crisis política de Rumanía

Junto a lo anterior, el Gobierno ha prometido aumentar las pensiones, congeladas durante dos años por las restricciones fiscales. Asimismo, el apoyo del PSD está sujeto a un abandono de las medidas de austeridad que implementó el PNL en el anterior mandato y que fueron la causa de su desmoronamiento.

Otro aspecto importante de las medidas de austeridad es su impacto en la población. Gran parte de la opinión pública está descontenta con la gestión de los partidos mayoritarios.

En este escenario, la ultraderecha –en especial el partido Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), liderado por George Simion– ha experimentado un rápido ascenso. En caso de adelanto electoral, la mayoría de encuestas sitúan a AUR como primera fuerza política, con más de un 35% de estimación de voto.

Durante la votación de Niculescu, los de Simion abandonaron la sala y calificaron de “títere” al nuevo Ejecutivo. Los ultranacionalistas de SOS Rumanía mostraron pancartas y exigieron elecciones anticipadas.

En definitiva, PNL y PSD han apostado por un candidato independiente en un intento de salir de una crisis política y económica que beneficia a los ultraconservadores y que les resta cada vez más votos. Se vienen meses complejos en los que liberales, socialdemócratas y otros partidos europeístas deberán ser capaces de entenderse y de conseguir un acuerdo más duradero que permita formar un Gobierno que agote la legislatura.

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