
La Constitución cubana de 2019 define al Partido Comunista de Cuba (PCC) como “la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”, de tal forma que el sistema cubano reconoce explícitamente al PCC como la institución central del poder político, con una posición jerárquicamente superior al resto.
Según sus Estatutos, el Congreso del PCC constituye el órgano supremo de dirección. Reunido ordinariamente cada cinco años, tiene la responsabilidad de definir las líneas estratégicas del desarrollo económico, social y político del país.
Dado el papel rector que la Constitución atribuye al Partido, el Congreso puede considerarse el evento más importante de la vida institucional cubana, de igual forma a lo que ocurre en otros sistemas socialistas como el chino, el vietnamita o el norcoreano.
Quién dirige el partido
Entre congresos, la máxima autoridad recae en el Comité Central, que actúa en representación de toda la organización y celebra reuniones ordinarias dos veces al año. A su vez, este órgano elige de entre sus miembros al Buró Político, incluyendo al Primer Secretario y al resto de sus integrantes.
El Buró Político es, básicamente, el organismo superior de dirección entre los plenos del Comité Central y tiene la responsabilidad de conducir la actividad política cotidiana del Partido.
Para el funcionamiento diario, el Buró Político cuenta con el apoyo del Secretariado del Comité Central y puede crear estructuras ejecutivas específicas. De esta forma, la cadena de dirección partidista se articula entre cuatro niveles principales conectados entre sí: el Congreso, el Comité Central, el Buró Político y el Secretariado.
Sin embargo, la relevancia del Buró Político no se explica únicamente por su posición formal dentro del PCC. La mayoría de sus integrantes ocupan simultáneamente cargos de máxima responsabilidad en las instituciones estatales, lo que genera una estrecha interconexión entre Partido y Estado que casa con el peso constitucional otorgado al PCC.
Como resultado, las decisiones adoptadas en el seno del Buró Político suelen traducirse posteriormente en políticas implementadas por organismos gubernamentales como la Presidencia, el Consejo de Ministros o la Asamblea Nacional.
En términos estatutarios, el Partido Comunista de Cuba dice regirse por “la fusión del ideario revolucionario radical de José Martí y de una tradición singular de lucha liberadora nacional y social en la que se destacan insignes revolucionarios y patriotas, con los principios fundamentales del marxismo y del leninismo y la necesidad histórica del socialismo que en nuestras condiciones se revela como única alternativa al subdesarrollo y a la dominación neocolonial”.
El PCC, en cuyo seno tienden a canalizarse la mayoría de los procesos que dan forma a la vida política en Cuba, opera en coordinación con numerosas organizaciones satélite que imbrican al marxismo-leninismo en la vida civil de la isla.
De él forman parte oragnizaciones como la Central de Trabajadores de Cuba, la Unión de Jóvenes Comunistas, la Federación de Mujeres Cubanas, los Comités de Defensa de la Revolución o la Unión de Periodistas de Cuba, así como un poroso esquema educativo, universitario, económico o militar.
El enfoque internacional del PCC
Desde los primeros años tras el triunfo de la revolución, la política exterior del Partido Comunista de Cuba se ha fundamentado en tres principios esenciales: el antiimperialismo, el internacionalismo y la defensa de la soberanía nacional.
Desde 1959, los dirigentes cubanos han considerado a Estados Unidos como la principal potencia imperialista y como la amenaza externa más importante para la continuidad de su proyecto socialista. Esta percepción, reforzada por el régimen de presión internacional y el embargo norteamericano, continúa orientando buena parte de la acción internacional de Cuba.
Durante la Guerra Fría, la estrecha alianza con la Unión Soviética no impidió que La Habana intentara mantener cierta autonomía política e ideológica. Gracias a ello, Cuba logró proyectarse como un actor relevante dentro del Movimiento de Países No Alineados y consolidó una imagen internacional asociada al apoyo de los movimientos de liberación nacional en África, Asia y América Latina.
La desaparición de la URSS obligó al PCC a adaptar su política exterior a un entorno internacional bastante más adverso, llevando a cabo algunos ajustes tácticos. No obstante, los principios fundamentales permanecieron intactos: defensa de la independencia nacional, rechazo de las sanciones económicas y oposición a cualquier forma de dominación extranjera.
La Constitución de 2019 reafirma, de hecho, esta orientación al definir la política exterior cubana como antiimperialista e internacionalista. Las relaciones con Estados Unidos constituyen el principal escenario de aplicación de esta visión. Décadas de confrontación política, embargo económico y desconfianza mutua han marcado el vínculo bilateral.
Aunque el restablecimiento de relaciones diplomáticas promovido por Raúl Castro y Barack Obama en 2015 abrió una etapa de acercamiento, el PCC insistió en que cualquier normalización debía basarse en la igualdad soberana y el respeto a la independencia cubana. La llegada de Donald Trump al poder en 2016, y de nuevo en 2024, ha complicado la situación, al venir acompañada de un endurecimiento de las medidas unilaterales contra la isla.
En la actualidad, el antiimperialismo sigue siendo el eje articulador de la política exterior cubana. Esta visión también influye en sus posiciones sobre asuntos internacionales como las tensiones entre Estados Unidos y China, la expansión de alianzas militares occidentales o los conflictos geopolíticos contemporáneos.
En todos estos casos, Cuba defiende un enfoque multipolar que ayuda a entender por qué forma parte de foros internacionales como el Movimiento Por la Libertad de las Naciones con partidos tan dispares como Rusia Unida, el Partido de los Trabajadores de Brasil, el FRELIMO mozambiqueño, el Partido Comunista de China, el laosiano Partido Popular Revolucionario o el Partido Baaz Árabe Socialista –hasta su disolución–.

A su vez, América Latina y el Caribe representan un espacio prioritario de la política exterior cubana y la extensión más natural de su proyección ideológica.. Para el Partido Comunista de Cuba, la región constituye tanto un ámbito casi automático de cooperación como un escenario estratégico para promover la integración y la autonomía regional.
Durante la Guerra Fría, el latinoamericanismo cubano se expresó principalmente mediante el apoyo a movimientos revolucionarios y organizaciones guerrilleras de izquierda y antiimperialistas.
Sin embargo, en el siglo XXI esta política evolucionó hacia mecanismos más institucionalizados basados en la cooperación médica, educativa, científica y deportiva. Estas iniciativas han permitido a Cuba mantener una presencia regional significativa a pesar de sus limitaciones económicas y diplomáticas.
La solidaridad con gobiernos progresistas y organizaciones de izquierda continúa siendo una prioridad para el partido. El PCC ha respaldado sistemáticamente a los procesos políticos que considera favorables a la integración latinoamericana y ha rechazado golpes de Estado o intentos de desestabilización contra gobiernos aliados. Esta postura se ha reflejado especialmente en su apoyo a Venezuela, Nicaragua y Bolivia.
El Partido Comunista de Cuba participó activamente en la creación y consolidación de organismos como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Para La Habana, estas instituciones permiten fortalecer la autonomía política de la región y reducir la dependencia respecto a Estados Unidos.
Asimismo, la política regional de La Habana mantiene una fuerte dimensión anticolonial. La defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, el apoyo a la independencia de Puerto Rico y la solidaridad con otros territorios caribeños que conservan vínculos coloniales forman parte de una tradición histórica profundamente arraigada en el pensamiento político cubano.
Por otro lado, desde la derrota de la Unión Soviética y el quiebre del bloque socialista en Europa, Asia ha adquirido una importancia creciente dentro de la estrategia internacional del Partido Comunista de Cuba.
Aunque la isla mantiene relaciones con numerosos países de la región, su atención se concentra especialmente en aquellos gobernados por partidos comunistas o socialistas, como China, Vietnam, Laos y Corea del Norte.
Entre todos ellos, China ocupa una posición privilegiada. Durante las últimas décadas, los vínculos entre La Habana y Pekín se han fortalecido de manera notable en los ámbitos político, económico, tecnológico y diplomático. Tal es así que algunas de las reformas incluidas en el proceso constitucional del año 2019 evidencian influencias de los procesos chino, vietnamita y laosiano.
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