La debilidad submarina española y la clase S-80

En este artículo vamos a examinar el estado del arma submarina de la Armada Española. Para ello comenzaremos con una breve introducción sobre los tipos de submarinos existentes. Luego repasaremos la evolución de la flotilla de sumergibles de la Armada desde el inicio de la democracia hasta hoy y haremos especial mención al desarrollo de la nueva clase S-80. Finalmente haremos un pequeño análisis de la situación de debilidad de la Armada en este campo y sus implicaciones geopolíticas.

Submarinos militares; una introducción

El primer submarino militar fue empleado en 1776 durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, aunque este tipo de buques no adquiere una verdadera importancia hasta la Primera Guerra Mundial. Es en este momento cuando el submarino U-20 de la Kaiserliche Marine alemana hunde al transatlántico Lusitania, provocando la entrada de Estados Unidos en la contienda.

Actualmente los submarinos militares realizan misiones diversas como son: ataque y defensa de una fuerza naval, inteligencia, ataque a tierra o traslado de comandos de operaciones especiales. La evidente ventaja del submarino frente a otro tipo de embarcaciones capaces de desarrollar tareas similares radica en la dificultad para detectar su presencia. Mientras el submarino navega sumergido no puede ser localizado a simple vista, pudiendo acercarse hasta objetivos enemigos con bastante libertad. Es por ello que la capacidad de mantenerse sumergido durante un gran periodo de tiempo, junto con la baja firma acústica que dificulta su localización mediante sónar, es una de las características más deseadas por cualquier armada para sus submarinos.

Si bien los submarinos pueden desarrollar distintos tipos de misiones, podemos clasificarlos en función de su capacidad ofensiva en dos tipos.

El primero son los submarinos de ataque, conocidos como SSK (Submarine Ship Killer) o SSN (Submarine Ship Nuclear) en función del tipo de propulsión utilizada. La característica fundamental de estos submarinos es que no tienen capacidad de ataque a tierra. Su misión principal es atacar barcos enemigos así como combatir contra otros submarinos y proteger la propia flota del ataque de otros sumergibles.

El segundo tipo son los conocidos como SSB (Submarine Ship Ballistic) o SSG (Submarine Ship Guide Missile) capaces de disparar distintos tipos de misiles contra blancos situados en tierra firme. Si los misiles con que van armados estos submarinos disponen de cabeza nuclear se denominan SSBN o SSGN respectivamente. Los SSB y SSG son el tipo menos común de submarino ya que su desarrollo no está al alcance de todos los países. No obstante, en su versión armada con ojivas atómicas (SSBN o SSGN), estos buques son la cúspide en la estrategia de disuasión nuclear.

Por otro lado conviene atender a una segunda clasificación basada en el sistema de propulsión de los submarinos. Básicamente hay dos sistemas: el primero, el convencional, consiste en un motor diésel. Dado que los motores diésel necesitan aire para funcionar este tipo de motor solo puede funcionar cuando la nave está emergida o a profundidad de snorkel (un tubo desplegable que hace que llegue aire hasta el motor). Cuando el submarino se sumerge el motor diésel deja de funcionar y se activan unas baterías que ponen en funcionamiento un motor eléctrico. De esta manera el tiempo de navegación en inmersión está limitado por la capacidad de las baterías. Además, su radio de acción viene condicionado por la cantidad de combustible diésel que puede transportar.

Respecto al submarino de propulsión nuclear es aquel que funciona únicamente con un motor eléctrico accionado mediante la energía proporcionada por un reactor nuclear. Dada la larga duración del combustible atómico el radio de acción es casi ilimitado y no existen restricciones mecánicas al tiempo que el buque puede permanecer sumergido. Estás dos características le permiten desarrollar misiones en casi cualquier parte del planeta, durante un largo periodo y con gran discreción.

La flota de submarinos en la Armada Española

Aunque el objetivo de este artículo no es analizar la historia y evolución de la flotilla de submarinos de la Armada si queremos dar una pinceladas sobre sus inicios. La historia del arma submarina en España se remonta al Peral, submarino diseñado por el propio Isaac Peral. Este buque solo estuvo activo dos años (1888-1890) con fines de investigación más que de incorporación real a la Armada. Como tal, el primer buque submarino que sirvió en la Armada Española fue el Isaac Peral (A-0), de fabricación estadounidense y basado en su clase Holland.

Peral, primer buque submarino de España entre 1888 y 1890

De Desconocido author – http://www.historialago.com/av_n_s_peral_02.jpg found on this webpage, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=398374

Desde entonces el número de sumergibles en la Armada y su origen han ido variando a lo largo del tiempo, pero vamos a comenzar nuestro análisis con la llegada de la democracia a España en 1978. Desde dicho año el número de naves submarinas (SSK) se ha mantenido estable hasta su actual declive, que ha dejado a la Armada en una grave situación de falta de submarinos.

Así pues, en el año 1978 España contaba con una flota de ocho submarinos, cuatro de la clase Balao (S-30), diseñados y construidos durante la II Guerra Mundial para la armada de los Estados Unidos, y cuatro de la clase Delfín de diseño francés y con participación industrial española en su construcción.

Los cuatro sumergibles en activo de la clase Balao (hubo un quinto dado de baja en 1977) fueron dándose progresivamente de baja entre 1982 y 1987. De forma ordenada fueron sustituidos por los nuevos sumergibles de la clase Galerna que, continuando con la colaboración hispano francesa, fueron construidos en España bajo el diseño francés de la clase Agosta.

Así pues se mantuvo estable el número de ocho submarinos en la Armada. Esto permitía de forma habitual tener entre dos y cuatro submarinos en tareas de abastecimiento, reparación o descanso de la tripulación y mantener entre seis y cuatro buques desplegados. De esta manera se podía asignar entre dos y tres buques a cada una de las costas, atlántica y mediterránea.

Hemos de tener en cuenta que España no solo posee cerca de 8.000 Km de costa, sino que además hay varias particularidades que hacen especialmente complicado el control de las aguas territoriales. Por un lado la distancia a la que se encuentran las Islas Canarias, a unos 1.200 km desde la costa de Cádiz. Por otro, el estrecho de Gibraltar, en el cual convergen la frontera de tres países, (España, Marruecos y Reino Unido), por el que pasan más de 100.000 buques al año, tanto civiles como militares, y en el que se desarrollan diversas actividades ilícitas. Además no podemos olvidar que la presencia británica en Gibraltar es particularmente preocupante para España; esta pequeña colonia se encuentra excluida de los principales acuerdos internacionales en lo relativo a terrorismo, control de armas convencionales o nucleares y en ella podemos encontrar una base naval y aérea así como instalaciones de inteligencia.

Por ello contar con un número suficiente de submarinos resulta necesario para España, a fin de poder controlar de forma adecuada sus aguas territoriales.

Aguas territoriales españolas

De NACLE – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=57844658

El declive de la flota de submarinos; la sustitución de la clase Delfín y los retrasos de la clase S-80

Desde los primeros años de la década de 1980 España comienza a contemplar alternativas para adquirir un nuevo tipo de submarino destinado a sustituir a la clase Delfín, si bien no es hasta finales de la década cuando se empiezan a analizar con mayor seriedad las opciones industriales. Finalmente en el año 1990 el Plan ALTAMAR de la Armada Española definió la necesidad de la Armada de sustituir los submarinos de la clase S-60 por cuatro nuevos submarinos de la clase S-80, así como adquirir otros dos nuevos submarinos adicionales, incrementando el número de naves hasta 10.

Estos nuevos submarinos deberían entrar en servicio en 2005.

El S-80

Si bien lo natural hubiera sido que España continuase colaborando con Francia en el desarrollo de los nuevos submarinos esto no fue así. Diversos tipos de desavenencias con DSN (el astillero francés) tras el desarrollo conjunto de clase Scorpène (de la que el S -80 debería ser una evolución) y otras rivalidades industriales hicieron que esta opción se abandonase y que España decidiese dar el paso para diseñar y construir íntegramente sus submarinos, uniéndose así al selecto club de países con esta capacidad industrial. Una apuesta decidida y valiente que reportaría a España una mayor autonomía y potencial industrial.

Pero los recortes presupuestarios retrasan el programa S-80 y no es hasta 1997 cuando se empieza a concretar la definición conceptual de los buques y el diseño de los mismos. Finalmente la orden de fabricación de los cuatro nuevos submarinos se firma en marzo de 2004 (recordemos que la ambición del plan ALTAMAR era que entrasen en servicio en 2005), estimando que se entregara el primero de los cuatro sumergibles en 2013 y el último en 2016. Las dos naves adicionales que se contemplaban en un primer momento quedan pendientes de una posible ampliación del contrato.

La clase S-80 iba a suponer un enorme avance para la flota de submarinos española dando un salto cualitativo importante. No solo se trataba una nave de fabricación española, con el importante avance en la independencia y soberanía de la industria de defensa, sino que además iba a contar con dos importante novedades: el sistema de propulsión anaeróbico (AIP) y la capacidad de ataque a tierra gracias a la incorporación de los misiles Tomahawk de origen estadounidense, siendo así los primeros SSG de nuestra armada. Pero por desgracia una serie de problemas van retrasando y dificultando su construcción.

En primer lugar podemos señalar el problema del Tomahowk. Este misil con un alcance de al menos 1.200 Km iba a proporcionar al S-80 (y en un principio también a las fragatas F-100) la capacidad de ataque a tierra, capacidad de la que no dispone ningún submarino de la Armada y que aumenta de forma notable la capacidad de disuasión de la flota. El ministro José Bono comenzó las negociaciones con Estados Unidos para que autorizase al vente de un arma de la que actualmente solo disponen Estados Unidos y Reino Unido. Si bien se autorizó la venta el uso del arma estaba sujeto a la supervisión americana, pues se necesita de la colaboración de los EEUU para fijar el blanco. Para superar esta dificultad se preveía poner en marcha un centro nacional que desarrollase la tecnología para fijar autónomamente el blanco, si bien conllevaría una disminución en el margen de error del misil. Finalmente el gobierno decidió cancelar la adquisición de estos misiles en 2009. Así pues los S-80, a pesar de ir equipados con los tubos de lanzamiento vertical para estos misiles, no dispondrán de ellos. Tampoco está prevista la adaptación de este equipo para albergar otro tipo de misiles como podría ser el SCALP naval de fabricación europea. No obstante, el submarino finalmente estará equipado con misiles Haarpon, que si bien están pensados para ser usado contra buques de superficie pueden ser también lanzados a tierra. Estos misiles tienen un alcance de unos 270 Km, capacidad bastante reducida en comparación con los más de 1.200 km del Tomahowk.

El AIP es otra de las joyas del submarino S-80 que también ha terminado por convertirse en un problema. El AIP es un sistema de propulsión eléctrico basado en células de combustible. Dichas células convierten bioetanol en hidrogeno y mezclando éste con oxígeno se genera electricidad para mover el motor del submarino. Esta capacidad de producir electricidad dentro del propio submarino hace que pueda permanecer sumergido mucho más tiempo que un submarino convencional, pudiendo permanecer entre dos y tres semanas en inmersión. La pila de combustible ha sido proporcionada por una empresa estadounidense, pero el reactor capaz de transformar el bioetanol en hidrogeno es de fabricación nacional. El desarrollo de este sistema comenzó por parte de Hynergreen Technologies, filial de Abengoa, a la que posteriormente se unió Técnicas Reunidas. Pero la obtención de esta tecnología ha sufrido varios retrasos por la dificultad técnica del proyecto. Hasta tal punto se ha retraso que se prevé que los dos primeros submarinos de la clase serán entregados a la Armada sin dicho sistema, el cual se incorporará cuando se les realice la primera carena.

El tercer gran problema es el exceso de pesos. Durante la construcción del submarino la empresa constructora (el astillero público Navantia) se percata de que el submarino que están construyendo tiene un sobrepeso de entre 70 y 125 toneladas según las fuentes. Tras la contratación de una consultora estadounidense que asesora en la búsqueda de una solución, se llega a la conclusión de que es necesario alargar el buque unos diez metros, con el consiguiente rediseño y modificación de los buques ya comenzados a construir.

Fruto de estos problemas y otros menores finalmente la entrega a la Armada de cada uno de los buques se producirá en 2022,2024, 2026 y 2027, con cinco años de retraso sobre lo estipulado a la firma del contrato y diecisiete años más tarde de lo inicialmente previsto en el Plan ALTAMAR. Los dos primeros submarinos carecerán en un primer momento del AIP y ninguno irá armado con los misiles Tomahowk.

Es cierto que el submarino S-80 sigue siendo un salto tecnológico e industrial importantísimo para España y que suponen un importante incremento de capacidades en comparación con la clase S-70, pero no puede obviarse ni los problemas asociados al mismo ni la situación crítica en la que ha quedado la flota de submarinos de la Armada Española.

La vida sigue para el resto de la flota

Pero no todo es el S-80, la vida sigue para el resto de la flota española y los submarinos de la vetusta clase Delfín, después de treinta años de servicio y cuatro grandes carenas, debían de ser dados de baja, lo que sucedió entre los años 2003 y 2006. Por aquel entonces nada se sabía de los retrasos que iba a sufrir el S-80 y se esperaba su entrada en servicio en 2013, pero estaba claro que para la Armada Española comenzaba una década de carestía, quedando únicamente con 4 submarinos; la mitad de la flota.

Esto, teniendo en cuenta las paradas necesarias, dejaba a España con tan solo un submarino para cada una de las costas, la mediterránea y la atlántica. O dicho de otra manera, una sola nave para controlar el espacio comprendido entre Irún y la isla de El Hierro

Pero la cosa podía ir a peor. En el año 2012 el submarino Siroco S-72 necesita una rutinaria pero importante labor de mantenimiento para seguir operando. El coste de dicha operación de mantenimiento es elevado y España atraviesa una profunda crisis económica. Dado que la previsión es que el primero de los S-80 sea entregado en 2013 se decide dar de baja el Siroco, quedando la Armada con tan solo tres sumergibles operativos. La situación para la Armada es mala, pero aún empeoró más de forma momentánea. En el año 2014 uno de los tres submarinos en servicio, el Tramontana, comienza su carena para prolongar su vida útil; mientras dure la reparación España podrá contar solo con dos submarinos en activo. Semanas después de que comiencen los trabajaos de reparación del Tramontana, el submarino Galerna sufre una fuerte avería que obliga a iniciar reparaciones de urgencia: Únicamente queda un sumergible en servicio, el Mistral, para vigilar los 7.800 kilómetros de costa española. Afortunadamente se pudieron recuperar al Galerna y el Tramontana volviendo a alcanzarse la exigua cifra de tres submarinos.

Finalmente el 10 de junio de este 2020 fue dado de baja el submarino Mistral, con lo que actualmente solo quedan dos submarinos en servicio. A ello hemos de sumarle que actualmente al Galerna le está siendo realizada una carena que durará hasta finales de 2021. Con lo que actualmente la Armada solo dispone de dos submarinos en servicio y solo uno de ellos está operativo.

Elaboración de propia del autor

El contexto internacional

Como hemos visto la situación de carestía de submarinos de la Armada Española en importante, máximo tenido en cuenta la amplitud, distancia y situación geoestratégica de nuestras costas. Pero, ¿cuál es la situación de nuestro entorno cercano? Para esto debemos fijarnos en dos escenarios regionales diferentes pero importantes para España; el Mediterráneo y la UE.

Países con submarinos militares en el Mediterráneo

Elaboración de propia del autor a través de https://mapchart.net/. Datos Global Firepower.com

En el Mar Mediterráneo hay veintidós países que tienen aguas territoriales, incluyendo Reino Unidos a través de Gibraltar. Creemos conveniente por motivos de cercanía incluir en este análisis a Portugal, siendo así un total de veintitrés países con los que España comparte mar y océano próximo. De estos veintitrés países, diez cuentan con submarinos en estos momentos. La flota convencional más numerosa es la turca, con doce sumergibles y las más modernas y capaces la británica (12 submarinos) y la francesa (10 submarinos), ambas compuestas enteramente por submarinos nucleares.

Conviene también señalar dos flotas de submarinos nada desdeñables. Por un lado la israelí con cinco submarinos, y la que quizá más debería preocupar a España por cercanía, posible inestabilidad política y dependencia energética: la argelina, dotada de seis sumergibles. Y es que a fecha de 2020 estas dos armadas son, a excepción de la francesa y la británica, las únicas del Mediterráneo con capacidad de lanzar ataques a tierra.

En el otro extremo encontramos a Portugal y España con dos sumergibles cada una. Así pues España se quedará momentáneamente con la flota de submarinos más pequeña del Mediterráneo, empatando con su vecino luso.

Elaboración de propia del autor. Datos: Global Firepower.co, Fuerzas Armadas del Mundo y web respectivas oficiales de las armadas de cada país

España no solo está en una situación en la que resulta difícil mantener el control de las profundidades de sus aguas territoriales, sino que además se encuentra en clara desventaja frente a países de su entorno. Quizá no debamos establecer comparaciones entre España y potencias militares como Francia o Reino Unido (a pesar de que dado el contencioso de Gibraltar no conviene perder a este país de vista). Pero España está en clara inferioridad en comparación con países como Italia, que cuenta con ocho submarinos y con una situación estratégica similar a la española (con dos costas y un estrecho importante, el Canal de Malta), o a países con un desarrollo económico inferior como Grecia, Turquía o Argelia.

No podemos finalizar este repaso al Mediterráneo sin fijarnos en Marruecos, país que a día de hoy mantiene excelentes relaciones con España, pero con que el existen contenciosos territoriales abiertos. No solo el consabido por las ciudades autónomas sino también el existente por Canarias y sus aguas territoriales, bajo las cuales parece haber importantes recursos naturales como un enorme yacimiento de telurio, material importante en la fabricación de paneles solares, teléfonos inteligentes y otros dispositivos electrónicos.

Para saber más: Disputa territorial por el Atlántico Norte.

Actualmente Marruecos está inmerso en una profunda modernización y ampliación de sus capacidades militares. De momento no cuenta aún con una flota submarina, pero está entre sus planes a medio plazo adquirir al menos un submarino y acabar formando una flota de entre tres y cuatro sumergibles. Para ello ya habría establecido contactos preliminares con Rusia mostrando interés en las clases Kilo, que podría tener capacidad de ataque a tierra, y en la clase Amur dotada de un sistema AIP similar a los S-80 españoles. Aunque parece que esta maniobra por parte de Marruecos no se realiza pensando en España, sino en su vecino argelino a nadie se le escapa que España perdería la hegemonía submarina en el estrecho y que la capacidad de disuasión de su flota se vería seriamente disminuida. Si los sumergibles marroquís llegaran a dotarse de sistemas de ataque a tierra como el Kalibr dispondría de una ventaja estratégica sobre España y supondrían una amenaza nada desdeñable.

No queremos terminar este análisis sin señalar la posibilidad existente para Rusia de que la Flota del Mar Negro acceda al Mediterráneo a través del estrecho de los Dardanelos. Dicha flota está dotada de al menos seis submarinos diésel de la clase Kilo, no obstante incluir a Rusia en este análisis requería ampliar el punto de vista a un código geopolítico global que supera las intenciones de este artículo.

El contexto europeo.

Lo cierto es que el ejercicio de realizar una comparativa a nivel de submarinos con la Unión Europea casi se solapa con el análisis del Mediterráneo. Fuera del grupo de países costeros de este mar solo hay cuatro estados miembro de la Unión que dispongan de sumergibles en su flota; Alemania, con seis buques, Suecia con cinco, Países Bajos con cuatro y Polonia con tres. Como vemos el panorama no es menos desolador. España dispone actualmente de la flota de submarinos más pequeña de la Unión. Es evidente que esta situación no es la que corresponde la cuarta potencia económica y demográfica de la Unión Europea.

Las carencias en la flota de submarinos no solo suponen una merma en las capacidades de control de las aguas, también se traduce en una pérdida de influencia a nivel mediterráneo y europeo. No solo ello, sino que deja a España en una situación de posible dependencia de la OTAN para el control y vigilancia de sus aguas en caso de conflicto (pensemos en el control y vigilancia del paso por el estrecho de submarinos rusos con destino a Siria o a Ucrania a través del Mar Negro).

Si España realmente apuesta por el multilateralismo y quiere ser un país con voz en el mundo y en Europa no puede estar a la zaga del resto de sus socios y poniendo su soberanía al albur de sus aliados. Acontecimientos pasados pero no tan distantes como la posición francesa en el conflicto de Perejil ponen de manifiesto la necesidad de una defensa militar autónoma. Pero también es importante tener en cuenta el proyecto europeo. Es necesario fortalecer el papel de España para que pueda hablar con una voz firme en la Unión y contribuir a su vez a convertir a la UE en un actor internacional fuerte e independiente de EEUU, capaz de defender sus intereses y no ser un mero apéndice la OTAN y por tanto del principal socio de la misma.

Visión de futuro

Pero el futuro no pinta muy halagüeño para la flota de submarinos de la Armada. Como hemos adelantado más arriba está previsto que en junio de 2020 se produzca la baja del Mistral, con lo que España quedará con dos submarinos hasta la entrada en servicio del S-81 en 2022, lo que supone que en condiciones habituales solo uno pueda estar en el mar. En principio la flota de submarinos ira aumentando con la paulatina entrada en servicio de la clase S-80, pero de forma paralela se producirá la baja de los dos últimos submarinos de la clase S-70, con lo que el número de sumergibles de la armada se volverá a estabilizar en cuatro para el año 2026.

¿Se incrementará el número de submarinos de la flota hasta volver a alcanzar los ocho tradicionales o incluso los diez que preveía el ya lejano Plan ALTAMAR?

Una de las posibilidades es aumentar el pedido de buques S-80, ya que en un principio se contemplaban hasta dos unidades extraordinarias. A ello hemos de sumarle que durante este mes de junio de 2020 el actual Jefe del Estado Mayor de la Armada declaró el deseo de la misma de tener al menos un quinto S-80. Saber si esto sucederá o no es sacar la bola de cristal, pero si podemos repasar algunos factores a tener en cuenta. Por un lado esta adquisición sería una solución factible; los problemas de diseño y desarrollo están ya superados y con la experiencia de la fabricación de los cuatro buques anteriores las dos nuevas unidades podrían construirse sin ningún tipo de complicación. El encargo de estos dos nuevos buques desde luego sería muy bienvenidos por parte de los astilleros y de la industria española, al fin y al cabo la mayor parte de los sistemas son de fabricación nacional, y contribuirían a mantener el empleo y a un equipo de trabajo altamente cualificado.

En el otro lado de la balanza está, como siempre, la cuestión presupuestaria. La Armada se ha visto fuertemente afectada por los recortes de la crisis económica de 2008. Estos han motivado la suspensión de programas que estaban previstos como el segundo LHD (clase Juan Carlos I), la renuncia a la sexta fragata F-100, o que de momento solo se hayan ejecutado seis de los nueve buques de acción marítima (BAM) previstos. La decisión de seguir recortando gastos en este capítulo no sería sorprendente. A ello hemos de sumarle las incertidumbres económicas derivadas de la actual crisis del COVID -19. Es seguro un importante aumento del déficit y de la deuda pública, con lo que no parece el momento más adecuado para la adquisición de dos nuevos S-80.

En el otro lado de la balanza hemos de tener en cuenta el compromiso de España de ir aumentado su gasto militar hasta el 2% del PIB de acuerdo a sus compromisos adquiridos en la OTAN. Actualmente el gasto militar de España es del 0,92% de su PIB, siendo el segundo gasto más bajo de la OTAN después de Luxemburgo, con lo que nuevos recortes en defensa serían difíciles de argumentar ante nuestros aliados. A ello hemos de sumarle el favorable clima europeo de cara a fortalecer las capacidades de defensa antes las nuevas amenazas y la percepción de EEUU como un socio cada vez menos fiable desde la llegada al poder de Donald Trump y el desplazamiento del interés geoestratégico de la superpotencia hacia el Pacífico.

Otra posibilidad es la de la creación de una nueva clase de submarinos; la S-90. El “Entorno operativo 2035”, que supone la visión de futuro de las fuerzas armadas para ese año, ya contempla esa nueva clase de submarinos. Esta clase estaría caracterizada por una baja firma acústica con la incorporación de placas anecoicas, una reducida resistencia al avance, y capacidad de ataque mediante misiles a buques, objetivos en tierra y aeronaves enemigas (capacidad IDAS). Si bien podría ser una opción deseable para evitar una futura obsolescencia frente a otros competidores, hemos de tener en cuenta que el desarrollo de un submarino, aunque se parta de la base del S-80 ,es una tarea que necesita tiempo y fondos adicionales, con lo que sería una opción más cara que aumentar la flota de S-80.

Así pues parece que el futuro se resume en recuperar un mínimo de cuatro submarinos en la próxima década, quedando aún en una situación de debilidad preocupante y arriesgándose España a carencias provocadas por carenas o averías como las ya vividas.

Raúl Serrano Vindel

BIBLIOGRAFÍA

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Entorno operativo 2035. Ministerio de Defensa

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Paz Andrés Sáenz de Santamaría (21 de octubre de 2014) Lo que Gibraltar esconde. El País https://elpais.com/elpais/2014/10/20/opinion/1413815875_683221.html

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Julio Maíz Sanz (13 de mayo de 2019) Fragatas 120, nuevos buques anfibios, submarinos S-90; así serán las unidades de la Armada española del futuro. Defensa.com https://www.defensa.com/programa-submarino-s-80/fragatas-f-120-nuevos-buques-anfibios-submarinos-s-90-asi-seran

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