La Comuna de París

La Comuna de París. Fuente: Gallica / Biblioteca Nacional de Francia.

Contexto

En 1848 las élites francesas mostraron por la vía de las armas cómo de férreo era su dominio sobre el Estado y la sociedad de su país tras reprimir con excepcional dureza los levantamientos obreros de ese año. Pocos años después, tras proclamarse emperador de Francia, Napoleón III se erigió como árbitro de Europa tras derrotar, a la cabeza de una variada coalición, al Imperio Ruso durante la Guerra de Crimea. La hegemonía militar francesa se consolidó no sólo por las muestras de eficacia mostradas por el ejército francés, sino también por la visible incapacidad del ejército ruso, su gran rival en el continente, para operar en su propio país. Sin embargo, en 1871 el régimen imperial se hallaba fuertemente desgastado. La burguesía y la aristocracia estaban fragmentadas en distintos partidos monárquicos y uno republicano, de influencia creciente. Además, la oposición obrera era muy activa en las grandes ciudades, que Napoleón III estaba perdiendo paulatinamente, dependiendo cada vez más de las élites rurales y de los votos de los campesinos para mantener su legitimidad. El Segundo Imperio, cada vez más corrupto y represivo, se desestabilizaba progresivamente.

Otto von Bismark, ministro presidente de Prusia, deseaba una guerra defensiva contra Francia para acabar de unir a los estados alemanes independientes bajo la monarquía de Berlín. Napoleón III vio en las provocaciones de Berlín una oportunidad para reavivar el sentimiento nacionalista francés en la población de su país y para cosechar un más que necesario capital político. Mordiendo el anzuelo de Prusia, Francia declaró una guerra para la que carecía de preparación. A principios de septiembre, tras algo menos de mes y medio de combates, la mitad del ejército regular francés se había rendido junto a su emperador tras la batalla de Sedán y la otra mitad se hallaba asediada e inmovilizada en Metz. Dos días después de que Napoleón III cayera prisionero, el Partido Republicano, ante la agitación que se vivía en París y temiendo que la izquierda liberal o el movimiento obrero aprovecharan el vacío de autoridad, proclamó la República y constituyó un Gobierno de Defensa Nacional.

Caricatura publicada en Transilvania tras la rendición de Metz. Guillermo I de Prusia, Bismark y el general Moltke crucifican a Napoleón III, al general Bazaine y a la “Libertad del Pueblo”, que reniega de ellos. Fuente: Wikimedia Commons.

Mientras el ejército prusiano ponía sitio a París, exponentes del nuevo gobierno, como León Gambetta o Adolphe Thiers arengaban a la población garantizando que no se cedería territorio francés al enemigo en ningún caso. Los dirigentes locales del movimiento obrero, el más conocido de los cuales era Louis Auguste Blanqui, se sumaron a la exigencia de continuar la lucha, esperando que ésta se convirtiera en una guerra revolucionaria como la de hacía setenta años. El dirigente socialista fundó la revista La Patrie en danger, y distintas acusaciones de traición contra altos funcionarios republicanos, casi todos provenientes del régimen bonapartista, calaron hondo en la población parisina. Miles de voluntarios se alistaron en la Guardia Nacional, que si antes había sido vista por el movimiento obrero como un órgano reaccionario, empezó a llenarse de elementos de la clase trabajadora profundamente politizados. Dos componentes hacían de la Guardia una milicia particular: permitía que cada unidad eligiera a sus comandantes y además percibía un salario que en el París asediado resultaba un atractivo nada desdeñable.

Tras la rendición del ejército sitiado en Metz el 28 de octubre, el Gobierno de Defensa decidió negociar con Bismark. Al conocer la noticia, Blanqui y Gustave Flourens, un revolucionario veterano y reconocido, junto a amotinados de la Guardia Nacional, protagonizaron un putsch en el ayuntamiento de la capital que fue sofocado tras la intervención de guardias leales al gobierno provisional. Durante la confusión de los hechos, fue Flourens el que evitó que los integrantes del Gobierno fueran inmediatamente fusilados. El revolucionario fue apresado y encarcelado por los republicanos unos días después, pero sus compañeros le rescataron de la cárcel a finales del mes de enero. El desgaste del asedio y las victorias prusianas frente a los ejércitos levantados por el Gobierno para socorrer París llevaron al ejecutivo a firmar un armisticio. Este era el primer paso para la firma de una paz que significaría la cesión de Alsacia y Lorena a Alemania -cuyo Imperio, para mayor humillación para los irredentistas franceses, acababa de proclamarse solemnemente en Versalles- y el pago de cuantiosas reparaciones de guerra. Distintas medidas aprobadas por el ejecutivo contribuyeron a erosionar aún más su popularidad entre la clase trabajadora. Los obreros de París percibían que habían tenido que luchar y tendrían que reparar una guerra que no habían declarado y que el mismo Thiers, como la mayoría de la élite republicano-bonapartista, había defendido como idónea el verano anterior. Muchos parisinos vieron el alto el fuego como otra traición. Si los revolucionarios tenían unas simpatías limitadas en otoño, en un plebiscito se entrevió que contaban con las simpatías de en torno al 20% de los ciudadanos de París. Al acabar el invierno pugnaban por la hegemonía política dentro de la ciudad y los clubes en los que se reunían a debatir cada vez se llenaban más. El 17 de marzo Blanqui fue detenido y encarcelado por el Gobierno, presidido ahora por Thiers, que ya le tenía por una amenaza existencial y temía el ambiente revolucionario que se respiraba en la capital.

Nacimiento de la Comuna

El 18 de marzo el ejecutivo dio orden al general Lecomte de hacerse con los cañones que la Guardia Nacional almacenaba en Montmartre. Un grupo de mujeres que vio lo que sucedía trató de impedir que se los llevara, y a ellas se unieron numerosos vecinos. Cuando el general ordenó a sus soldados disparar contra la multitud, éstos se negaron y se amotinaron. El Gobierno entró en pánico al saber de la ejecución del general y se trasladó a Versalles, dejando tras de sí documentos con contenido delicado. Dueña de la situación, la Guardia Nacional dejó paso a un Comité Central que fue elegido el 26 de marzo con las normas del régimen anterior, es decir, a través de un sufragio universal masculino.

De entre las corrientes de pensamiento a las que podemos adscribir a los activistas de la comuna podemos destacar dos grandes líneas teóricas. Los primeros y mejor organizados eran los blanquistas, que eran mayoritarios también en la Guardia Nacional. Propusieron marchar inmediatamente sobre Versalles, idea que finalmente fue rechazada. El segundo gran grupo eran los seguidores de Proudhon de la Internacional de los Trabajadores, a los que Marx en su Guerra Civil en Francia atribuye la mayoría de las reformas económicas que se llevaron a cabo en la Comuna.

La bandera de la Comuna. Fuente: Enfoque Histórico Político.

Reformas económicas

Los trabajadores de París tenían una larga tradición de lucha a través de la creación de cooperativas. Éstas fueron la base sobre las que la comuna empezó a construir un nuevo sistema de relaciones sociolaborales. Las fábricas y los talleres abandonados por sus dueños o cuya producción había sido detenida fueron entregados a sus trabajadores. Los propietarios, en la mayoría de los casos, habían dejado París antes de la llegada de los prusianos o al poco de huir el Gobierno, con lo cual el proceso no fue especialmente conflictivo. Además, la Comuna siempre se mostró dispuesta a compensar a los industriales expropiados.

Se abolió también el trabajo infantil, que era empleado por distintos patronos por el tamaño de las manos de los pequeños y por su menor coste salarial. Tras la disolución de la Comuna esta prohibición se invalidó, y muchos niños de las barriadas obreras volvieron a trabajar. No fue hasta 1874 cuando el Estado francés reguló por primera vez el trabajo infantil, prohibiendo el empleo de menores de ocho años. La abolición total aún tardaría en ser aprobada.

En el marco de la legislación garantista que emitía el Consejo Municipal, se prohibió también el trabajo nocturno de los panaderos.

Especial importancia tuvo el decreto que anulaba los intereses de las deudas y posponía el cumplimiento del plazo de éstas en caso de que hubieran sido contraídas durante el sitio de la ciudad. Esta medida amplió la base social de la comuna y le granjeó aliados en Francia. La Unión Republicana, compuesta principalmente por tenderos y artesanos, lo que Marx llama pequeña burguesía, llamó a la insurrección en todos los departamentos y a apoyar a la Comuna. Además, surgió un Partido de la Conciliación que buscaba un compromiso entre Versalles y París para atajar la guerra civil.

Se anularon las deudas debidas por el pago de alquileres durante el sitio, lo cual benefició a los trabajadores y a las viudas de los caídos durante la guerra.

Por último, se prohibieron las multas impuestas por los jefes en los puestos de trabajo. Era un hecho habitual reducir el salario de los trabajadores a través del empleo de este recurso de manera extensiva y sin causa justificada, y su anulación era una demanda apremiante para los trabajadores.

Un hecho muy polémico fue el rechazo de la Comisión de Finanzas de tomar y emplear las reservas monetarias que el gobierno había abandonado en el Banco de Francia. La justificación que dio su responsable, Francis Jourde, fue que su uso masivo habría aumentado la inflación tanto como para anular el valor de la moneda en la ciudad.

Política y sociedad

Una de las primeras medidas implementadas por la Comuna fue la anulación del ejército profesional, estableciendo como fuerza armada a la Guardia Nacional.

La separación absoluta entre Iglesia y Estado también fue decretada con rapidez. Numerosos bienes eclesiásticos fueron socializados y algunos subastados para obtener fondos. Marx, ante las acusaciones de ataque a la Iglesia y a la religión por parte de la comuna, recuerda que los fondos obtenidos por los communards son mucho menores de los que obtuvieron los regímenes liberales en desamortizaciones similares tanto en Francia como en Gran Bretaña.

Se estableció la Unión de Mujeres por la Defensa de París, fundada por activistas y muy activa políticamente. Numerosas mujeres integraron la Guardia Nacional y participaron de alguna manera en la defensa de la ciudad y surgieron numerosas cooperativas integradas por ellas. Cabe destacar, sin embargo, que de la misma manera en que las elecciones al Consejo Municipal se llevaron a cabo con sufragio universal masculino, los elegidos para el mismo fueron todos hombres. El gobierno de Thiers lanzó una campaña propagandística según la cual en la capital se estaba atentando contra las costumbres. Inventó la figura de las petroleuses, literalmente “las petroleras”, mujeres incendiarias, con el objetivo de estigmatizar a las mujeres armadas y generar rechazo en las provincias.

La Comuna aprobó también pensiones de viudedad para las compañeras, casadas o no, de guardias nacionales caídos y para sus hijos, independientemente de si habían nacido de una relación marital o fuera de ella. Las prestaciones significaban una ruptura clara con la concepción de la familia mononuclear sellada religiosamente tal y como era defendida por la Iglesia católica.

Una cuestión esencial de la organización de la comuna era la amplia autonomía de los arrondissements y de los quartiers, los barrios y otras divisiones de la ciudad. En ellos los trabajadores establecieron centros de beneficencia, orfanatos, cooperativas y distintos tipos de instituciones autónomas de la autoridad central. El localismo que animó e hizo funcionar estas iniciativas también se demostró perjudicial cuando, ante la ofensiva gubernamental, la falta de coordinación de las fuerzas defensoras se hizo patente.

Las relaciones con el resto de Francia fueron escasas. Los levantamientos que pretendían imitar a los communards fueron aplastados, y a pesar de la oferta de la comuna de reconocer al gobierno de Thiers a cambio de permitir la existencia de ciudades autónomas, en Versalles solo se pensaba en recuperar la ciudad por la vía militar.

Por otro lado, numerosos no franceses asumieron cargos de responsabilidad en el gobierno del París revolucionario. La vocación internacionalista de la Comuna se materializó en la destrucción de la Columna de la Vendôme, en la plaza homónima, símbolo de las conquistas de Napoleón I. El derribo, propuesto por el pintor Gustave Courbet, había sido rechazado en septiembre por el Gobierno de Defensa Nacional. Según Courbet, el monumento era un símbolo “a la fuerza bruta y al orgullo falso”. El pintor, arrestado tras la caída de la Comuna, fue obligado a financiar la reconstrucción de la columna.

André Devambez, “La barricada” o “Esperando” (Musée National des Châteaux, Versalles). Fuente: La Historia a Cuadros.

La caída de la Comuna

Tras el rechazo a avanzar inmediatamente sobre Versalles, la Comuna adoptó una estrategia eminentemente defensiva. Con los combates arreciando en los suburbios de la ciudad, la milicia de la Comuna lanzó un ataque en dirección al mismo Versalles a principios de abril. Uno de sus flancos, comandado por Flourens, quedó parcialmente aislado en territorio enemigo. El veterano revolucionario fue reconocido por las tropas enemigas e inmediatamente ejecutado por un oficial.

Bismark, temeroso de que la Comuna pudiera ser imitada fuera de Francia, decidió colaborar con los versallistas. Los alemanes no sólo abrieron paso a las tropas de Thiers, sino que su recién nacido imperio empezó a traer de vuelta a los soldados y oficiales franceses capturados en Sedán y Metz. El ejército profesional bonapartista, que había permanecido recluido en campos de prisioneros en Alemania, no se había visto afectado por la radicalización de París. Las ejecuciones de presos políticos ya habían dado comienzo de forma extensiva en Versalles. La Comuna declaró a primeros de abril que todos los que tuvieran relación con el Gobierno de Defensa Nacional serían tomados como rehenes en un intento de forzar a Thiers a parar los fusilamientos. Si bien estos remitieron, un nuevo repunte en ejecuciones a finales de mes llevó a la Comuna a fusilar al arzobispo de París y a otras 63 personas. Todos ellos habían sido propuestos por los communards para ser canjeados por un solo hombre, Blanqui, sin éxito.

El general Mac Mahon, derrotado en Lorena y en la propia Sedán por el ejército prusiano encabezó la ofensiva de la Tercera República contra París. Su acceso por la Puerta de Saint Cloud y los barrios ricos, se dice, estuvo facilitado por elementos quintacolumnistas. Los combates por la ciudad duraron más de una semana, la conocida como semaine sanglante, durante la cual los communards se defendieron calle por calle. Las bajas en combate entre los defensores, según los estudiosos, superan los 6000, mientras que las de los versallistas no alcanzaron el millar. La represión posterior a la ocupación de París causó entre 20.000 y 30.000 muertos de todas las edades, entre ellos centenares de mujeres acusadas de ser petroleuses. Entre los que fueron juzgados, al estar la pena de muerte prohibida en Francia, muchos fueron encarcelados o deportados a Nueva Caledonia o a la Guyana. Este fue el destino, por ejemplo, de Blanqui. En 1889 se aprobaría una amnistía general.

La comuna tuvo y tiene una fuerte repercusión en el imaginario del movimiento obrero internacional, y esto lo demuestran los textos de distintos pensadores de izquierdas sobre el París de entre marzo y mayo de 1871. Marx, por su parte, escribió el único texto en el que habla de instituciones revolucionarias de toda su obra, ampliando también, por cierto, su crítica al Estado, que ya había expuesto en el 18 Brumario de Luis Bonaparte. La rápida desaparición de la Comuna hace difícil saber qué camino habrían seguido los parisinos que participaron en su establecimiento, y explica la corta lista de medidas que aprobaron los communards. Su efímera existencia ha sido utilizada, a veces de manera jocosa, por muchos izquierdistas a lo largo de la Historia para indicar que si una revolución sobrevivía más de los 72 días de la Comuna podía considerarse como un éxito.

Bibliografía y referencias:

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