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¿Puede la inteligencia artificial china ganar a Estados Unidos?

China afronta una creciente presión comercial sobre un modelo económico que durante décadas ha utilizado la inversión pública y la política industrial para desarrollar sectores capaces de competir internacionalmente.

Estados Unidos y la Unión Europea han elevado las barreras frente a determinados productos chinos, mientras Pekín trata de mantener su capacidad exportadora y avanzar hacia nuevas industrias como la inteligencia artificial, la robótica o los medicamentos avanzados.

El modelo chino se apoya en una estrategia aplicada desde las primeras etapas de la reforma económica: el Estado identifica sectores prioritarios, dirige financiación hacia ellos y permite que las empresas alcancen una escala suficiente para competir posteriormente en los mercados internacionales.

El proceso ha contribuido a convertir al país en una potencia manufacturera y a situarlo en posiciones de liderazgo en sectores como los vehículos eléctricos, las baterías o los paneles solares.

Para ampliar: China ante sus desequilibrios económicos: sobreproducción, deuda local y fin del boom inmobiliario

Esta capacidad industrial también genera tensiones con el exterior. Estados Unidos ha optado por una política comercial más agresiva contra China y utiliza los aranceles como una herramienta económica y de negociación. La Unión Europea, por su parte, sigue una estrategia más gradual, condicionada por sus procedimientos internos y por la necesidad de alcanzar acuerdos entre los Estados miembros.

Pekín cuenta, sin embargo, con margen para redirigir sus exportaciones. Las barreras estadounidenses pueden provocar que parte de los productos chinos se desplacen hacia otros países o lleguen al mercado norteamericano a través de terceros Estados.

El principal problema para la potencia asiática es que Estados Unidos y Europa continúan siendo mercados de gran tamaño y elevado poder adquisitivo. Una restricción sostenida del acceso a ambos supondría un desafío para una economía cuya enorme capacidad industrial necesita mercados exteriores capaces de absorber su producción.

Los límites del modelo chino

La segunda vulnerabilidad se encuentra dentro de la propia economía china. La inversión resulta especialmente efectiva durante las primeras fases de industrialización, cuando un país necesita construir carreteras, puertos, ferrocarriles, fábricas, hospitales y otras infraestructuras básicas.

El problema aparece cuando esas necesidades empiezan a estar cubiertas. Las nuevas inversiones generan rendimientos menores. La construcción de una infraestructura adicional puede sostener temporalmente el crecimiento y el empleo, pero ya no produce el mismo efecto transformador que durante las primeras etapas del desarrollo.

China mantiene una fuerte dependencia de este modelo y buena parte de la inversión continúa dirigida por las diferentes estructuras estatales. El resultado ha sido también un importante crecimiento del endeudamiento.

Pekín lleva años planteando una transición hacia una economía con mayor peso del consumo interno. Para conseguirlo tendría que aumentar la capacidad adquisitiva de los hogares y reforzar ámbitos como las pensiones, la sanidad o los servicios públicos, reduciendo así la necesidad de mantener elevadas tasas de ahorro.

Sin embargo, esta transición presenta importantes dificultades políticas. Un sistema basado en el consumo concede un mayor peso a las decisiones económicas de los ciudadanos frente a una estructura en la que el Partido Comunista de China (PCCh) conserva una elevada capacidad para dirigir la inversión y determinar qué sectores reciben recursos.

Inteligencia artificial, la prioridad de China

Dentro de esta estrategia industrial, Pekín está apostando por tres nuevos sectores prioritarios: inteligencia artificial, robótica y medicamentos avanzados. La inteligencia artificial presenta una particularidad frente a industrias como los vehículos eléctricos. Las principales empresas chinas están desarrollando modelos abiertos que pueden descargarse, modificarse y utilizarse sin pagar directamente al desarrollador original.

Esta estrategia reduce inicialmente la capacidad de generar ingresos, pero facilita una expansión rápida del ecosistema tecnológico chino. Los usuarios pueden adoptar estos modelos gratuitamente y recurrir posteriormente a las compañías desarrolladoras para servicios especializados.

El avance está aumentando además la presión sobre empresas estadounidenses como OpenAI o Anthropic. Los modelos chinos se aproximan progresivamente a sus capacidades mientras ofrecen costes considerablemente inferiores.

El principal valor económico de la inteligencia artificial podría encontrarse, asimismo, no solamente en desarrollar los modelos más avanzados, sino en incorporarlos al resto de la economía. China dispone de una extensa base manufacturera y de capacidades de ingeniería que podrían facilitar su integración en fábricas, sistemas robóticos, automóviles y otros procesos productivos.

Pekín puede así combinar dos estrategias: competir por desarrollar los modelos de inteligencia artificial más potentes y, simultáneamente, desplegar sistemas menos avanzados de manera masiva en su estructura industrial.

Esa capacidad de trasladar los avances tecnológicos hacia la producción constituye uno de los principales elementos de la competición económica entre China y Estados Unidos.

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