
El próximo 8 de septiembre de 2025, las elecciones en Noruega renovarán los 169 escaños del Storting, su asamblea legislativa unicameral. Estos comicios no solo definirán la nueva composición del órgano legislativo, sino también las futuras correlaciones de fuerza que abrirán la puerta para la formación del próximo gobierno.
El actual primer ministro, Jonas Gahr Støre, líder del Partido Laborista (Arbeiderpartiet), afronta este proceso electoral con un gobierno debilitado y una popularidad decreciente. El resultado de estos comicios se prevé especialmente significativo, no solo por el crecimiento sostenido de la extrema derecha, sino por la fragmentación del centro político y el desgaste del oficialismo.
Desde las elecciones generales de 2021, el escenario político noruego ha estado caracterizado por una fragmentación estructural, rasgo constante en la historia reciente del país. En aquella ocasión, el Partido Laborista obtuvo una mayoría relativa que le permitió formar un gobierno de coalición con el Partido del Centro (Senterpartiet) y con el apoyo parlamentario del Partido de Izquierda Socialista (Sosialistisk Venstreparti, SV).
Este acuerdo permitió desbancar a la primera ministra saliente, la conservadora Erna Solberg, líder del Partido Conservador (Høyre), quien había ejercido el cargo desde 2013 con el respaldo, en parte sustancial de su mandato, del Partido del Progreso (Fremskrittspartiet, FrP), una formación de extrema derecha con larga trayectoria en la política nacional.
Cabe destacar que la inclusión del FrP en los gobiernos de Solberg –aunque en su fase final dicho partido se apartó del ejecutivo– sirvió como argumento legitimador para que los laboristas establecieran alianzas con el SV, pese a sus diferencias ideológicas. A diferencia de otras formaciones de extrema derecha emergentes en Europa, el FrP cuenta con una base electoral consolidada y una presencia institucional sostenida desde la década de 1990, por lo que su papel en la política noruega no puede ser interpretado como un fenómeno meramente coyuntural.
Las encuestas en Noruega
Los estudios demoscópicos más recientes para las elecciones en Noruega anticipan un cambio importante en el equilibrio político nacional. Los partidos que conforman el bloque de la derecha –el conservador Høyre y el ultraderechista Fremskrittspartiet– podrían alcanzar un voto conjunto en torno al 40%. Este dato no solo representa una recuperación respecto al desempeño de 2021, sino que también revela una reconfiguración dentro del propio bloque.
Durante varios años, Høyre ha liderado la oposición de centroderecha, con el FrP desempeñando un rol subordinado o de socio menor. Sin embargo, las proyecciones actuales apuntan a un cambio en esta dinámica: el FrP, encabezado por Sylvi Listhaug, podría superar por primera vez a los conservadores en intención de voto, lo que le otorgaría la posibilidad de encabezar un eventual gobierno de coalición. En dicho escenario, Listhaug podría asumir el rol de primera ministra, desplazando a Erna Solberg a un papel secundario… siempre y cuando la líder de Høyre estuviera dispuesta a ello.
En términos porcentuales, el Partido Laborista se mantendría como primera fuerza política tras las elecciones, aunque con un desempeño débil en torno al 26%, cerca de los números del 2021.
El Fremskrittspartiet podría alcanzar el 22%, mientras que Høyre se ubicaría en torno al 15%. La suma de ambas formaciones de derecha alcanzaría una cifra contundente, aunque probablemente insuficiente para conformar una mayoría parlamentaria. En consecuencia, los partidos menores del espectro de centroderecha, como los liberales (Venstre) o los demócrata-cristianos (Kristelig Folkeparti), podrían tener la llave para que Listhaug pueda ser primera ministra.
Por otro lado, las formaciones de izquierda más allá del laborismo se mantendrían en cifras bajas. Tanto el SV como el partido Rødt –este último se ha caracterizado por su negativa a integrarse en gobiernos liderados por los laboristas– conservarían su presencia parlamentaria con porcentajes que rondarían el 6%. La debacle que se le presume al Partido del Centro completa el dibujo de los sondeos en Noruega.
El auge de la derecha radical
Fremskrittspartiet no puede ser considerada un fenómeno nuevo o emergente –como otros partidos homólogos en Europa–, así como no puede encuadrarse estrictamente en los marcos tradicionales de la “nueva” derecha radical. El FrP fue fundado en los años 1970 y adquirió relevancia en la escena nacional durante los años 1990 bajo el liderazgo de Carl I. Hagen. No obstante, no ingresó en el gobierno hasta 2013, cuando se integró en la coalición liderada por Solberg.
En las elecciones en Noruega de 2005 y 2009, el FrP superó la barrera simbólica del 20% de los votos, estableciendo una base electoral sólida, especialmente entre sectores rurales, clases trabajadoras desencantadas y votantes con un perfil xenófobo y antiinmigración. En 2009, con Siv Jensen al frente, alcanzó su mejor resultado histórico con un 22,9%.
Actualmente, bajo el liderazgo de Listhaug, el partido ha virado aún más hacia un discurso centrado en el rechazo a la inmigración. Si los pronósticos de las encuestadoras se confirman, 2025 podría marcar un nuevo récord electoral para la formación, que aspira a acercarse al 25% como techo.
El FrP ha logrado desplazar la ventana de Overton del debate público en Noruega hacia posiciones más restrictivas en materia migratoria y más escépticas frente a la integración europea. Incluso partidos tradicionales como el Laborista o el Conservador han adoptado ciertas retóricas y medidas que anteriormente solo podían leerse en los programas y relatos de la extrema derecha.
Elecciones en Noruega: Listhaug o Gran Coalición
A la luz de las proyecciones actuales, el escenario poselectoral en Noruega se anticipa especialmente complejo. Una eventual reedición del gobierno liderado por los laboristas parece improbable, incluso en caso de que Støre conserve la primera posición como advierten los sondeos.
La pérdida de apoyo del Partido del Centro y las tensiones con SV dificultan la posibilidad de articular una alianza parlamentaria viable que, por otro lado, estaría lejos de la mayoría absoluta. La suma de los laboristas con los centristas y el SV probablemente no alcanzaría los 85 escaños necesarios para conformar gobierno, salvo que se incorporen otras fuerzas menores, como los verdes o los liberales, lo cual complica todavía más el puzle de Støre.

Por su parte, la suma FrP-Høyre se acercaría al “número mágico”, pero igualmente necesitaría más apoyos. La posibilidad de que Sylvi Listhaug lidere un gobierno respaldado por Solberg no puede ser descartada, aunque exigiría negociaciones multipartidarias.
Otra alternativa que algunos analistas contemplan es la formación de una gran coalición entre el Partido Laborista y Høyre, que podría plantearse como una solución bajo la narrativa del pragmatismo ante el riesgo de ingobernabilidad. Pero, incluso en este escenario, la aritmética parlamentaria podría no ser suficiente, y sería necesario contar con apoyos adicionales de otras formaciones moderadas, como los centristas o los liberales. Este acuerdo, en cualquier caso, sería más “sencillo” que otros.
La crisis del gobierno de Støre
El gobierno liderado por Jonas Gahr Støre ha enfrentado sendas crisis desde su formación en 2021. La coalición con el Partido del Centro y el apoyo externo del SV fue necesaria para la investidura de Støre como primer ministro, pero obligó a concesiones y tensiones.
La ruptura se produjo apenas unos meses antes de las elecciones de septiembre –tan cerca que ni siquiera se valoró favorable adelantarlas–. El Partido del Centro, a raíz de las controversias suscitadas por la aplicación del denominado "paquete energético" europeo –un conjunto de normativas comunitarias destinadas a armonizar los mercados de energía dentro del Espacio Económico Europeo (EEE), al cual Noruega pertenece pese a no ser miembro pleno del club comunitario–, decidió desvincularse del ejecutivo.
La decisión se asociaba con el fundamento mismo del espacio. Los centristas disponen de una base electoral rural y tradicionalmente escéptica respecto a la influencia de Bruselas. En consecuencia, el partido criticó que la implementación de dicho paquete habría de implicar un aumento de los precios de la energía en el país, afectando principalmente a las zonas no urbanas.
La ruptura no se pudo evitar, y aunque no se convocaron elecciones anticipadas, la salida del Partido del Centro del ejecutivo debilitó considerablemente al gobierno de Støre, tanto en términos parlamentarios como en legitimidad social. La gestión de esta crisis y el posicionamiento del primer ministro a favor de una mayor integración normativa con Europa fueron percibidos por ciertos sectores como una traición a la soberanía energética del país, alimentando así el discurso euroescéptico que el FrP ha sabido capitalizar con eficacia.
Además, el liderazgo de Trygve Slagsvold Vedum en el bloque centrista, quien ejercía como ministro de Finanzas hasta la ruptura, quedó seriamente erosionado. Su partido ha perdido apoyo sostenidamente desde su incorporación al gobierno, y las encuestas actuales proyectan una caída de más del 50% en comparación con sus resultados de 2021, situándolo en torno al 6%. Este colapso no solo tiene implicaciones para el equilibrio general del parlamento, sino que también afecta la posibilidad de rearticular una coalición progresista en el corto plazo.
La debilidad del gobierno laborista, evidenciada tanto en su capacidad de retener aliados como en su respuesta ante los desafíos estructurales, ha abierto un escenario político particular antes de las elecciones en Noruega.
El desgaste del oficialismo, la fragmentación del centro político y el ascenso de una extrema derecha con vocación de poder configuran una situación altamente volátil, cuya resolución dependerá no solo del resultado electoral, sino también de la capacidad de negociación y flexibilidad estratégica de todos los actores políticos.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







