
El Partido de la Libertad (FPÖ) ha logrado el mayor número de escaños en las elecciones parlamentarias de Austria del 29 de septiembre de 2024. Con en torno a un 29% de los sufragios, ha consolidado 58 asientos en la cámara –un notable ascenso, pues el partido disponía de 27 durante la pasada legislatura–. El Partido Popular Austríaco, que ha obtenido alrededor del 26% de los votos, pierde 18 diputados, aunque sostiene la segunda posición en el Nationalrat con 53 bancas.
El tercer partido en términos de representación legislativa ha sido el Partido Socialdemócrata de Austria, que ha mantenido su predominio en el campo de la izquierda y el centroizquierda nacional: 41 diputados con algo más del 20% de los votos. Por detrás, otras dos formaciones logran sostener su representación en la cámara: NEOS, de corte liberal –17 asientos con cerca del 9%– y Die Grünen, los verdes austríacos –15 bancas, tras un descenso notable desde los 26 diputados que tenían anteriormente–. El Partido Comunista, que había logrado un notable resultado recientemente en Salzburgo, no ha conseguido representación.
Tras estos comicios, Austria se suma al bloque de países europeos en los que la derecha radical se posiciona como la principal fuerza en términos de voto y en términos de representación parlamentaria. El desgaste de los partidos tradicionales se ha debido a la compleja articulación de minorías de gobierno por parte del Partido Popular durante los últimos años, aunque también por aspectos de liderazgos y críticas cruzadas. Previamente, el presidente Alexander van der Bellen había llegado a la jefatura del Estado a través de un verdadero cordón sanitario contra el FPÖ.
La ruptura entre los populares y el Partido de la Libertad a lo largo de la última legislatura se ha sumado a las críticas políticas al gobierno austríaco y a una compleja situación económica que ha restado efectividad electoral al discurso contra la extrema derecha. El crecimiento del FPÖ de Herbert Kickl, blanco principal de las críticas al partido, que ha portado como insignia el discurso antiislam y antiinmigración, se funda parcialmente en la deslegitimación de los sectores que han venido criticando a la derecha radical.
Ciertamente, el saliente gobierno conservador del país ya había puesto sobre la mesa mayores controles migratorios, no solo en relación al exterior de la Unión Europea, sino incluso para Rumanía o Bulgaria.
Con la nueva configuración parlamentaria, que deja al Partido de la Libertad como el bloque mayoritario, varias son las opciones para la formación de gobierno. El Partido Popular de Karl Nehammer y el Partido Socialdemócrata de Andreas Babler podrían apostar por una gran coalición que suma, tras los comicios, 94 de los 183 escaños de la cámara. En caso de necesitar reforzar su legitimidad, podrían optar por incluir en el acuerdo bien a los liberales de NEOS, bien a los verdes de Die Grünen –o, incluso, a ambos–.
La segunda opción viable en términos numéricos sería un acuerdo entre el FPÖ y los populares que, no obstante, impida que Kickl acceda al puesto de canciller a cambio de compensaciones en términos de ministerios o programa de gobierno al Partido de la Libertad. En el caso de este escenario, sin duda el asunto migratorio sería el eje práctico y discursivo del nuevo gobierno austríaco.
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