El Tablero Latinoamericano (II): La Unión Europea

Escrito por Laura Revenga

Durante estos últimos años, hemos presenciado cómo han emergido y expandido nuevas potencias y actores en América Latina y el Caribe (ALC por sus siglas), en particular China, Corea del Sur, Japón, la India, Turquía, entre otros. Pese que la expansión en ALC de todos estos actores extra regionales ha sido desigual; lo que más preocupa a Bruselas es la presencia de China. Asimismo, el ejecutivo de Donald Trump no ha dudado en cuestionar sus alianzas tradicionales, como las que tiene con Europa. Bruselas considera a ALC una solución para solución para solventar estas dos cuestiones, manteniendo aliados cruciales y mantener una posición relevante en el actual tablero internacional (1).

Los vínculos entre la Unión Europea (UE por sus siglas) y América Latina y el Caribe se remontan al siglo XV. En 1492, Cristóbal Colón desembarcó en las Américas y las principales potencias en Europa enviarían expediciones hacia esta región y el inicio del período de colonización. Con el Tratado de Tordesillas de 1494, España y Portugal delimitaron sus áreas de influencia en la región.

Al mismo tiempo y varios siglos después, nuevas potencias europeas como Reino Unido (fue Estado miembro de la UE entre 1973 y 2020) y Francia principalmente se pugnarían por el control de la región. Asimismo, otros estados de la UE: Italia, Alemania, Dinamarca, Países Bajos, Suecia dominarían por poco tiempo algún territorio o países en la región.

Durante finales del siglo XVIII y el siglo XIX, la mayoría de los países de la región obtendrían su independencia. No obstante, el nacimiento de algunos de estos estados no significaron el fin de la influencia de los estados europeos.

Las actuales relaciones entre la Unión Europea y los estados de América Latina y el Caribe comenzaron a formarse a principios de la década de 1960, cuando México y Brasil mantuvieron sus primeras relaciones diplomáticas con la Comunidad Económica Europea (posteriormente, la actual Unión Europea). En 1999 se fundó en Río de Janeiro, la Asociación Estratégica entre la UE y los países de ALC (2).

Pese que, las relaciones diplomáticas entre ambos actores se distanciaron a principios de la primera década del siglo XXI; la anterior Alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini se ha interesado particularmente por Latinoamérica (3).

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Gráfico 1: “Comercio de la UE con los foros/Estados de ALC y clasificación de los socios comerciales de ALC en 2017”. Fuente: https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/IDAN/2018/625186/EPRS_IDA(2018)625186_EN.pdf

La estrategia de la Unión Europea va a acorde a su manera de concebir las relaciones internacionales. En 2011, se aprobó en el Diario Oficial de la Unión Europea, una nueva estrategia de la UE con sus socios de ALC. En este documento se hace hincapié en el ámbito político de la asociación estratégica birregional (4). No obstante, este plan ha tenido relativo éxito, ya que el regionalismo latinoamericano alentaron a la UE a establecer relaciones bilaterales. Sin embargo, el nuevo Alto Representante de Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrel se ha comprometido a hacer “todo lo posible” para que la Unión Europea preste más atención a la región (5).

Los países de América Latina y el Caribe se enfrentan a una población en aumento y unas infraestructuras insuficientes para desarrollar una economía altamente competitiva. En este punto, la UE ha impulsado un programa de inversiones y comercio por la región de ALC. Bruselas está centrando su interés en tres ejes.

En primer lugar, Bruselas ha concentrado sus esfuerzos en el ámbito de la educación con el programa Erasmus+. Desde 2015, Erasmus+ también permite la movilidad de corta duración para estudiantes, investigadores y personal de otras partes del mundo (incluyendo a algunos Estados de ALC, por ejemplo: Brasil, Chile, Argentina, entre otros) hacia Europa. El presupuesto para América Latina representa casi el 5% de toda la financiación disponible de este programa. Asimismo, Brasil y México fueron los dos países de todo el mundo que recibieron más becas del programa Erasmus Mundus (6). Este programa podría convertirse en uno de los instrumentos más útiles que dispone Bruselas para mejorar su presencia e influencia en la región.

En segundo lugar, las empresas europeas se han establecido en la región contratado a trabajadores locales y sin un enfoque tan marcado en la merca adquisición de materias primas. Asimismo, desde 1994, la Unión Europea lanzó el programa “Al-Invest” para lograr la internacionalización de micro, pequeñas y medianas empresas de 18 países de América Latina. Cabría mencionar que, la cooperación de estas empresas han tenido acceso a más de 2,500 firmas para profesionalizarlas y ayudarlas a acceder a mercados internacionales (7). Este enfoque puede ser una ventaja, ya que varios estados en ALC están intentando diversificar sus modelos económicos (8).

En tercer lugar, aunque la participación económica de todos los estados miembros de la Unión Europea no es homogénea. No obstante, países como: España, Portugal, Francia o Alemania tienen un gran peso en la economía de ALC. Cabría destacar que, las empresas españolas mantienen en la región el mayor stock de inversión en el exterior, equivalente a un tercio de la inversión agregada de España en el mundo (9). Si la Unión Europea consigue una mayor participación económica de otros estados miembros en ALC podría ser ventajosa a largo plazo para el mantenimiento de la influencia de Bruselas en la región.

El resto de los actores en América Latina y el Caribe también están realizando inversiones en diversos ámbitos, como el: comercio, la venta de armas, entre otros. La Unión Europea posee una ventaja con respecto a otros competidores como los EE. UU. Este as en la manga reside en que, la Unión Europea ha jugado un papel muy importante en algunas iniciativas latinoamericanas, como por ejemplo la Alianza del Pacífico (conformado por: Chile, Colombia, México y Perú) por sus políticas liberales y la apertura comercial.

De los 52 Estados observadores de la Alianza del Pacífico, 21 son miembros de la Unión Europea. Esto podría significar la disminución progresiva de las diferencias regulatorias (10) y que este impulso por las políticas liberales y la apertura comercial se extienda por la región.

La diplomacia y cooperación ha sido otro punto fuerte para los intereses europeos.

Más allá de la apuesta económica de la UE en ALC, que se analizará en la siguiente parte; se debe destacar su posición activa respecto a la vida política de la región y un aumento general de las relaciones diplomáticas de todos los EM.

Sobre la actual tensión en Venezuela, el anterior presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk y el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani instaron a los socios de la Unión de reconocer al autoproclamado líder opositor de Venezuela, Juan Guaidó, como presidente interino del país (11). No obstante, actualmente la Unión Europea intenta mantener una posición neutral en esta cuestión.

Asimismo, América Latina es una región importante para la UE en el ciberespacio. Muchos estados de ALC han expresados puntos de vista similares a los de la UE, por ejemplo: que Internet debe permanecer libre y abierto y que un ciberespacio seguro debe estar basado en reglas y derechos.

La UE en su comunicación conjunta de 2019 propone fortalecer su asociación política con ALC en el avance de la economía digital y se menciona la ciberseguridad como un área para la cooperación. También se menciona explícitamente la cooperación en la gobernanza mundial de la ciberseguridad y las amenazas híbridas.

Cabría mencionar que desde 2018, la Dirección General de Redes de Comunicación, Contenido y Tecnología de la Comisión Europea (CONNECT) centra una parte de sus esfuerzos en la protección de datos personales, para lo cual coopera con Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay (12).

En el plano multilateral, América Latina y el Caribe son socios fundamentales de la UE en los foros multilaterales, en áreas como el cambio climático, el desarrollo sostenible, la paz, la seguridad y los derechos humanos.

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