El puente aéreo de Berlín

Aviones Douglas C-47 Skytrain en Tempelhof (Air Mobility Command Museum)
Hilera de aviones Douglas C-47 Skytrain en el aeropuerto de Tempelhof, Berlín (Air Mobility Command Museum)

Por Ignacio González Casado

Pocos hechos en la historia han sido tan importantes para Europa a la par que tan desconocidos entre sus propios habitantes. El puente aéreo de Berlín es uno de los primeros episodios de cooperación entre los estados occidentales que abriría la puerta a futuras alianzas e instituciones nacidas de la voluntad y la necesidad de reconstruir un continente devastado por la guerra. En menos de 1 año, cientos de aviones abastecieron a Berlín Occidental con toneladas de comida en lo que fue el puente aéreo más grande de la historia y uno de los primeros capítulos de la Guerra Fría.

Lecciones de Versalles

Tras la Segunda Guerra Mundial y la división del territorio germano entre las potencias vencedoras, estas se encontraban frente a un dilema al que ya se habían enfrentado 26 años antes: qué hacer con el pueblo alemán. Cuando Truman, Churchill (sustituido posteriormente por Clement Attlee) y Stalin se reunieron en las conferencias de Yalta y Potsdam en 1945, todos tenían presente que no querían repetir los errores del pasado y que una nueva humillación a Alemania volvería a desembocar en el resentimiento que había precedido al conflicto. En ambas conferencias ya se veían las diferencias entre dos bloques a los que solo les unía un enemigo común ya vencido, y las reuniones posteriores de sus ministros de exteriores en París, Moscú y Londres sólo vinieron a confirmar las posturas cada vez más distantes de las potencias ocupantes y los diferentes planes que ambos bandos tenían para el pueblo germano.

A las potencias occidentales, la ocupación de Alemania le estaba pasando factura: sólo a Gran Bretaña le costaba mantenerse en suelo alemán 80 millones de dólares al año, por lo que los británicos estaban “pagando indemnizaciones a los alemanes” como decía Hugh Dalton, ministro inglés de Economía y Hacienda. Es por eso que, tanto ellos como los norteamericanos, pronto se dieron cuenta de que serían los propios germanos los que tendrían que cargar con el peso de su reconstrucción. Así, en 1947 formaron el Área Económica Unida, más conocida como la Bizona, de forma bilateral. En 1949 se uniría la parte francesa para formar la Trizona, que con la entrada en vigor de la Ley Fundamental ese mismo año pasaría a ser la República Federal Alemana.

La Unión Soviética tenía otros planes su parte ocupada. Tras el daño recibido por las campañas de Hitler en suelo ruso, los soviéticos querían recibir indemnizaciones por la guerra (al igual que Francia, la otra gran damnificada, que finalmente abandonó esta postura para evitar tensiones con EE.UU.). Esto ya había despertado el recelo entre los países occidentales, cuya pretensión era reconstruir Alemania. Pero la ruptura definitiva llegó con la formación de la RFA, a lo que Moscú respondió de manera simétrica constituyendo la República Democrática Alemana y cortando el transporte por superficie con su homóloga al oeste. En medio del territorio soviético, Berlín Occidental quedó incomunicado y sus habitantes pronto se verían desabastecidos.

El bloqueo de Berlín fue la respuesta de Stalin a la formación de un Estado alemán occidental y un aviso a las potencias aliadas de que o daban marcha atrás en sus planes de cooperación o tendrían que dar por perdida la capital alemana. Lejos de retroceder, el 26 de junio de 1948, apenas 48 horas después de cortarse las comunicaciones, los aliados occidentales consiguieron que el primer avión de carga aterrizaba en el aeropuerto berlinés de Tempelhof.

De bombas a uvas

La Operación Vittles, como fue llamado el puente aéreo, abasteció a un Berlín devastado por la guerra, sin electricidad y con unos servicios básicos insuficientes con carbón, medicinas y alimentos para los dos millones de habitantes que se habían quedado aislados. Mediante 3 corredores aéreos acordados anteriormente con los soviéticos y un gran esfuerzo logístico, un avión conseguía aterrizar cada 90 segundos en uno de los tres aeropuertos de la capital. En total, más de 300 aeronaves siempre operativas y 277.500 vuelos realizados en su mayoría por la aviación inglesa y americana, hicieron que 2,3 millones de toneladas de alimentos llegaron a Berlín en lo que duró la operación. Se recorrieron unos 175 millones de km (la distancia equivalente a 4.400 vueltas alrededor del mundo) y se transportaron 227.655 pasajeros en total. Sin esta operación los habitantes de la ciudad no hubieran sobrevivido, como reconocieron el gobernador militar estadounidense en Alemania, el general Lucius D. Clay, y el entonces alcalde de Berlín Occidental, Ernst Reuter, que dieron luz verde a la operación. Los modelos C-47 y C-54 que años antes fueron usados en la guerra ahora eran los que salvaban la ciudad.

De entre todas las personas que formaron parte de esta gesta de la aviación destaca el piloto estadounidense Gail Halvorsen, que en sus aterrizajes lanzaba pequeños paracaídas improvisados de tela de los que colgaban chocolates o golosinas. Pronto, los demás aviadores siguieron su ejemplo y los Rosinenbomber o ‘bombarderos de pasas’, como los apodaría la gente, llegarían a dejar caer sobre el cielo de Berlín más de 23 toneladas de golosinas.

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Un C-54 aterriza en el aeropuerto de Tempelhof ante la atenta mirada de cientos de niños. (Henry Ryes/ USAF)

Tras 11 meses de bloqueo, el 12 de mayo de 1949 los soviéticos deciden poner fin a esta situación ante la negativa de EE.UU. Francia y Gran Bretaña de retroceder en Alemania Occidental, y el transporte terrestre y fluvial fue restablecido. Aun así, el puente aéreo se mantuvo hasta septiembre de ese mismo año ante la desconfianza en los planes de Stalin. En total, 39 británicos, 31 estadounidenses y 9 alemanes perdieron la vida. En el aeropuerto de Tempelhof, un monumento conmemora a las víctimas de esta operación y al puente aéreo que salvó a millones de personas.

El futuro de Europa

La crisis de Berlín no sólo no sirvió para frenar la cooperación de las potencias occidentales sino que tuvo grandes consecuencias sobre el futuro de Alemania Occidental y de toda Europa. El bloqueo de la ciudad y el puente aéreo de 1949 convencieron a Francia, Gran Bretaña y los EE.UU. de la necesidad de cooperación ante los planes de la Unión Soviética, y aceleró la formación de la RFA y la RDA que dividirían Alemania durante los próximos 30 años. Además, el hecho de abastecer a la población de Berlín hizo que los países occidentales se ganaran la simpatía de sus habitantes y, aunque seguían siendo ocupantes, estos ya se perfilaban como la mejor opción frente a los soviéticos.

Esta operación aérea también fue el primer episodio en el que EE.UU. se vio obligado a contar con una importante presencia militar en Europa por tiempo indefinido tras la guerra. Desde entonces, las tropas norteamericanas no han abandonado Alemania, primero como ocupantes y años más tarde con la OTAN, organización con la que siguen desplegadas en suelo germano hasta el día de hoy.

También quedó claro que para hacer frente a la amenaza que suponía la URSS en Europa (donde no sólo Alemania, sino Checoslovaquia había cambiado su rumbo hacia el comunismo con el Golpe de Praga en 1948 y Grecia debatía su futuro en una guerra civil), Occidente debía de repensar su estrategia militar y cooperar frente a un nuevo enemigo común. Es por eso que en abril de 1949 se creó la Alianza Atlántica con la premisa de una defensa común ante amenazas externas, a la que Alemania Occidental se uniría en 1955.

Ese mismo año también surgiría el Pacto de Varsovia, como respuesta soviética a la formación de la OTAN. En Europa del Este, lo ocurrido en Berlín supuso una ruptura definitiva de la URSS con Occidente (y viceversa) y reafirmó la existencia de los “dos bandos” y las “dos culturas”, como señalaba la doctrina Zhdánov. La división produjo que se cerraran todavía más las filas dentro del comunismo en torno a Moscú y que se acentuara el papel de los partidos comunistas occidentales dentro de la política exterior soviética.

El bloqueo y el puente aéreo fueron un punto de inflexión en la Europa del s. XX y un adelanto de lo que sería la Guerra Fría. Las posteriores alianzas, tensiones y enemistades que siguen definiendo las relaciones internacionales aun a día de hoy ya se empezaron a vislumbrar el 26 de junio de 1949, un día que pasará a la historia como uno de los definieron el futuro de los europeos.

BIBLIOGRAFÍA:

JUDT, Tony, (2005). Postguerra. Barcelona. Taurus.

HAULMAN, Daniel L., “Operation Vittles”. Air Mobility Command Museum. [Consultado a 23/10/2020] Disponible en: https://amcmuseum.org/history/operation-vittles-berlin-airlift/

EUROPAPRESS, “Se cumplen 70 años del puente aéreo que salvó a Berlín del bloqueo soviético”. Europa press. [Consultado a 21/10/2020]. Disponible en: https://www.europapress.es/internacional/noticia-cumplen-70-anos-puente-aereo-berlin-bloqueo-sovietico-20180624123140.html

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