El genocidio yazidí de 2014 y sus implicaciones

Escrito por Guillermo Di Marco Sánchez 

En 2014 el Daesh parecía imparable. Los avances del grupo terrorista en Siria e Iraq eran vertiginosos y las autoridades iraquíes y las fuerzas armadas del KRG, el Gobierno Regional Kurdo de Iraq, por sus siglas en inglés, parecían incapaces de contenerlos. El día 1 de agosto el grupo terrorista había llegado a las cercanías de la ciudad de Sinjar, un enclave habitado mayoritariamente por miembros de la minoría yazidí. La zona circundante a la ciudad, que también contaba con una fuerte presencia de la mencionada minoría, estaba habitada principalmente por árabes suníes.

Los Yazidíes. 

La religión yazidí es una de las muchas que conviven en Siria e Iraq desde hace siglos. En Sinjar habitaba la mayoría de los fieles de esta religión, e Iraq era el país donde más numerosos eran sus fieles. Los otros dos puntos donde se produce una concentración elevada de yazidíes son Afrin, una provincia del Norte de Siria ocupada desde 2018 por proxies turcos, y el sur de Ereván, en Armenia. La mayoría habla el kurmanji, un dialecto kurdo, así que se les suele considerar como kurdos étnicos. Sin embargo, la diferencia religiosa y los recientes acontecimientos han llevado a algunos a diferenciarse del resto de sus vecinos y a priorizar su identidad yazidí.

El origen del yazidismo tal y como se manifiesta en la actualidad se puede establecer en el siglo XII, cuando vivió el jeque Adi ibn Musafir, su último profeta o reformador religioso. La religión manifiesta, en sus dogmas y ritos, reminiscencias del sufismo musulmán y de distintas religiones iranias, especialmente el zoroastrismo. Las particularidades de la teología yazidí han sido objeto de ataques por parte de grupos musulmanes extremistas por, supuestamente, adorar al diablo.

 Lalish, el santuario más importante de los yazidíes. 
Fuente, Wikipedia

La religión yazidí es una de las muchas que conviven en Siria e Iraq desde hace siglos. En Sinjar habitaba la mayoría de los fieles de esta religión, e Iraq era el país donde más numerosos eran sus fieles. Los otros dos puntos donde se produce una concentración elevada de yazidíes son Afrin, una provincia del Norte de Siria ocupada desde 2018 por proxies turcos, y el sur de Ereván, en Armenia. La mayoría habla el kurmanji, un dialecto kurdo, así que se les suele considerar como kurdos étnicos. Sin embargo, la diferencia religiosa y los recientes acontecimientos han llevado a algunos a diferenciarse del resto de sus vecinos y a priorizar su identidad yazidí.

El origen del yazidismo tal y como se manifiesta en la actualidad se puede establecer en el siglo XII, cuando vivió el jeque Adi ibn Musafir, su último profeta o reformador religioso. La religión manifiesta, en sus dogmas y ritos, reminiscencias del sufismo musulmán y de distintas religiones iranias, especialmente el zoroastrismo. Las particularidades de la teología yazidí han sido objeto de ataques por parte de grupos musulmanes extremistas por, supuestamente, adorar al diablo.

El ataque contra Sinjar. 

Los hechos que abarcan la primera quincena de agosto de 2014 son complejos y existen distintas versiones que tratan de explicarlos. Lo que parece seguro es que el uno de agosto los militares del KRG -conocidos como Peshmerga, “los que se enfrentan a la muerte”- combatían al Daesh al sur de la ciudad de Sinjar. El frente se extendía hacia el este, donde el grupo terrorista ya tenía Mosul. Para entonces ya era conocida la violencia con la que los miembros del Daesh trataban a los yazidíes, pues distintos líderes terroristas habían hecho llamamientos a hacer asesinatos en masa, y se rumoreaba de que ya se habían producido varias masacres en las zonas que habían conquistado. Entre el día dos y el tres los Peshmerga, según fuentes yazidíes, se retiraron abruptamente del frente, dejando el camino abierto para el Daesh, que entró en la ciudad de Sinjar a sangre y fuego entre las 08:00 y las 09:00 de la mañana del día tres. Es posible que los muertos entre los yazidíes durante la toma de la ciudad de Sinjar y de los pueblos de los alrededores asciendan a varios miles, casi todos varones o mujeres ancianas. Las mujeres y las niñas -hasta 11.000 según algunas estimaciones- fueron secuestradas y vendidas como esclavas, principalmente con fines de explotación sexual. Sin embargo, ese día no sólo cayó Sinjar, pues el grupo terrorista avanzaba también por los pueblos cercanos a la ciudad. La masacre de yazidíes se extendió por toda la región.

La población huyó precipitadamente. Los más afortunados, especialmente los que salieron de la zona antes del día tres pudieron huir por Siria. La carretera de Mosul era peligrosa y las vías de comunicación fueron rápidamente bloqueadas por puntos de control del Daesh. Por ello, se estima que hasta 50.000 yazidíes, quizá más, huyeron al norte, hacia las Montañas de Sinjar. Quedaron atrapados en las elevaciones peladas, sin suministros y la deshidratación empezó a cobrarse las vidas de los más vulnerables con velocidad. Los suministros que la Coalición Internacional y el KRG logaron hacer llegar a los refugiados por vía aérea fueron escasos. Durante catorce días decenas de miles de personas permanecieron asediadas por el Daesh en aquellos montes. Las escenas de desesperación alcanzaron al mundo entero, especialmente debido a grabaciones de rescates o de entrega de suministros a través de helicópteros.

Tras más de diez días de agonía, Las YPG y las YPJ, las milicias kurdas de Siria afiliadas al PKK, así como las HPG, guerrillas kurdas del PKK que operan en Turquía e Iraq, consiguieron abrir un corredor que conectaba la frontera de Siria con las Montañas de Sinjar. Decenas de voluntarios partieron del Kurdistán Sirio -Rojava para los kurdos- con sus coches y, junto a las pick-ups, los tractores y los camiones de las milicias llevaron a cabo una difícil evacuación. Ésta no se limitó a la zona montañosa. Salim, un refugiado yazidí de mediana edad, nos cuenta que se marchó a la población norteña de Zaxho junto a su sobrina cuando unos familiares que vivían en el sur le avisaron de la cercanía del frente el día uno. Dice que tuvo suerte porque vivía al norte de Sinjar, y tuvo tiempo de hacer las maletas e irse antes de que cerraran la frontera. El hermano y los padres de la muchacha, sin embargo, no consiguieron huir. Selim cuenta que recibió una llamada telefónica de un miembro de las YPG, ya en el campo de refugiados en el que le entrevistábamos, en Zaxho. Le preguntó que si conocía a alguien que hubiera quedado atrapado en la zona de la que venía. Él respondió que sus padres, con problemas de movilidad, seguían allí. Los guerrilleros mandaron a un coche para evacuarlos. “No tengo ni idea de la ideología del PKK”- asegura- “pero fueron ellos quienes salvaron a mis padres”. En el campo de refugiados de la ciudad de Zaxho todos los testimonios son similares. Salieron con el PKK por la frontera Siria, para volver a territorio del KRG más al norte, por el cruce de Peshjabour. La intervención del PKK estuvo apoyada por los Peshmerga del KRG y la Coalición Internacional liderada por los EEUU, que bombardeó distintas posiciones del Daesh para sostener el despliegue de la milicia Kurda. Al sur, en la zona ocupada por los terroristas, continuaron las masacres. La más notable es la de Khocho, un pueblo en el que centenares de hombres fueron asesinados y un millar de mujeres y niñas fueron secuestradas. Nadie consiguió huir.

Diferentes versiones de los hechos.

La versión más aceptada sobre los hechos del dos y tres de agosto es que las fuerzas del KRG se retiraron de Sinjar y los pueblos vecinos sin avisar a la población. Según dicen algunos testigos, se estimaba que la ciudad contaba con al menos 250 Peshmerga como guarnición, y que ya entonces había quien defendía que se podía armar a la población. Sin embargo, los militares se retiraron sin previo aviso dejando a la ciudad y a su población a merced de los terroristas. Algunos yazidíes alegan que incluso se les prohibió salir de la ciudad.

La verosimilitud de esta explicación radica en que ya entonces era previsible que el Daesh cortara las comunicaciones de la ciudad con Siria y el resto del territorio del KRG en cuestión de días, y la caída de Mosul convertía Sinjar en una plaza difícilmente defendible. La perspectiva de acabar atrapados entre el rodillo islamista y las montañas pudo haber convencido al alto mando kurdo de abandonar la posición a pesar de su importancia también a nivel político, ya que se hallaba -y se haya- disputada por los gobiernos de Erbil y Bardad. En las montañas, fueron principalmente voluntarios civiles yazidíes, quizá con experiencia en la policía o en el ejército los que mantuvieron al Daesh a raya. De hecho, se estima que los focos de resistencia existentes en las montañas de Sinjar se mantuvieron activos hasta otoño, a pesar de haberse completado la evacuación de los civiles a lo largo del mes de agosto.

Por otro lado, el propio KRG ha asegurado que existe una investigación en marcha para esclarecer lo sucedido aquellos días de agosto. Los medios de comunicación internacionales se han decantado por aceptar esta versión de los hechos, aunque el Gobierno de Erbil no ha dejado de negar que se abandonara a los yazidíes a manos del Daesh.

La versión de los Peshmerga difiere notablemente de la anterior. Pudimos entrevistar a algunos oficiales en la ciudad de Zaxho, uno de los cuales es testigo ocular de los hechos. El militar aseguraba que el día uno ya estaba claro para todos que los islamistas iban a alcanzar Sinjar. Sus oficiales hablaron con los líderes de los clanes yazidíes para ofrecerles armas, pero las rechazaron alegando que contaban con armamento proprio. Mientras los Peshmerga combatían al sur de la ciudad junto a voluntarios civiles, se les agotó la munición y retrocedieron, mientras los civiles de los pueblos que ellos iban abandonando corrían a buscar refugio en Sinjar. Tan solo ocho horas después de empezar el repliegue, el Daesh entró en la ciudad. El peshmerga asegura que grupos de árabes de la zona se levantaron en armas contra ellos cogiéndoles entre dos fuegos. Cuando los terroristas entraron en la población, añade el militar, muchos civiles yazidíes se negaron a creer las atrocidades que cometía el grupo terrorista, “pensando que no serían peores que el ejército de Sadam Hussein”. Muchos, como aquellos que no querían perder sus posesiones, se quedaron en vez de huir. Los Peshmerga acudieron a cubrir la huida de los civiles, pero fueron atacados por estos antes de llegar a las montañas, pues según el entrevistado querían arrebatarles las armas. Además, los militares con los que conversamos se esforzaron en reivindicar el papel de los Peshmerga en las operaciones de rescate y en la apertura del corredor humanitario.

Resulta difícil de creer que un conjunto poblacional que reivindica su identidad en base a las persecuciones que ha sufrido históricamente se hubiera tomado a la ligera las amenazas del Daesh, ampliamente difundidas en las redes sociales y en las televisiones. Las distintas contradicciones existentes en el relato de los Peshmerga indican, sin embargo, que la desconfianza sentida por los yazidíes hacia las autoridades del KRG es en realidad mutua, y confirman la existencia de una tensión que sigue poniendo en peligro la convivencia en zonas con amplia presencia de la minoría yazidí.

Consecuencias a largo plazo.

Los efectos del ataque del Daesh contra Sinjar han sido devastadores. Más de la mitad de los en torno a medio millón de yazidíes que habitan en el norte de Iraq lo hacen a día de hoy en campos de refugiados, sin perspectiva de salir de ellos pero soñando con dejar Oriente Medio. Muy pocos quieren volver a Sinjar: “no es seguro. Estamos cansados de tanta violencia”, nos dicen en el campo de Zaxho. Muchos se sintieron traicionados por sus vecinos árabes, algunos de los cuales se unieron al Daesh y se pusieron a darles caza y a robarles sus posesiones. Abundan las historias en este sentido, aunque también las hay que cuentan que algún amigo o vecino árabe les ayudó a escapar, o incluso les escondió en su casa. En el campo de Zaxho, todas las familias yazidíes tienen al menos una decena de miembros desaparecidos o muertos. Si bien muchas mujeres, como la Premio Nobel de la Paz Nadia Murad consiguieron escapar de sus captores y otras muchas fueron liberadas por las YPG/YPJ en Siria, los Peshmerga o las milicias chiíes de Bagdad en Iraq, ahora que el Daesh no controla ningún territorio se desvanecen las esperanzas de encontrar vivas a muchas de las personas que fueron secuestradas. Distintas organizaciones yazidíes denuncian que unas 2.800 mujeres de su comunidad siguen secuestradas.

La ciudad de Sinjar se encuentra en estos momentos bajo control de milicias chiíes y yazidíes al servicio de Bagdad. Las milicias yazidíes afines al PKK, las YBS, abandonaron la ciudad después de que Turquía amenazara con lanzar una ofensiva contra la misma, y los militares del KRG hicieron lo propio tras el desastroso referéndum de independencia de 2017. Fue una operación conjunta de las fuerzas kurdas, organizada principalmente por el KRG, la que recuperó la ciudad en noviembre de 2015. La ciudad sigue siendo un foco de tensión entre distintas partes, y a los enfrentamientos entre facciones se ha añadido recientemente el recrudecimiento de los ataques aéreos de Turquía contra la población en el marco de su guerra contra el PKK.

Por otro lado, en la vecina Siria los yazidíes denuncian estar siendo perseguidos en la región de Afrin, ocupada por islamistas y mercenarios al servicio de Turquía en 2018. Cientos de miles de kurdos y la gran mayoría de los yazidíes que allí vivían han abandonado el territorio, mientras las fuerzas kurdas de Siria denuncian una campaña de limpieza étnica orquestada por Turquía. Alegan que en las casas de los refugiados se instalan familias de milicianos leales a Ankara o refugiados árabes suníes, mientras que cristianos, kurdos y yazidíes son expulsados y amedrentados con secuestros recurrentes, quemas de cosechas y matrimonios forzados.

Muchos yazidíes ponen en la emigración la única esperanza de una vida ajena a la violencia sectaria de la que suelen ser víctimas.  Afirman que, con el tiempo y los distintos cambios políticos que se han producido en los territorios donde habitan, sin importar quién gana, siempre pierden ellos.


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