Egipto (II): seguridad alimentaria, grandes proyectos y economía militar

Primera parte del artículo

Inversión extranjera y alianzas híbridas

En un ejemplo de lo que puede considerarse una dependencia sana -por usar la metáfora de la presidente de la Comisión Europea-, el pasado 15 de junio de 2022, la UE firmó con Israel y Egipto un acuerdo que permitirá a Israel aumentar la exportación de su gas natural hasta los puertos egipcios, donde será presurizado y licuado para, posteriormente, ser transportado a Europa. Esta nueva forma de abastecer de gas a Europa fue formalizada, en términos bilaterales, a mediados de abril de 2022, por el acuerdo firmado entre la Egyptian Natural Gas Holding Co. y la italiana Eni para aumentar la producción conjunta de gas natural y las exportaciones de gas natural licuado a Europa.

Primera visita del emir de Qatar a Egipto en siete años el pasado 24 de junio de 2022
Primera visita del emir de Qatar a Egipto en siete años el pasado 24 de junio de 2022. Fuente: aa.com.tr

A finales de marzo de 2022, Arabía Saudí depositó 5.000 millones de dólares en el banco central de Egipto. Este depósito formaría parte de los esfuerzos de cofinanciación que Egipto viene llevando a cabo para apuntalar su economía. Dos meses después, en mayo de 2022, el Ministerio de Abastecimiento de Egipto dio a conocer que la Corporación Internacional de Financiación del Comercio Islámico (ITFC, por sus siglas en inglés), con sede en Arabia Saudí, había duplicado su límite de crédito a Egipto hasta los 6.000 millones de dólares dentro de las ayudas destinadas a la importación de trigo. La implicación de Arabia Saudí culminó en el pasado 21 de junio de 2022, con la visita del príncipe heredero saudita, Mohammad bin Salmán, al Cairo. Durante la visita, los dos países firmaron 14 acuerdos por el valor de 7.700 millones de dólares, entre ellos sobre energía eólica, hidrógeno verde, productos petrolíferos, infraestructuras, logística, industrias alimentarias, industria farmacéutica y transacciones financieras.

También en marzo de 2022, durante la visita del ministro de Asuntos Exteriores y viceprimer ministro de Qatar al Cairo, Doha anunció la firma de un acuerdo para invertir 5.000 millones de dólares en Egipto. Este movimiento, al igual que lo que sucedió con Arabia Saudí, culminó con el primer viaje a Egipto en siete años del emir qatarí Tamim bin Hamad Al-Thani el pasado 24 de junio de 2022. Que el emir qatarí no haya visitado Egipto durante tanto tiempo tiene su justificación en el hecho de que Egipto fue uno de los aliados de Arabia Saudí en el bloqueo impuesto a Qatar en 2017. Sin una cierta dosis de oportunismo, Egipto creía que saldría beneficiado, no solo por el cierre de la cadena Al-Jazeera, sino, principalmente, por el cese de la financiación qatarí a los Hermanos Musulmanes, que Al Sisi alejó del poder con el golpe de Estado de 2013.

Pero entre todas las monarquías del Golfo Pérsico la que tiene una influencia determinante sobre la política y economía egipcias es Emiratos Árabes Unidos. Abu Dabi -uno de los emiratos- apoyó el golpe de Estado de 2013 que derrocó a Mohamed Morsi e instaló en su lugar al actual presidente Al Sisi. Inyectó miles de millones de dólares para estabilizar el nuevo régimen, una ayuda financiera que disminuyó cuando los Hermanos Musulmanes dejaron de ser una amenaza. Pese a la inconstancia de la ayuda, EAU ha adquirido importantes activos comerciales en Egipto, sus inversiones superan los 6.000 millones de dólares y alrededor de 1.200 empresas de los EAU se instalaron en Egipto. En abril de 2022, ADQ, uno de los fondos soberanos de los EAU, anunció que está comprando participaciones en varias empresas egipcias, incluyendo el 18 % del mayor banco del país, el Commercial International Bank. La inversión, que se estima en 2.000 millones de dólares, tiene como objetivo adquirir compañías de transporte y logística (Alexandria Container & Cargo Handling Company) y empresas químicas y fabricantes de fertilizantes (Misr Fertilizers Production Company y Abu Qir Fertilizers & Chemical Industries).

El objetivo de este flujo de inversión extranjera es, precisamente, estabilizar la economía egipcia, pendiente de un nuevo préstamo del FMI. Egipto es el segundo mayor prestatario del FMI, después de Argentina. También en marzo de 2022, el gobierno egipcio solicitó oficialmente el apoyo del FMI. Desde 2016, el FMI aprobó tres préstamos a Egipto por un valor total de 20.000 millones de dólares. Egipto cuenta además con préstamos del Banco Mundial (600 millones de dólares), del Banco Africano de Desarrollo (300 millones de dólares) y de una serie de otros acreedores públicos multilaterales y bilaterales. Por ejemplo, Alemania tiene 2.800 millones de dólares en préstamos pendientes con Egipto.

Tal cantidad de dinero no sirvió para mejorar mucho la situación de la población, sino que fue destinada, en su mayoría, a financiar los megaproyectos actualmente en curso. Según datos anteriores a la pandemia, alrededor de 30 millones de egipcios vivían por debajo del umbral de pobreza. Egipto sigue en conversaciones con el FMI para la aplicación de un programa de reformas económicas integrales. La dificultad en llegar a un acuerdo justificaría la búsqueda incesante de otras fuentes de financiación. Una agresiva estrategia de expansión económica liderada por los militares.

Grandes proyectos: de las nuevas ciudades a la ampliación del canal de suez

Todo en Egipto es demasiado grande y laberíntico como el interior de una pirámide. A ese mismo imaginario, es decir, a la antigua civilización egipcia, alude la Estrategia de Desarrollo Sostenible (SDS, por sus siglas en inglés), un programa nacional lanzado por Al Sisi en 2016 basado en ocho pilares: desarrollo económico; energía; conocimiento, innovación e investigación científica; transparencia y eficacia de las instituciones gubernamentales; justicia social; sanidad; educación y formación; cultura; medioambiente; y desarrollo urbano. La memoria del programa es bastante expresiva en cuanto a sus objetivos: “revivir el papel histórico de Egipto en el liderazgo regional”.

Imagen aérea de la Nueva Capital Administrativa
Imagen aérea de la Nueva Capital Administrativa. Fuente: Arabnews

Uno de los pilares de la Estrategia de Desarrollo Sostenible egipcia es el desarrollo urbano. Y, en este ámbito, el papel de los militares en la desmesura constructiva que atraviesa Egipto desde 2016 se hace notar desde la ampliación de la base militar de Berenice -situada en la costa del Mar Rojo, a 90 km al norte del Triángulo de Halayib, “la mayor base militar de Oriente Medio”, abarcando una superficie de 60.000 hectáreas- hasta la Nueva Capital Administrativa, una ciudad que el gobierno de Al Sisi está construyendo desde el desierto, por no decir desde la nada, a unos 45 km al este de El Cairo. La Nueva Capital albergará, dentro de sus 70.000 hectáreas, embajadas, agencias gubernamentales, el parlamento, 30 ministerios, un complejo presidencial y 6,5 millones de personas. El proyecto, supervisado por la Capital Administrativa para el Desarrollo Urbano (ACUD, por sus siglas en inglés) -que es propiedad de los militares en un 51 % siendo que el 49 % restante pertenece al Ministerio de Vivienda-, costará un total de 58 mil millones de dólares y se desarrollará en tres fases, siendo que la primera -que ya cuenta con una inversión de 20.000 millones de dólares y abarca 16.800 hectáreas- lleva en marcha desde hace seis años.

Para ampliar: Distopía en el desierto

De la Nueva Capital Administrativa irradian proyectos como la denominada Capital Med, definida como “la mayor ciudad médica integrada propiedad del sector privado en Oriente Medio y África”, situada en Badr, al este de El Cairo, que ocupará una superficie de 44,5 hectáreas y contará con 2000 camas; la Ciudad Nuevo El Alamein, situada en la costa del Mediterráneo a poco más de 100 km al oeste de Alejandría, promovida por la Autoridad de Ingeniería de las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Vivienda, ocupando una superficie de 20 mil hectáreas y destinada a albergar dos millones de habitantes, representando un nuevo concepto de ciudad turística abierta al público y que la ONU incluyó dentro de las actividades del proyecto destinado a lograr un desarrollo urbano sostenible; la Ciudad Nueva Mansoura, una smart city -dentro del total de 37 ciudades inteligentes que la Autoridad de Nuevas Comunidades Urbanas del Ministerio de Vivienda pretende desarrollar en los próximos años- de 2 mil hectáreas, situada en la costa del Mediterráneo a 120 km al oeste de Puerto Saíd, que albergará 650.000 habitantes distribuidos por 165.000 viviendas.

De todas las extravagancias constructivas que las autoridades militares egipcias están llevando a cabo, la más reseñable probablemente -junto con la Nueva Capital Administrativa- es la ampliación del Canal de Suez. En 2015, el gobierno egipcio terminó la ampliación del Canal que, se creía, garantizaría su navegabilidad y fluidez durante las décadas siguientes. Sin embargo, después de que el 23 de marzo de 2021 el portacontenedores Ever Given haya encallado y bloqueado el paso del Canal durante seis días, la Autoridad del Canal de Suez (SCA, por sus siglas en inglés) anunció el inicio de una nueva ampliación. Los trabajos empezaron en julio de 2021, con un presupuesto de 8,6 mil millones de dólares y un plazo estimado de ejecución de 24 meses. En julio de 2023, deberá estar terminada la ampliación.

La intención de las autoridades egipcias es ensanchar y aumentar la profundidad del Canal en un sector de 30 km de longitud -en la zona en la que el Ever Given encalló- y la ampliación de la segunda vía -que discurre paralela al canal original y que fue ejecutada en la ampliación inaugurada en 2015- en 10 km, lo que permitirá el tráfico de doble sentido a lo largo de un tramo de 82 km. Además de la ampliación propiamente dicha, las autoridades egipcias pretenden crear la Zona Económica del Canal de Suez (SCZone), un centro logístico internacional que transformará 76 hectáreas a lo largo del Canal, contemplando la creación de parques industriales y la ampliación de puertos. Pese a la participación de numerosas empresas civiles en el proyecto, este está dirigido por los militares y, especialmente, por la Autoridad del Canal de Suez, que suele estar liderada por un antiguo comandante naval. Actualmente, quien ocupa el cargo de presidente y director general es el almirante Osama Mounier Mohamed Rabie.

Ejercicios y empresas militares

Con apenas un mes de diferencia, las Fuerzas Armadas egipcias llevaron cabo ejercicios navales conjuntos con Rusia -como los realizados a principios de diciembre de 2021 en el Golfo de Alejandría- y ejercicios navales con la armada estadounidense -como ocurrió a principios de 2022 en el Mar Rojo-. La empresa pública rusa Rosatom participa en el proyecto de construcción de la primera central nuclear egipcia (en Dabaa, al noroeste de El Cairo) al mismo tiempo que las Fuerzas Armadas egipcias justifican que el ejercicio realizado el 5 de julio de 2022 por las fuerzas aéreas de Egipto y EE.UU. se enmarca en las crecientes relaciones de cooperación militar entre ambos países, cuya mejor ilustración fue el encuentro celebrado el pasado 11 de mayo entre el comandante del Mando Central de EE.UU., el general Michael Kurilla, y el presidente egipcio.

Plano con las infraestructuras que integran la Zona Económica del Canal de Suez. Fuente: sczone

En un ejemplo más del excepcionalismo estadounidense, en septiembre de 2021, el Departamento de Estado suspendió los 130 millones de dólares de ayuda militar presupuestados para Egipto, alegando la falta de mejora de la situación de los derechos humanos. Sin embargo, cuatro meses después, a finales de enero de 2022, el Departamento de Estado aprobó la posible venta de 12 aviones C-130J-30 Super Hércules a Egipto, cuyo valor estimado ascendería a 2.200 millones de dólares. En este punto, hay que resaltar lo siguiente: Egipto fue, en el período entre 2017 y 2021, el tercer principal importador de armas del mundo. Además, comparado con el período comprendido entre 2012 y 2016, las importaciones de armas de Egipto aumentaron, dentro del periodo de 2017 a 2021, un 73 %.

Pese a que en Egipto haya en torno a 80 empresas de propiedad militar, tan solo alrededor de una cuarta parte fabrica algún tipo de producto relacionado con la defensa. La mayoría produce, principalmente, bienes y servicios civiles, como electrodomésticos, ropa, alimentos, automóviles, cemento, tiendo participaciones en los medios de comunicación y, lo más importante, gestionan una parte significativa del volumen de contratación pública de construcción de infraestructuras y viviendas. Son controladas, genéricamente, por tres Ministerios u organismos estatales: el Ministerio de Producción Militar, la Organización Árabe para la Industrialización y el Ministerio de Defensa.

El reposicionamiento de los militares desde 2013 como gestores y productores de importantes sectores de la economía ha ampliado su grado de influencia, si no de control, sobre el ámbito político, ya que el objetivo no solo es preservar sus intereses económicos, sino, principalmente, aumentarlos. Los militares egipcios jamás renunciaron a los activos económicos que vienen conquistando desde que llegaron al poder en 1952. Seguramente, tampoco lo harán ahora, por mucho que se detecten cada vez más episodios aislados, puntuales y personales de crítica al régimen, pero aún insuficientes para convertirse en movimientos generalizados de protesta. La revisión constitucional de abril de 2019 otorgó a las Fuerzas Armadas el poder de “proteger la Constitución y la Democracia” y “preservar los pilares del estado civil”. Es decir, los militares son los reguladores de la política y reclamarán siempre el derecho a intervenir cuando lo consideren necesario.

Con la población cada vez más asfixiada por la estagnación de los salarios de los funcionarios públicos -las Administraciones Públicas son el principal empleador egipcio-, por la tasa de paro juvenil que, en 2021, era del 25 %, por la prevalencia de la informalidad del mercado laboral -cerca del 63% de la mano de obra egipcia está empleada en el sector informal, que representa alrededor del 40% de la economía-, tiene sentido la advertencia lanzada por la agencia Moody’s en el verano de 2021: «la exposición de Egipto a los riesgos sociales es alta… exacerbada por los grandes costes del ajuste de la reforma económica soportados por los consumidores en los últimos años».

Son conocidos los efectos que los programas del FMI provocan sobre la población más desfavorecida. Egipto es también un ejemplo de ello, ya que los préstamos concedidos por el FMI a partir de 2016 no han hecho más que aumentar la desigualdad y pobreza. En 2021, la deuda externa de Egipto alcanzó los 137 mil millones de dólares, casi el doble de la registrada en 2016, cuando el FMI extendió su préstamo de 12.000 millones a tres años. En este sentido, constituye una novedad que, en una revisión de julio de 2021 del acuerdo con Egipto, el FMI hiciera referencia, por primera vez, a la presencia y papel de las empresas militares egipcias, incluyéndolas, explícitamente, en su evaluación de las empresas estatales, por lo que deberían someterse a las mismas políticas de reformas amplias que el FMI propone para el sector público en su conjunto.

Principales centros de producción económica de propiedad militar
Principales centros de producción económica de propiedad militar. Fuente: “Owners of the Repuplic. An Anatomy of Egypt’s Militar Economy”

Al Sisi, siguiendo la tradición de otros presidentes árabes, está preparando a su hijo, Mahmoud, para desempeñar un papel activo y crucial en la política egipcia, hasta el punto de que se especula sobre la posibilidad de sucederle. Sabemos lo que pasó a Mubarak cuando este intentó imponer a su hijo, Gamal, como su sucesor. Actualmente, Mahmoud es el jefe adjunto de la Dirección General de Inteligencia egipcia (GIS, por sus siglas en inglés) y es el encargado de las relaciones entre Egipto e Israel. Habría estado involucrado en conversaciones secretas con Israel para la creación de una ciudad industrial en el norte del Sinaí como parte de un plan de reasentamiento de los palestinos procedentes de la Franja de Gaza. Pese a los apoyos recientes de las democracias occidentales y las monarquías de la península arábiga, son cada vez más insistentes los análisis que inciden en la hipótesis de que Al Sisi habría perdido el apoyo en el interior de las Fuerzas Armadas. Esta interpretación tiene como fundamento dos premisas: no solo porque Al Sisi eliminó a los oficiales de alto rango que apoyaron su golpe de Estado contra Morsi, sino porque los militares no quieren asociarse con un gobernante que no cumple con sus promesas a la población. Sus oficiales de segundo nivel son poco proclives a la política y dan la sensación de que el-Al Sisi será el último gobernante militar de Egipto. Las grandes obras son, demasiadas veces, ruinas anticipadas. Y Egipto es un lugar arqueológico. Los militares tienen dinero y armas. Pero también tendrán la última palabra.


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Licenciado en arquitectura por la Universidad de Lisboa y con el curso en análisis de inteligencia del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid. Interesado en historia y geopolítica. En el ámbito de la seguridad, atraído por la seguridad alimentaria.

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