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“Earthquake diplomacy”: las claves del proceso de normalización con Siria

Reunión de parlamentarios sirios con la delegación de la Unión Interparlamentaria Árabe en Damasco el 26 de febrero. Fuente: Reuters

Durante los últimos días, el mundo ha sido testigo de cómo diversos representantes de alto nivel de algunos países árabes visitaban Siria por primera vez desde que comenzara la guerra civil allá por 2011. El último en llegar a Damasco después de tantos años ha sido Sameh Shoukry, ministro de Asuntos Exteriores egipcio. Tras su reunión con el presidente sirio Bashar al-Assad, Shoukry se dirigió también a la zona afectada por el terremoto en Turquía, país con el que Egipto ha mantenido nulas relaciones diplomáticas desde el derrocamiento de Mohamed Morsi en 2013. Aunque inicialmente se alegara que la visita del ministro fuera puramente “humanitaria”, él mismo afirmó más tarde que este acto indicaba la voluntad de Cairo de pasar página y de que las relaciones con ambos países vuelvan a su estado normal.

Emiratos Árabes Unidos ha sido el principal pionero en romper con el aislamiento de Damasco en Oriente Medio. En 2018 reabrió su embajada, y desde 2021, el ministro de Exteriores ha mantenido varias reuniones con Assad. A EAU le siguieron países como Jordania, Bahréin u Omán, mientras que Argelia nunca cortó sus lazos con el país árabe. Aun así, desde que el mortífero terremoto sacudió el noroeste de Siria y el sur de Turquía, parece que este proceso de normalización se ha acelerado exponencialmente. Varios estados están viendo la catástrofe humanitaria como una plataforma para acelerar sus esfuerzos por acercarse a Siria mediante toneladas de ayuda humanitaria, llamadas telefónicas y visitas. Algunos analistas y medios ya están llamando a este fenómeno earthquake diplomacy, mediante el cual normalizar relaciones con un gobierno hasta ahora considerado paria en Occidente no es tan embarazoso como antes.

EAU como líder del proceso

Desde que comenzara la guerra de Ucrania hace aproximadamente un año, especialmente los países del Golfo han reevaluado y reorganizado sus relaciones exteriores, lo cual habría motivado en parte este acercamiento liderado por Abu Dabi. En el caso de Emiratos, este procedimiento no se limita a Siria, sino que es parte de una estrategia más amplia donde el país ha hecho esfuerzos por aplacar cualquier tensión en la región. El último encuentro entre representantes de ambas naciones se dio el 5 de enero, cuando el ministro de Exteriores emiratí Abdullah bin Zayed Al Nahyan visitaba por segunda vez a Al-Assad en Damasco. Esta reunión buscaba “vías para fortalecer las relaciones bilaterales”, exponiéndose además el compromiso del país para lograr una “solución política” a la guerra.

Al contrario que países como Arabia Saudí, Qatar o Turquía, EAU no ha tenido un papel central en la financiación de grupos rebeldes e islamistas durante la guerra civil siria, adoptando un rol al que podríamos llamar neutral. Por ello, todos estos movimientos están más justificados en cuanto a su retórica en política exterior. Además, al reconocer que Assad ha ganado la guerra y permanecerá en el poder, desarrollar este acercamiento también sirve a Abu Dabi para contrarrestar la profunda influencia que tiene Irán en Siria, generando lazos y cierta dependencia económica con los aliados de Teherán, compitiendo de esta manera con la República Islámica.

Según Orient News, un medio sirio con sede en Dubái ligado a la oposición, “existe un consenso árabe para evitar que Siria sea utilizada como patio de recreo de las potencias regionales, en particular Irán y Turquía”. Además, a pesar de la aceleración del proceso de acercamiento tras el terremoto, esta fuente asegura que la iniciativa “se concibió al menos cinco meses antes, cuando Jordania recibió la aprobación preliminar de Arabia Saudí para ponerla en marcha”. La reunión en Damasco con Al-Nahyan en enero y la visita de Assad a Omán el pasado mes habrían servido para discutir el contenido y los objetivos de la iniciativa, mientras que la visita el 26 de febrero de una delegación de la Unión Interparlamentaria Árabe, liderada por el presidente del parlamento iraquí Muhammad al-Halbousi, habría servido para la presentación de este plan. En este encuentro, Halbousi afirmó que “no podemos prescindir de Siria y Siria no puede prescindir de su entorno árabe, al que esperamos que pueda volver”.

Por otro lado, aunque Estados Unidos haya manifestado en repetidas ocasiones su oposición a la normalización de relaciones con el gobierno de Assad, la realidad es que el conflicto sirio está muy abajo en su lista de prioridades teniendo en cuenta la guerra de Ucrania y su confrontación con China. Por ello, parece que los países árabes están teniendo más libertad para la reinserción de Damasco en la agenda regional y en organizaciones internacionales como la Liga Árabe. Según el medio Al-Monitor, “además de EAU, Argelia, Irak, Omán, Túnez, Jordania, Bahréin y, en cierta medida, Egipto, todos ellos han presionado para que se modifique lo que consideran una estrategia fallida de aislamiento y sanciones en Siria” inspirada por Washington.

Arabia Saudí, la pieza clave

A pesar de que Riad ha sido un actor principal en los esfuerzos por acabar con el gobierno de Assad y aislarlo internacionalmente desde que comenzó la guerra siria, una vez más el terremoto parece haber generado un tímido giro de posicionamiento hacia Damasco. Es importante tener en cuenta este país debido a que, hasta ahora, ejercía como uno de los mayores obstáculos para desarrollar un proceso de normalización con Siria en la región.

Inicialmente, la monarquía saudí sólo envió ayuda humanitaria a las zonas afectadas por el seísmo bajo control rebelde, pero más tarde esta ayuda se amplió a ciudades como Alepo, controladas por el gobierno sirio. Además, el pasado 18 de febrero, el ministro de Asuntos Exteriores saudí Faisal bin Farhan Al-Saud declaró en la Conferencia de Seguridad de Múnich que “el statu quo no es viable” y que el mundo tendrá que dialogar con Damasco “en algún momento” sobre cuestiones como los refugiados y la ayuda humanitaria. Según The Economist, este cambio de postura es implícitamente un reconocimiento del fracaso de Riad en sus “aventuras” fuera de sus fronteras, tanto en Siria como en Yemen. En este último país, donde desde 2015 Arabia Saudí interviene militarmente para combatir a los hutíes (apoyados por Irán), se estaría buscando también un acuerdo que les permita retirarse, tras haber gastado cientos de miles de millones de dólares.

De nuevo, la clave de este proceso es cómo un desastre humanitario ha servido de lanzadera para que actores como Riad aprovechen para “reconocer una derrota” que de otro modo hubiera significado un golpe más duro para su reputación exterior como potencia regional. Previo a esta última semana, también hablaríamos de cómo este acercamiento tendría poco futuro debido de nuevo a la profunda influencia iraní en Siria, pero los últimos anuncios sobre la reanudación de las relaciones diplomáticas dentro de dos meses entre Riad y Teherán han dado un nuevo vuelco a las visiones de futuro en este tema. Según algunos medios como el israelí Haaretz, “parece que ahora ni siquiera la presencia de Irán en Siria será un obstáculo” para retomar las relaciones entre la monarquía saudí y Damasco. Por el momento, se está especulando con que el reino saudí podría anunciar de manera más oficial un acercamiento a Siria en la próxima cumbre de la Liga Árabe, que suele celebrarse en marzo (y que este año acogerán los saudíes).

Ayuda humanitaria saudí en Siria. Fuente: Prensa Latina

El acercamiento con Turquía auspiciado por Rusia

Previo al terremoto, Turquía y Siria ya habían comenzado su propio proceso de acercamiento, el cual ha estado en todo momento patrocinado por Moscú. La última reunión tripartita se dio en la misma capital rusa entre los ministros de Defensa de los tres países. Además, estaba prevista una nueva reunión entre los viceministros de Exteriores de Siria, Turquía, Irán y Rusia en Moscú para el 15 de marzo, pero ha sido pospuesta debido a la negativa de Assad “hasta que Turquía se retire de Siria“. Debido a la fuerte presencia de Ankara en el país árabe y de los intereses encontrados, estos encuentros no han aportado grandes avances, pero la sola existencia de contacto entre ambos actores es un avance en sí mismo y una fuente de tranquilidad para Rusia.

Por su parte, la principal razón para que Erdogan cediese a las presiones de Putin para negociar con Assad han sido las elecciones generales venideras, las cuales no traen buenos augurios para su partido, AKP, tras el terremoto y su gestión. La normalización con Siria trae implícita la supuesta devolución de los refugiados sirios a su lugar de origen, reclamación que gran parte del electorado turco ve con buenos ojos. Por otro lado, Ankara también busca compromisos con el gobierno sirio para conseguir el desmantelamiento de las zonas controladas por los kurdos en Siria, tanto a nivel administrativo (la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria – Rojava) como a nivel militar (las Fuerzas Democráticas Sirias – SDF). Turquía percibe a las SDF como su mayor amenaza externa e interna (por sus relaciones con el PKK), por lo que vender una victoria contra los kurdos también sería buena publicidad de cara a las elecciones. Aun así, el mortífero terremoto ha truncado la agenda que Erdogan pretendía seguir para asegurar un buen resultado en los próximos comicios.

Aunque se ha mencionado anteriormente la escasa prioridad dada por parte de Washington a este proceso de normalización, el pasado 4 de marzo el general estadounidense Mark Miller hacía una visita sorpresa a sus tropas estacionadas en el noreste sirio. A pesar de exponer la lucha contra el ISIS como motivo principal, la realidad es que este viaje parece más un gesto de reafirmación del apoyo estadounidense a sus socios kurdos de las SDF, enviando un mensaje además a Turquía, y de paso, a Irán. Por su parte, Moscú también estaría empujando a esta normalización para forzar la retirada de EEUU de suelo sirio, abriendo de paso una brecha entre la OTAN y Turquía.

Obstáculos e interrogantes

A pesar de que parece que el gobierno baazista de Assad está consiguiendo romper con un largo aislamiento internacional, el futuro inmediato no parece augurar grandes mejoras en la calidad de vida del grueso del pueblo sirio. Todavía es pronto para analizar hasta qué punto el enraizamiento de la influencia iraní en el país árabe limitará la normalización con ciertos países, especialmente con Arabia Saudí. También cabe preguntarse cómo reaccionará Teherán a una mayor influencia de más actores en la zona controlada por el gobierno, la cual es vital para el país persa en su confrontación con Israel y en su apoyo logístico a Hezbolá en el Líbano.

Por otro lado, veremos hasta qué punto Estados Unidos está dispuesto a mantener su presencia en el noreste y si la presión rusa y turca consiguen su cometido. También cabe preguntarse por la oposición siria en el noroeste del país. En caso de acuerdo entre Turquía y Siria, ¿venderá Ankara a la oposición siria? ¿Qué pasará con el SNA, proxy turco, y con los islamistas de HTS en Idlib, sostenidos en parte por Turquía? ¿Se alcanzará en algún momento la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU, el cual busca acabar con el conflicto mediante una transición política?

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