
El primer ministro de Rumanía, el socialdemócrata Marcel Ciolacu, ha comunicado su dimisión tras los resultados de las elecciones presidenciales del país el 4 de mayo. En ellas, el líder de derecha radical George Simion logró emerger como la fuerza más votada, perfilándose como claro favorito antes del balotaje del 18 de mayo. Previamente, Rumanía había anulado las elecciones de 2024 tras haber obtenido un resultado similar otro líder de extrema derecha, Calin Georgescu.
Ya en marzo de 2025, el propio Ciolacu había deslizado que, en el caso de una victoria del candidato de la Alianza por la Unión del Pueblo Rumano, sopesaría la opción de poner fin anticipadamente al gobierno del país. “No veo ninguna razón para cambiar la coalición si gana nuestro candidato, pero en caso contrario no creo que podamos avanzar de la misma manera”, alegó.
El candidato oficialista Crin Antonescu ni siquiera ha obtenido la segunda posición en las presidenciales. Por el contrario, ha sido el liberal Nicușor Dan, alcalde de la capitalina Bucarest, quien ha logrado el pase para medirse a Simion en la segunda vuelta. Semejante debacle del gobierno de coalición y, por extensión, del establishment político nacional, ha tensado sobremanera la situación de la administración de Ciolacu.
El gobierno de Rumanía se deshace
Es ampliamente probable que el mapa político en Rumanía vire, tornándose favorable a las derechas radicales del país. La previsible victoria de Simion en el balotaje, de la mano de la reincorporación de Calin Georgescu como su primer ministro ⎻algo que el propio Simion había deslizado durante la campaña⎻, así como del más que probable buen resultado que la derecha radical obtendrá en unas futuras elecciones parlamentarias, son factores que ineludiblemente amenazaban con agrietar el gobierno de coalición.
El ejecutivo, compuesto por el Partido Socialdemócrata, el Partido Nacional Liberal y el partido de la minoría húngara, se despedaza. La formación de la coalición respondía a la situación de inestabilidad política que atravesaba el país desde la anulación de las elecciones e, indudablemente, ha fallado en su objetivo fundacional: impedir una nueva victoria de la derecha radical.
La ventana abierta tras la dimisión de Marcel Ciolacu es incierta, aunque hay algunas variables que pueden ser decisivas, como el hecho de que Dan podría exigir posiciones en el ejecutivo. Semejante reclamo cobraría mayor sentido si se considera que el propio Dan, que deberá enfrentarse a Simion en el balotaje dentro de dos semanas, necesita el apoyo del resto de líderes no alineados con la derecha radical.
Ciolacu y los socialdemócratas pueden haber buscado un nuevo revulsivo con su dimisión, tras haber errado en su empeño de frenar el ascenso de la derecha radical. Los resultados de George Simion no solo condicionan la posición internacional de Rumanía, en tanto el presidente juega un papel crucial a la hora de definir la política exterior, hecho crucial considerando que Simion se ha mostrado enormemente escéptico en lo que al apoyo a Ucrania se refiere, sino que también ilustran un crecimiento de la extrema derecha que tendrá su reflejo en el parlamento nacional.
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