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Dimite por sorpresa Leo Varadkar, primer ministro de Irlanda

Leo Varadkar, primer ministro de Irlanda hasta el 6 de abril de 2024, en un acto organizado por Brookings. Fuente: Brookings Institution - bajo CC BY-NC-ND 2.0 DEED
Leo Varadkar, primer ministro de Irlanda hasta el 6 de abril de 2024, en un acto organizado por Brookings. Fuente: Brookings Institution – bajo CC BY-NC-ND 2.0 DEED

El primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, compareció el miércoles 20 de marzo ante los medios para anunciar una inesperada decisión. El taoiseach –como se le conoce en irlandés– comunicó su dimisión como primer ministro y como líder de su partido, el Fine Gael, por razones de índole personal y, sobre todo, política. Aseguró entonces que no sentía que siguiese siendo la persona indicada para ejercer el cargo. 

La dimisión se produce dos semanas después de la estrepitosa derrota del Gobierno en dos referendos con los que había pretendido “modernizar” el texto constitucional, eliminando las referencias al matrimonio como fundamento de la familia y a la importancia del papel de la mujer en las tareas del hogar. El aplastante rechazo de los electores a las enmiendas, que recibieron respectivamente un 67% y un 74% de votos en contra, no había sido previsto por las encuestas, que daban por hecha la victoria del Sí, pese a mostrar la existencia de un buen número de indecisos que podrían acabar por inclinar la balanza hacia el lado contrario

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Aunque la participación ni siquiera alcanzó la mitad del censo, la magnitud de la derrota permitió interpretarla como un voto de castigo al conjunto de la clase política, que –a excepción de algún grupo conservador minoritario– había manifestado su apoyo a ambas propuestas. Ninguna otra enmienda constitucional había cosechado un rechazo tan contundente en la historia de la república, que ha celebrado más de 40 consultas para modificar diversos aspectos de una Constitución regida por un procedimiento de reforma particularmente rígido. 

El plebiscito se había celebrado el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en contra del criterio de quienes habían abogado por hacerlo coincidir con las elecciones locales y europeas del mes de junio, y así disponer de más tiempo para tratar de explicar los cambios al electorado. Aunque el fracaso supuso un jarro de agua fría para Varadkar, no pareció tener repercusiones inmediatas en la coalición de Gobierno, que reconoció su derrota y lamentó los errores cometidos en una campaña criticada por su histrionismo y falta de coherencia. 

Sin embargo, apenas doce días después, la repentina dimisión de Varadkar abrió un proceso de primarias internas para elegir a su sucesor, que concluyó el domingo 24 de marzo cuando, tras el cierre del plazo de presentación de candidaturas, Simon Harris –ministro de Educación Superior, Innovación y Ciencia en el Gobierno saliente– quedó confirmado como único aspirante. De este modo, Harris ha sido proclamado líder del Fine Gael y tomará posesión del cargo de primer ministro el 9 de abril, cuando el Parlamento vuelva a reunirse tras el receso de Pascua. 

Harris, de 37 años, se convertirá así en el primer ministro más joven de la historia de Irlanda, reconocimiento que correspondía hasta ahora a su predecesor. Leo Varadkar, que accedió por primera vez al puesto en 2017, ha sido además el primero en declararse abiertamente homosexual y el primero en pertenecer a una minoría étnica –su padre es un médico indio que emigró a Inglaterra en los años 60, donde conoció a su madre, una enfermera irlandesa–. 

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Varadkar fue investido líder del Fine Gael y del Gobierno irlandés tras la dimisión de Enda Kenny, el primer ministro que gestionó la salida del plan de rescate de la troika. Durante su primer mandato, el Gobierno en minoría del Fine Gael –formación ubicada típicamente en el centroderecha liberal– continuó la senda progresista inaugurada en 2015 con la legalización del matrimonio homosexual a través de referéndum. La liberalización del aborto en 2018, con dos tercios de los votos a favor de eliminar las severas restricciones vigentes, supuso la constatación de la profunda transformación de la sociedad irlandesa, distinguida durante décadas por la inmensa influencia que la Iglesia Católica ejercía en ella.

Las propuestas de eliminación del delito de blasfemia y de flexibilización del divorcio, sometidas al voto popular unos meses más tarde, fueron acogidas con una aprobación similar. Si bien el resultado de los dos últimos referendos podría suscitar dudas acerca del grado de secularización alcanzado, lo más probable es que el rechazo a las enmiendas responda en mayor medida a una activación del voto protesta que a una oposición real a los cambios planteados. De cualquier modo, la percepción de que el Gobierno pretendía desviar la atención de los acuciantes problemas económicos hacia un debate que, en este caso, la mayor parte de los irlandeses consideraba superfluo puede haber jugado un papel clave en la decisión de muchos de ellos de votar en contra.

Tras la derrota del Fine Gael en las elecciones de 2020, en las que el Sinn Féin sacó el mayor número de votos por primera vez en un siglo, y ante la ausencia de mayorías claras, Varadkar llegó a un acuerdo de coalición tripartito con su rival histórico, el Fianna Fáil –también conservador, pero de corte populista– y los Verdes. El resultado de aquellos comicios significó la ruptura del sistema bipartidista que desde hacía cien años había gobernado Irlanda. Por primera vez desde su consolidación, ninguno de los dos grandes partidos tradicionales había ganado las elecciones. Juntos, ni siquiera alcanzaban el 45% de los votos. 

No obstante, lograron cerrar un pacto de rotación entre ambos por el que Micheál Martin, líder del Fianna Fáil, ocupó la jefatura del Gobierno durante la primera mitad de la legislatura, para ser reemplazado en diciembre de 2022 por Varadkar, quien debería haber continuado gobernando hasta las próximas generales, previstas para principios de 2025.

Apartado de la primera línea política, Varadkar cede ahora el testigo a Simon Harris, quien deberá enfrentarse a un ciclo electoral particularmente intenso y difícil. Todas las encuestas auguran desde hace meses una nueva victoria del Sinn Féin, que, aupado por su llegada al poder en Irlanda del Norte y el creciente descontento social en la república, se encuentra mucho más cerca de alcanzar el Gobierno.   

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Pese a la insistencia de la oposición en que se adelante la convocatoria electoral, todo indica que Harris tratará de aprovechar los meses que quedan de legislatura para construir un nuevo liderazgo que pueda revertir la tendencia a la baja del Fine Gael que dibujan los sondeos. La apremiante crisis de vivienda, unida al incremento del desempleo y del coste de vida y a la entrada en recesión en 2023, han revelado que las costuras del tigre celta son más frágiles de lo que se creía y ahondado la desconexión entre el Gobierno y la ciudadanía. Los meses venideros serán decisivos para comprobar si, como espera Varadkar, la designación de un nuevo líder es el soplo de aire fresco necesario para asegurar la supervivencia de la coalición gubernamental y frenar al Sinn Féin en los próximos comicios.

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