
La decisión de España de no autorizar a Estados Unidos el uso de las bases de Morón y Rota para la guerra contra Irán ha desatado fuertes tensiones bilaterales, al tiempo que Washington amenaza con la imposición de un embargo comercial.
España y las bases militares
El gobierno español, presidido por Pedro Sánchez, anunció el 3 de marzo que no iba a permitir el uso de las bases militares de Morón de la Frontera (Sevilla) y Rota (Cádiz) por las unidades estadounidenses que participan en los ataques contra la República Islámica de Irán.
Las autoridades de Madrid justificaron su decisión alegando que la utilización de estas dos bases para la contienda en Oriente Medio no se acoge a lo establecido en el convenio que rige la cooperación entre los dos países. Y las consecuencias de la decisión no se hicieron esperar.
Eso sí, España mantiene la autorización para que los aviones de Estados Unidos sigan atravesando su espacio aéreo. De hecho, diversas aeronaves del ejército estadounidense con rumbo al teatro de operaciones de Oriente Medio han continuado cruzando los cielos españoles.
Este cambio de postura supone un salto cualitativo respecto a la dinámica que había seguido hasta ahora Pedro Sánchez. Cabe recordar que en 2022 aceptó que en la Base Naval de Rota se incrementase la presencia militar estadounidense, con dos destructores y 600 efectivos más respecto a la situación previa.
También supone un vuelco respecto al proceder que habían tenido otros ejecutivos españoles. Durante las últimas décadas, las bases de Morón y Rota han sido utilizadas por fuerzas estadounidenses en diversas intervenciones militares con la autorización expresa de Madrid.
Este fue, por ejemplo, el caso en la Primera Guerra del Golfo (1990-1991), en la intervención militar en Yugoslavia (1999) o durante los ataques en Libia (2011). En esta última ocasión, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero respaldó las acciones de Washington y puso a su disposición las dos bases que se ubican en el sur del país.
Lo cierto es que hay que retroceder en el tiempo para encontrar una actuación parecida por parte de España. Cabe recordar lo ocurrido en 1973, durante la guerra del Yom Kippur, cuando Luis Carrero Blanco no autorizó el uso de las bases a los aviones estadounidenses que volaban en apoyo de Israel.
La reacción de Estados Unidos
La medida no ha sido bien acogida en Estados Unidos. El primero en hacerse eco del malestar fue Donald Trump, quien en declaraciones a los medios de comunicación afirmó que “España ha sido terrible” y que había ordenado cortar todo el comercio con el país ibérico.
Junto a Trump se encontraba el canciller alemán, Friedrich Merz, quien se vio ante la disyuntiva de opinar sobre las palabras del presidente norteamericano. Merz sí respaldó la postura crítica hacia Madrid, haciendo alusión a la falta de voluntad del gobierno de Sánchez respecto a incrementar el gasto militar.
Trump fue un paso más allá, amenazando con imponer un embargo comercial a España. Esta operación, no obstante, resulta compleja, ya que para adoptar una medida de ese calibre Washington tendría que recurrir a la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional.
Al margen del alcance de la posible respuesta estadounidense, las autoridades españolas han señalado que Washington "deberá respetar la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y Estados Unidos".
Si Trump lleva su respuesta al máximo exponente, podrían peligrar los 47.000 millones de dólares que mueve el comercio bilateral entre ambos países. A Estados Unidos se exportan diversos productos agrícolas y manufacturados, al tiempo que de allí se importa una parte muy importante del gas natural licuado que se consume en España.
Por el momento, Bruselas se ha solidarizado con España ante las amenazas de Trump. Pero incluso un actor lejano como es China también ha salido en defensa de Madrid, quien ha señalado que "el comercio no debe ser utilizado como arma ni como instrumento".
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