ASSANGE, RECORDANDO A LUTERO

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Al igual que el fraile alemán del siglo XVI, Assange puede apuntarse el mérito de haber despojado al poder de su vestimenta y mostrarlo tal como es. Si en aquella época la imprenta impidió cerrar la boca a Lutero, en la nuestra internet ha jugado el mismo papel.


Después de pasar casi siete años confinado en la embajada de Ecuador en Londres, Julian Assange, el fundador de Wikileaks, se encuentra ahora prisionero del gobierno británico. El 11 de abril de este año Assange fue arrestado por la policía británica en la propia embajada de Ecuador. Este suceso ha supuesto un escándalo internacional, por cuanto Assange era un ciudadano con status de asilado y protegido por las leyes internacionales. Sin embargo, las autoridades británicas y el gobierno de Ecuador ignoraron este hecho y procedieron con una actuación que desprecia la legalidad internacional.

El Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU ha pedido al Gobierno británico que libere al activista, además de criticar severamente que se le mantenga en una prisión de alta seguridad, que no corresponde a los delitos de los que es acusado. Además, la defensa del australiano ha anunciado que preparan una denuncia en la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el gobierno de Ecuador. La denuncia se basa en el incumplimiento del derecho de asilo por parte de este gobierno.

Actualmente, Assange ha sido condenado por una jueza británica a 50 semanas de prisión. Esta sentencia condenatoria le ha sido impuesta por haber violado la libertad condicional en junio de 2012, cuando se refugió en la embajada de Ecuador en Londres y solicitó asilo político. Assange buscó asilo cuando se encontraba en libertad condicional debido a una acusación en su contra por delitos sexuales en Suecia, supuestamente cometidos en 2010. Además de esta condena, Assange se enfrenta a dos procesos de extradición.

Assange siendo detenido en la embajada de Ecuador en Londres.

Uno de estos procesos de extradición se dirige a Suecia. Las acusaciones contra Assange por delitos sexuales menores (practicar sexo sin profilaxis) en este país nórdico se archivaron en 2017 por falta de pruebas. Sin embargo, debido a su reciente captura, una de las mujeres demandantes ha solicitado la reapertura del caso. Ahora la fiscalía sueca solicita la extradición del asilado, a pesar de que tres de los cuatro delitos que se le imputaban han prescrito y el otro presenta débiles pruebas en su contra.

El proceso en Suecia contra Assange ha estado rodeado de polémica desde el principio. Han existido filtraciones a los medios sobre las investigaciones, sustituciones de fiscales y escándalos relacionados con las demandantes. La defensa de Assange se muestra confiada en poder ganar el juicio sin dificultad por la inconsistencia de las pruebas en su contra. Sin embargo, teme que mientras Assange es encausado en Suecia, el gobierno decida extraditarlo a EEUU.

El otro proceso de extradición se dirige a EEUU. La fiscalía estadounidense añadió la semana pasada a la acusación que sostenía contra Assange por el delito de “intrusión informática” otros 17 cargos. Los más graves se refiere al delito de espionaje y revelación de secretos oficiales y se basan en una ley de la I Guerra Mundial. Por dichos delitos Assange se puede enfrentar a condenas muy severas de cadena perpetua. Estas acusaciones han generado polémica, ya que ponen en peligro la libertad de prensa. Es la primera vez que un editor de noticias es acusado de revelar secretos gubernamentales.

Las acusaciones en EEUU están relacionadas con las publicaciones de Wikileaks. Esta web fundada y dirigida por Assange divulgó en 2010 más de 90.000 documentos clasificados relacionados con acciones militares estadounidenses en Afganistán y cerca de 400.000 documentos secretos sobre la guerra de Irak. Ese mismo año Wikileaks comenzó a airear unos 250.000 cables diplomáticos provenientes del Departamento de Estado de EEUU. Gracias a estas publicaciones salieron a la luz crímenes de guerra y vulneración a los derechos humanos cometidos por el ejército y el gobierno de EEUU en Irak y Afganistán.

El escándalo internacional que supuso la publicación de estas informaciones ha tenido un alcance formidable. La exposición a la luz de la conducta al margen de la ley del gobierno de Washington y su ejército ha dañado la imagen de la lucha antiterrorista y del propio EEUU en todo el mundo. El papel de liderazgo global que desempeña el país norteamericano se basa en buena parte en una reputación fundamentada en la defensa de la libertad y la legalidad. Sin embargo, las informaciones que reveló Wikileaks dañaron esa imagen y dejaron ver a EEUU como una potencia que busca obtener sus intereses particulares por encima de los principios universales que dice defender.

El daño provocado al prestigio de la potencia norteamericana es considerable y es lógico que en Washington estén sedientos de venganza. Y no sólo se trata de venganza. Una de las pocas posibilidades que tiene EEUU de reparar el daño causado por Wikileaks es destruyendo a Assange. Si el propio prestigio y reputación de Assange quedan en entredicho, será posible que el público desconfíe de las informaciones suministradas por Wikileaks.

EEUU, que alguna vez fue el bastión de la prensa libre, está tratando de
advertir que cualquier periodista puede ser procesado por recibir o publicar
información clasificada.

EEUU, que alguna vez fue el bastión de la prensa libre, está tratando de advertir que cualquier periodista puede ser procesado por recibir o publicar información clasificada. Ante este panorama, Assange parece el propio Lutero reencarnado en el siglo XXI. Al igual que el fraile alemán del siglo XVI, Assange puede apuntarse el mérito de haber despojado al poder de su vestimenta y mostrarlo tal como es. Si en aquella época la imprenta impidió cerrar la boca a Lutero, en la nuestra internet ha jugado el mismo papel. También al igual que Lutero, el australiano está pagando las consecuencias de tan grave desafío. Está por ver si las consecuencias sociales en el siglo XXI serán del mismo calado que en el XVI.

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Aleksandro Palomo

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