
La historia de los aranceles de Estados Unidos contra Taiwán ha alcanzado un punto de inflexión con un nuevo acuerdo comercial, tras seis rondas de negociaciones en las que Taipéi ha buscado reducir las tarifas que Washington le impuso después de la guerra comercial desatada por Donald Trump en abril de 2o25.
El anuncio también llega en un momento de creciente presión por parte de China. Por un lado, con la crisis entre Pekín y Tokio tras las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi sobre la respuesta nipona ante una posible invasión china. Por otro, con el incremento de las maniobras militares del Ejército Popular de Liberación (EPL) en torno a la isla.
Con el nuevo acuerdo, Estados Unidos reducirá del 20% al 15% las tasas arancelarias aplicadas a los bienes taiwaneses afectados, en concreto a los plásticos, textiles y productos agrícolas. Washington eliminará además los gravámenes sobre los medicamentos genéricos y sus ingredientes, las piezas de aviones y algunos recursos naturales.
Semiconductores como eje central
Cabe recordar que los semiconductores y muchos productos electrónicos fueron excluidos de los aranceles generales para someterlos a un régimen separado basado en la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que permite imponer tarifas por motivos de seguridad nacional.
Es decir, en función de las investigaciones del Departamento de Comercio iniciadas en abril de 2025, Washington podría aplicar aranceles a estos bienes taiwaneses si considera que vulneran la seguridad nacional. Por ese motivo, Taipéi había pedido un trato preferente como proveedor de la mayoría de los chips avanzados del mundo.
En esa línea, la Casa Blanca anunció que las empresas taiwanesas de semiconductores que amplíen su producción en Estados Unidos podrían pagar gravámenes más bajos –y, en algunos casos, nulos– cuando importen chips, maquinaria y productos relacionados al mercado estadounidense.
A cambio de esta reducción, las gigantes taiwanesas de semiconductores invertirán 250.000 millones de dólares para aumentar la producción de chips, energía e inteligencia artificial en Estados Unidos.
Esa cifra ya incluye los 100.000 millones de dólares que la líder del sector, Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), se comprometió a invertir en marzo del año pasado, según declaró el secretario de Comercio, Howard Lutnick.
En añadido, las compañías taiwanesas otorgaran 250.000 millones de dólares adicionales en créditos para ayudar a la expansión de la cadena de suministro de semiconductores en Estados Unidos y facilitar nuevas inversiones en el país.
Lutnick afirmó en una entrevista en la CNBC que el objetivo de la administración republicana es trasladar el 40% de toda la cadena de suministro y producción de chips de Taiwán a Estados Unidos. Esta semana, TSMC anunció que construirá más fábricas en territorio estadounidense.
Taiwán evidencia su dependencia
Este nuevo acuerdo refleja la voluntad de Washington de reducir su dependencia de los semiconductores taiwaneses, una interdependencia que hasta ahora había servido a Taipéi para disuadir a China y garantizar la protección estadounidense bajo el llamado “escudo de silicio”.
Sin embargo, con la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, esta protección se ha visto cuestionada. El líder republicano ha exigido en repetidas ocasiones al ejecutivo taiwanés que aumente el gasto en defensa, incluso hasta el 10% del PIB, algo inalcanzable, al menos a corto plazo.
Junto con esta reclamación, la administración Trump busca trasladar gran parte de la producción de semiconductores a suelo estadounidense, amenazando con debilitar la principal industria de Taiwán y su mayor baza frente a los reclamos de China.
Sin embargo, la dependencia con Washington en defensa frente a una posible operación china y en materia comercial –Estados Unidos ha superado a China como su principal socio comercial– ha dejado al gobierno de Lai Ching-te sin margen de maniobra: firmar un acuerdo que perjudica sus intereses y certifica su subordinación a Estados Unidos.
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