Antonio Costa se convierte en el primer ministro que más años dirigirá Portugal y su mayoría absoluta redibuja el mapa político

Por Néstor Prieto

Antonio Costa hace historia en Portugal obteniendo la sexta mayoría absoluta en la historia del país y asegurándose cuatro años más en el poder que le convertirán en el primer ministro que más años se ha desempeñado en el cargo, una década, igualando al conservador Cavaco Silva (1985-1995).

Los 117 escaños conseguidos le serán suficientes para gobernar a placer la legislatura entrante. Su crecimiento se produce a costa de sus antiguos socios de la Geringonça; la Coaliçao Democrática Unitaria (CDU) liderada por el Partido Comunista Portugués (PCP) y el Bloco de Esquerdas (BE), que quedan en mínimos por la efectividad del llamado al voto útil.

Victoria electoral y sobre todo discursiva

La arriesgada jugada política de adelantar las elecciones salió bien, pero pudo no haberlo hecho. El rechazo de los socios de la Geringonça al Orçamento de 2022 no obligaba a la convocatoria de elecciones, el Partido Socialista (PS) podía haber alargado la negociación o prorrogar los presupuestos del año anterior, pero Antonio Costa confiaba en hacer hegemónico un marco discursivo que le fuese favorable. Las elecciones son consecuencia de la irresponsabilidad de los partidos minoritarios que provocan inestabilidad y por ello es necesario reforzar al PS “como fuerza estable y de gobierno” frente a una extrema derecha en crecimiento se oía en tertulias, entrevistas y mítines. Y lo cierto es que a fuerza de repetición el PS consiguió delimitar el terreno de juego de una campaña electoral complicada para sus socios del BE y la CDU, percibidos como responsables del adelanto electoral y víctimas del llamado al voto útil. La discursiva fue la primera victoria de Costa y la que allanó el camino a las que estaban por venir.

Para ampliar: Crisis política en Portugal, el rechazo a los presupuestos empuja a elecciones anticipadas.

Pero la cuenta atrás hasta el día de la votación, el 30 de enero, se hizo cuesta arriba al PS por momentos. Las reticencias que entre la población portuguesa existen hacía las mayorías absolutas llevó a que Costa hiciese auténticas piruetas verbales para evitar pronunciar el término, algo que finalmente hizo en la recta final de la campaña. Desde entonces Costa concentró críticas de todo el arco parlamentario y parecía justificar el argumentario de CDU y BE que señalaban las “ansías de absoluta” con la única causa del adelanto electoral. En el imaginario colectivo aún están recientes las polémicas reformas y el rodillo parlamentario aplicado por otros gobiernos de mayoría absoluta.

Pero hubo dos aspectos claves que blindaron las aspiraciones de Costa. Por un lado, la “bipolarización” de la campaña, focalizándose la elección como una disputa entre PS y PSD -relegando al resto de fuerzas políticas a un segundo plano-; y por otro las encuestas, que según varios analistas al aventurar un resultado igualado e incluso mayoritario para la derecha terminó de movilizar y aglutinar al electorado progresista en torno al PS. Ambos elementos reforzaron el discurso de voto útil de Antonio Costa, que venció gracias a trasvase de votos casi perfecto de sus antiguos socios, un extremo que no se cumplió en la derecha.

La dimensión de la victoria socialista sorprendió entre sus propias filas. Varios medios portugueses afirman que tras las primeras estimaciones en el cuartel general del PS se preparaba un discurso de celebración hablando “un refuerzo” significativo, pero descartando la mayoría absoluta. Conforme avanzó el escrutinio la diferencia parecía augurar una mayoría absoluta que no se confirmó hasta entrada la madrugada, solo entonces compareció Antonio Costa con un nuevo discurso prometiendo una “mayoría de diálogo” para “reconciliar a los portugueses con las mayorías absolutas”. El mapa de Portugal teñido de rosa a excepción del conservador archipiélago de Madeira.

Con su arrollador triunfo el socialista entre en el selecto grupo de primeros ministros lusos con mayorías absolutas, un placer solo disfrutado por otros tres presidentes, el conservador del PSD Sa Carneiro en las elecciones de 1979 y 1980, su compañero de filas Cavaco Silva en 1987 y 1991, y el socialista José Sócrates en 2005. Antonio Guterres, actual Secretario General de Naciones Unidas tocó el número mágico con la punta de los dedos al obtener 115 de los 230 escaños de la Asamblea de la República en 1999.

El caso de Costa es especialmente significativo por las dudas que la mayoría absoluta genera entre los portugueses y porque además llega en un contexto europeo de fragmentación parlamentaria. Portugal se convierte en el cuarto país del club comunitario en contar con una mayoría absoluta en el legislativo junto con Hungría, Malta -donde impera un bipartidismo casi perfecto- y Grecia -cuyo sistema electoral otorga una suculenta prima de 50 diputados al partido más votado-.

Una noche con más vencidos que vencedores

La noche electoral, que dejó más vencidos que vencedores, reconfigura el mapa político portugués: el liderazgo del Rui Rio en el PSD queda herido de muerte, el nacional-populismo de Chega se catapulta hasta tercera posición, la izquierda portuguesa -CDU y BE- queda en mínimos, en la derecha irrumpen nuevas fuerzas -Iniciativa Liberal- y desaparecen otras históricas como la CDS-PP.

La clave de la victoria de los socialistas, 41,7% de votos con 117 escaños (+9) y 2.246.000 votos, no fue tanto por el aumento de la participación -que creció un 5% llegando a un discreto 58%- sino por el trasvase de voto del resto de partidos de izquierda a Costa, quien se impuso gracias al electorado de sus antiguos aliados, víctimas impotentes ante el discurso del voto útil. El PS incrementó en 339.000 votos respecto a la cita del 2019; el Bloco de Esquerdas bajó del medio millón de apoyos a 240.000 y la CDU capitaneada por el PCP bajó 96.000 votos para quedarse en 236.000. Ambas fuerzas se dejan 336.000 votos, tres mil votos menos de lo que sumo PS tras el adelanto electoral. Una suma casi perfecta.

Si bien es cierto que un grupo de votantes de la CDU y el BE podrían haber optado por quedarse en casa o votar a otras fuerzas un desglose territorial de los resultados parece ratificar la teoría arriba expuesta. En Aveiro el PS sumó 23.205 votos mientras que BE y PCP se dejaban 22.560; misma situación se dio en el conservador distrito de Castelo Branco (+7.320 PS, -7.950 BE y PCP) o en el feudo comunista de Beja (+6.332 PS, -6.482 BE y PCP). Los datos circunscripción a circunscripción apuntan en la misma dirección con diferencias mínimas; Costa quitó algo de voto centrista al PSD, movilizó abstencionistas, pero fundamentalmente se nutrió de sus socios.

Aunque pueda parecer contradictorio los tres partidos de la Geringonça suman tras estas elecciones menos escaños que en 2019, cuando sus grupos sumaban 139 escaños (108 PS, 19 BE, 12 CDU) frente a los 128 actuales (117 PS, 6 CDU, 5 BE). Por su parte, el voto total a la izquierda entre ambas citas se mantiene igual. Fue en la derecha (PSD, CDS-PP, Chega e Iniciativa Liberal) donde el voto global creció en más de 500.000 sufragios, pasando de 86 escaños a 96.

Distribución territorial del voto a las seis principales fuerzas políticas portuguesas. La zona de costa, donde es fuerte IL o el BE, es la más poblada y donde están las principales ciudades. El centro y sur del país, el Alentejo, es la zona rural donde mayor presencia tiene el PCP. En el norte y especialmente en el interior la derecha destaca.

Detrás del PS, con un 29% y a más de 12 puntos de diferencia, el conservador Partido Social-Demócrata (PSD) se debatía entre la pena y la frustración, pues todos los sondeos pronosticaban un importante crecimiento respecto al 2019. Algo que no ocurrió con una repetición casi idéntica de los resultados que ya les hicieron perder hace más de años. Rui Río, que acumulaba malos resultados desde que asumió el liderazgo del partido en 2016, ponía la misma noche electoral su cargo a disposición de la organización. Su figura de hombre de estado -sin descartar una coalición de Bloco Central PS y PSD- y con perfil moderado -recociendo ciertas políticas del PS y apostando por reformas parciales- ganó por la mínima en las primarias de la formación frente a la línea mucho más dura del eurodiputado Paulo Rangel. Las encuestas parecían premiar su discurso sosegado y su trato afable con un crecimiento sostenido desde la convocatoria de las elecciones, llegando incluso a ponerle por delante de Costa, lo que hizo llegar a hablar de Geringonça de direita; un espejismo. Apenas mejoró en unos miles de votos su resultado y a espera de conocer los últimos cuatro escaños que reparte el voto exterior su bancada previsiblemente quedará en 77-78 escaños (frente a 79 del 2019).

Falló la estrategia, la apelación al voto centrista apenas erosionó el cohesionado apoyo a Costa y sin embargo dejó un hueco a la derecha que llenaron otros actores. “Soy el primer responsable” dijo Rio ante los periodistas, señalando además que la “no concentración de voto de la derecha” es un premio para el PS.

El fracaso sin paliativos del PSD, que durante la campaña soñaba con el gobierno, contrasta con el éxito de los otros partidos políticos de este margen del espectro político. La ultraderecha de Chega e Iniciativa Liberal multiplicaron sus resultados hasta la tercera y cuarta posición respectivamente. La lógica del voto útil no funcionó en la derecha. Ambos partidos consiguieron movilizar votantes abstencionistas, desafectos y los sectores más derechistas del PSD y del Centro Democrático Social – Partido Popular (CDS-PP).

Chega, bajo el hiperliderazgo de André Ventura, es el otro gran triunfador de la noche electoral. La “excepción portuguesa”, como se conocía al país por ser el último gran país europeo donde la extrema derecha no tenía representación parlamentaria, es ya pasado. El populismo nativista de la formación ha agitado el tablero político portugués en tiempo récord; fundado en 2019 como escisión del sector más ultraconservador del PSD consiguió por la mínima un solitario escaño por Lisboa, el del propio Ventura, en las elecciones legislativas de ese año. Desde entonces sus polémicas y su presencia en medios multiplicó sus aspiraciones y en las presidenciales de 2021 -donde competían contra el imbatible Marcelo Rebelo de Sousa- obtuvo un espectacular 12% del voto y más de medio millón de votos.

Chega celebró el adelanto electoral consciente de que solo podía mejorar su resultado, la gran duda era cuánto. Su campaña, muy agresiva, y reinterpretando el lema del Estado Novo de Salazar “Deus, pátria, família«, añadiendo «trabalho» obtuvo el 7,15% de los sufragios, 385.000 votos y 12 diputados se convierte en tercera fuerza política, una etiqueta simbólica que le sitúa, según sus propias palabras, “como alternativa al acabado bipartidismo”. Además, Chega obtiene un altavoz privilegiado en la Asamblea de la República, donde tendrá representación en todas las comisiones y cómodos tiempos de intervención, y sobre todo un gran acceso a financiación pública con la que consolidar su aún tímida estructura organizativa.

En la sede nacional todo eran celebraciones la noche del domingo, poco importaba la mayoría absoluta del PS, pues en su estrategia pasa por una confrontación total con el gobierno. Cabe en todo caso hacer una reserva, si bien es cierto que Chega ha cumplido todos sus objetivos, sus votos están por debajo de los que obtuvo en las presidenciales. Aunque es arriesgado afirmar que la formación ha tocado techo lo cierto es que su crecimiento no ha sido tan masivo como algunos analistas especulaban; será clave seguir de cerca su evolución los próximos años.

Para ampliar: Chega, el partido nacional populista que puede convertirse en tercera fuerza política

La otra gran sorpresa la dio Iniciativa Liberal, fuerza política nacida en 2017 bajo el lema “Menos Estado, Mais Liberdade”. Al igual que Chega entró por la mínima en la legislatura de 2019 con un solo escaño, en la presente tendrá ocho asientos gracias a su 5% del voto. Enmarcado dentro de las teorías liberales europeas la formación tiene en las capas medias y altas de las grandes ciudades su caladero de votos. Su implantación en el litoral, donde están las principales urbes, contrasta con el casi nulo respaldo en el interior del país. Su puesta en escena no es contradictoria con Chega, autodenominados como derecha moderna y liberal han mostrado tener más cadera en las negociaciones política que los de Ventura.

En quinta y sexta posición la CDU y el BE. El PCP, actor político clave en la historia portuguesa por su resistencia a Salazar y su papel dirigente en la Revolución de los Claveles, cosechó el domingo el peor resultado electoral de su historia, 4.39% y seis escaños -la mitad de los que tenía-. Los comunistas, socios mayoritarios de la CDU, no pudieron frenar la hemorragia de votos al PS, al que acusan de provocar las elecciones, generar bipolarización y jugar con el miedo a la extrema derecha. A lo anterior hay que sumar la accidentada campaña electoral a la que tuvieron que hacer frente, el 11 de enero, tras un chequeo médico rutinario, el Secretario General e histórico dirigente comunista Jerónimo de Sousa tuvo que ser operado de urgencia por un problema cardiovascular, lo que dejó casi dos semanas a la coalición sin su cara visible. La solución fue apostar por una portavocía bicéfala de ‘os Joões’; João Oliveira, líder parlamentario y João Ferreira, líder comunista en el Ayuntamiento de Lisboa y excandidato presidencial. La fórmula combinaba dos de las caras más jóvenes y prometedoras del PCP, ambas suenan además como posibles sucesores de Jerónimo de Sousa, pero el COVID lastraría una de las patas de la fórmula dejando fuera de juego a Ferreira pocos días después de asumir la portavocía. Así las cosas, João Oliveira tuvo que asumir de manera precipitada el grueso de la campaña, reivindicando a la CDU como única garantía de izquierda y afirmando que sin su “fuerza decisiva” el PS no habría aplicado gran parte de las medidas aprobadas.

Jerónimo de Sousa (centro) junto a quienes se especula que podrían ser sucesores, el alentejano y líder parlamentario João Oliveira (izquierda), y el lisboeta y expresidenciable João Ferreira (derecha). Tiago Petinga | Lusa.

Pero el despliegue de la CDU no fue suficiente. Fueron varias las malas noticias recibidas la noche del domingo. De entre la merma generalizada de apoyos especialmente dolorosa fue la pérdida de representación parlamentaria por la circunscripción de Évora por primera vez en la historia democrática, una vasta pero poco poblada región en el corazón del Alentejo, la zona rural más pobre de Portugal y donde el PCP tiene su bastión. La principal víctima fue João Oliveira, que pese a su desempeño en la campaña y a ser el portavoz parlamentario de la formación queda fuera del próximo Congreso. Mismo resultado se dio en Santarém, donde perdió su escaño el histórico parlamentario Antonio Filipe, en la Asamblea de la República desde 1980. Los socios minoritarios de la coalición, el Partido Ecologista Verde (PEV), perdió sus dos escaños y quedó sin representación por primera vez desde su fundación.

El Comité Central de la organización despejó en reunión extraordinaria todas las dudas sobre una posible retirada de Jerónimo de Sousa al recordar que los resultados electorales no determinan la agenda del PCP. En este sentido mostró pocas esperanzas en la mayoría absoluta del PS y consideró que “la situación del país requiere el desarrollo de la lucha de masas, uniendo a los trabajadores y al pueblo en torno a sus intereses y reivindicaciones”.

En el BE la derrota electoral deja a la formación con su tercer peor resultado histórico, solo levemente mejor que en sus dos primeras elecciones en 1999 y 2002. Pasando de la tercera a la sexta posición, dejándose más de la mitad de los votos en apenas dos años y reduciendo su bancada en casi un 75% -de 19 diputados a 5-; es sin duda la fuerza más castigada del adelanto electoral.

La formación, que coaliga distintas tendencias y grupos de izquierda alternativa -mucho de ellos de orientación trotskista-, nació en 1999 tras un largo proceso de confluencia que había comenzado en 1987. Ese año el Movimento Democrático Português, germen del actual BE, rompió su alianza con el PCP enterrando la Aliança Povo Unido (APU), marca con la que la izquierda portuguesa obtuvo sus mejores resultados superando el 18% de los votos bajo el liderazgo de Álvaro Cunhal, Secretario General comunista durante la dictadura y ministro sin cartera durante los sucesivos gobiernos del proceso revolucionario de abril. El nuevo partido se mostró critico con la experiencia soviética y se ubicaba en una etiqueta por entonces en desarrollo, la nueva izquierda apegada a luchas identitarias, feminismo o ecologismo. Su voto, urbano y juvenil, contrasta con la implantación rural del PCP y su arraigo entre jubilados y personas de mediana edad. De igual manera, su escasa implantación en el interior del país y la casi nula presencia en el ámbito sindical es abiertamente contraria a la estrategia de los comunistas. Algo que ha permitido que las dos fuerzas hayan coexistido en un panorama electoral cada vez más competitivo y fragmentado.

Aunque los bloquistas eran conscientes de un más que posible retroceso no esperaban que fuese de estas magnitudes. Catarina Martins, coordinadora de la formación desde hace una década, afirmó visiblemente emocionada que eran unos resultados “malos” tanto por su bajada como por el aumento de “diputados racistas” (en referencia a Chega). Al igual que el PCP, Martins lanzó sus dardos contra el PS, a quien acusó de generar una “crisis artificial” para satisfacer sus ansias de poder.

La flexibilidad del sistema electoral portugués, que favorece al bipartidismo en la mayoría de circunscripciones pequeñas y medianas pero posibilita obtener un escaños en Lisboa u Oporto con sumar poco más del 1,5% del voto al no haber barrera electoral, dio representación a otras dos fuerzas: PAN y Livre. En el primer caso, Partido-Animais-Natureza (PAN), pasó de cuatro a un único asiento en la Asamblea de la República. La formación animalista, apoyo al gobierno de Costa pero dispuesta a pactar con el PSD si fuese preciso, siendo arrastrada también por la lógica de voto útil. Por su parte, la “izquierda verde y europea” de Livre mejoró sus resultados y revalidó su escaño por Lisboa alcanzando un total de casi 69.000 votos. La formación consideró una “victoria” el revalidar los resultados, aunque carecerán de grupo propio en el parlamento y su influencia será escasa ante la absoluta de Costa.

El terremoto político se cerró con la desaparición parlamentaria del CDS-PP, partido democristiano omnipresente en la vida política portuguesa desde la transición y que había desempeñados varias responsabilidades en el gobierno bien yendo en coalición con el PSD o bien concurriendo en solitario pero llegando a acuerdos poselectorales. En 1976 rozó el 16% del voto, y aunque su evolución ha sido desigual hace solo una década, en 2011, cosechó un nada desdeñable 10,70% del voto. Hoy esta fuerza conservadora representante de “la derecha social cristiana y sus valores” no ha sabido hacerse hueco en un ecosistema cada vez más competitivo. “Nadie esperaba buenos resultados, pero tampoco esto” confesaba un militante en la lúgubre sede central de la formación. Por primera en 47 años Portugal no da voz al CDS-PP, que con un 1,61% y 86.000 votos quedó lejos del escaño lisboeta o de sus tradicionales feudos conservadores del norte rural. Poco dijo la dimisión de su joven y efímero líder, Francisco Rodrigues dos Santos, el debate está en si la formación será capaz de sobrevivir en el desierto de lo extraparlamentario.

Exterior de la Asamblea de la República, sede del legislativo luso.

¿Y ahora qué?

La victoria de Costa refuerza a la socialdemocracia europea, reforzada con los recientes triunfos en Alemania y ahora en Portugal. Del mismo modo el primer ministro se asegura una legislatura cómoda donde el principal desafío será no abusar en exceso de su abultada mayoría para evitar ser penalizado por los portugueses. Su eventual retiro a un destacado puesto europeo, como suelen hacer las principales figuras políticas portuguesas, queda lejano en el tiempo; Costa tiene la posibilidad de consagrarse como una de las grandes figuras políticas portuguesas en la legislatura entrante.

Del otro lado de la bancada una oposición heterogénea que va desde Chega al PCP buscarán contener al PS. Un PSD malherido y con una disputa por el liderazgo abierta tendrá que definir, una vez renueve su presidencia, su relación con Chega. Los de André Ventura ya han adelantado su oposición total, una dinámica que ya hemos visto en otros países europeos y que pone a los partidos de la derecha tradicional en la tesitura de la “derechización” para disputar el electorado de Chega o escorarse al centro y trazar el famoso cordón sanitario, algo que el PSD hasta ahora nunca ha defendido.

Por su parte, el PCP parece dispuesto a reactivar su poderosa capacidad movilizadora tensionando desde “as ruas” al PS; con su próximo Congreso aún lejano en el tiempo -previsto para 2025- la eventual transición responderá a intereses partidistas más que electorales. Menos clara es la posición del BE, cuya lideresa parece no estar dispuesta a dejar el cargo y la hoja de ruta a corto y medio plazo es aún difusa para la formación.


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Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Intentando ofrecer una visión crítica de la geopolítica. Militante. He cubierto y vivido sobre el terreno los procesos migratorios en Grecia, Italia y Melilla. Ahora escribo sobre América Latina.