
En la última década hemos sido testigos de cómo un sentimiento latente de descontento hacia Francia ha ido cobrando fuerza en los países que antiguamente pertenecieron a su imperio colonial en África. Este descontento se ha visto alimentado por una mezcla de factores: heridas históricas aún abiertas, rechazo popular a un difuso neocolonialismo occidental y los pobres resultados de las intervenciones militares francesas. Todos estos elementos han c
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