Al Qaeda y Estado Islámico: Disputa por el territorio

En esta fotografía tomada el 18 de julio de 2014, manifestantes de Cachemira sostienen una bandera del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL) durante una manifestación anti-israelí en Srinagar /  Tauseef Mustafa | AFP
En esta fotografía tomada el 18 de julio de 2014, manifestantes de Cachemira sostienen una bandera del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL) durante una manifestación anti-israelí en Srinagar / Tauseef Mustafa | AFP

Entre cualquier grupo insurgente que aspire a “hacerse con el poder político”, la construcción de estructuras paralelas a las estatales a fin de socavar su poder y legitimidad resulta ineludible y el control territorial se presenta como elemento imprescindible para ello, pues no sólo permite al grupo el acceso a recursos y suministros que se hallan dentro del área controlada, sino que además funciona como un marcador ideológico capaz de generar una suerte de sensación de pertenencia y fidelidad con respecto a quien controla el territorio y proporciona servicios, sea este el Estado o estructuras paralelas al mismo.

La estrategia empleada por el Estado Islámico (DAESH) en Irak y Siria ha dado buena cuenta de ello, poniendo de relieve el papel fundamental que el control territorial juega dentro de cualquier insurgencia, así como de la incapacidad del Estado para preservar su poder en todo el territorio, siendo de esta forma inevitable la creación de vacíos de poderes que, bajo una coyuntura determinada, pueden llegar a ser aprovechados por un actor no estatal para hacer imponer sus intereses.

Sin embargo, este principio aplicable a cualquier grupo insurgente parece estar en contradicción a la hora de analizar la actividad de las organizaciones yihadistas anteriores al surgimiento del DEASH en Irak dada la agresividad con la que estas actuaban contra los países de la región imposibilitando cualquier arraigo territorial. En este sentido, cualquier control se hacía bajo la retórica de la constitución de un nuevo Emirato, el cual, formalmente subordinado a un supuesto pero inexistente Estado Islámico, era entendido como punta de lanza de todo un movimiento yihadista luchando contra los infieles en el nombre del Califa.

 Atentados de Estado Islámico y Al- Qaeda en el periodo enero de 2015 a agosto de 2016 / Web original: Fanack
Atentados de Estado Islámico y Al- Qaeda en el periodo enero de 2015 a agosto de 2016 / Web original: Fanack

Dicha estructura política permitió y continúa permitiendo a las diferentes organizaciones yihadista que se constituyen en cuanto tal una flexibilidad y capacidad de maniobra que un Estado Islámico o Califato no admitiría en tanto y en cuanto el anterior podría variar desde un puñado de yihadistas hasta a una organización plenamente constituida y capaz de perdurar en el tiempo controlando un espacio determinado.

Así, al-Qaeda justificaba su política con respecto al control territorial, el cual raramente se mantenía en el tiempo. Lo cual dado la forma en la que el discurso de Al-Qaeda se desarrolló, en ningún momento resultó un problema por sí mismo al considerar al Emirato como esa propiamente la línea de batalla en una guerra mucha más grande cuyo objetivo era el de restaurar el Califato. La derrota no era una derrota como tal si no ejemplo de sacrificio y modelo a seguir por el resto de combatientes.

Igualmente, con todo lo mencionado, para al-Qaeda la cuestión de territorio, siendo casi exclusivamente utilizado como refugio, parece haber quedado relegado a un segundo plano a pesar de su objetivo último de establecer el Califato, el cual implica necesariamente cierto control sobre un territorio determinado. Esta contradicción entre la puesta en práctica del imaginario político de al-Qaeda y ese imaginario en sí mismo fue utilizado por el DAESH tras su escisión del primero con el objetivo de forzar una escisión dentro de la propia organización.

Desde el momento en que el DEASH controló territorio, Mosul y Tikrit principalmente, el Califato fue proclamado. Con esta maniobra, el DAESH se presentaba de manera oficial, así como marcaba una diferencia clara con respecto a al-Qaeda, mostrando un compromiso mucho más fuerte que hasta por el entonces demostrado por el anterior con respecto a la construcción del Califato. Sin embargo, la estrategia aplicada por el DAESH entraña sus propios riesgos al no hablarse de una estructura política entre varias que puede desaparecer y volver a surgir, sino que aquí la derrota del DAESH significaría la derrota de todo su proyecto político de modo que esa organización a la que el resto de yihadista deben obediencia habría sido vencida.

Si centramos nuestra atención en el control que el DAESH ha ejercido sobre su territorio, observamos que dicho control no se limitó, como solía pasar previamente, a una libertad de movimiento sobre el mismo por parte de los insurgentes, sino que estructuras propias de un Estado fueron desarrolladas, impuestos aplicados y leyes basadas en la sharía aprobadas, ejerciendo de esta manera un control real y no meramente formal sobre dicha área, su población y los recursos que en ella se encontraban.

A través de medidas coercitivas y asistenciales, el DAESH fue capaz de ganarse el apoyo, o al menos la indiferencia de importantes sectores de la población, quienes le veían como la peor de las opciones en un escenario plagado de actores hostiles y que le aseguraban diferentes formas de apoyo local, desde refugio hasta nuevos reclutas.

De esta manera, la estrategia de control territorial del DAESH se asentaba sobre la tesis del “enemigo próximo” y donde ya no debía ser Estados Unidos, como al-Qaeda había planteado, el objetivo de este nuevo Estado, sino aquellos Estados árabes apóstatas que, abandonando las enseñanzas de Mahoma, habían decidido colaborar con Occidente.

Territorio bajo control de Estado Islámico en junio de 2015 / Fuente: Middle East Eye
Territorio bajo control de Estado Islámico en junio de 2015 / Fuente: Middle East Eye

Este mismo control territorial orientado a la creación de un Estado en el cual los musulmanes pudieran vivir de acuerdo con los postulados de la Sharía llevaba aparejado otro cambio de paradigma con respecto a las políticas empleadas por al-Qaeda que implicaba una nueva ruptura con la táctica empleada por la anterior al respecto y donde la represión y otras medidas coercitivas, en su momento rechazadas por Zawahiri, líder de al-Qaeda desde 2011, pasaban a ser una figura clave.

Una diferencia con respecto a al-Qaeda que radicaba en la existencia de un centro de poder continuado tanto en el espacio como en el tiempo con el objetivo de desarrollar nuevos cuadros capaces de gestionar ese nuevo Estado y su territorio a la vez que era expandido conforme los gobiernos de Siria e Irak perdían control sobre el suyo propio.

Para terminar, con respecto al uso del territorio llevado a cabo por el DAESH, es remarcable que dicha escisión no se limitó únicamente a la propiciada por el DAESH en Irak con respecto al-Qaeda, sino que entre 2014 y 2015, ocho provincias fueron formalmente establecidas en Yemen, Libia, Arabia Saudí, el Cáucaso, Afganistán y Nigeria como parte del Califato, las cuales juraron lealtad a al-Baghdadi a cambio de ser aceptados como partes integrantes del Estado Islámico.

Esta aproximación para con el territorio del DAESH, tal y como hemos mencionado previamente, contrasta diametralmente con la de al-Qaeda, tanto en Irak como en otras zonas. Centrándonos en el último, a pesar de que esta organización tenía el objetivo de derribar el corrupto régimen apóstata y reemplazarlo con un verdadero gobierno islámico, objetivo casi idéntico al del DAESH, los medios y métodos empleados por al-Qaeda para lograrlo en absoluto tenían que ver con los de aquel en tanto que al-Qaeda colocaba a Estados Unidos como principal objetivo de forma que, una vez abandonase Oriente Medio, una islamización de la región podría ser llevada a cabo de forma mucho más sencilla.

Resultado de esta estrategia centrada en la lucha contra Estados Unidos, al-Qaeda ha mostrado una estrategia mucho más laxa y amplia caracterizada por ataques terroristas en diferentes puntos sin conexión directa y que buscan forzar a Estados Unidos a retirarse en lugar del directamente intentar establecer un control efectivo sobre el territorio tal y como el DAESH buscó. De forma paralela, esta estrategia permitía a al-Qaeda apoyar aquellas insurgencias locales que luchaban contra la presencia estadounidense o gobiernos apoyados por el anterior.

De manera simple, la estrategia de al-Qaeda en lugar de buscar implantar el Califato de forma directa, siguiendo las pautas marcadas en su momento por Bin Laden, ha buscado establecerse primero como referente dentro del islam en aras de ganarse el apoyo de la población musulmana mediante ataques terroristas contra Estados Unidos o aquellos a quienes consideraban sus colaboradores.

Sintéticamente, podría decirse que la estrategia de al-Qaeda en aquellas zonas donde posee presencia debe desarrollarse en una serie de pasos que van desde la conquista de la hegemonía ideológica de su proyecto dentro de ciertos sectores de la población musulmana, que permitan su legitimización y divulgación entre sectores aún más amplios; la creación de un frente común con otros movimientos que compartan objetivos similares de forma que resulte posible llegar a una especie de programa de mínimos; la combinación de acciones armadas de tamaño reducido centradas en el hostigamiento de objetivos enemigos y orientadas hacia la creación de espacio seguros; y la ampliación cuantitativa de la magnitud de dichos enfrentamientos hasta que tiene lugar un enfrentamiento abierto con bandos ciertamente delimitados.

Al contrario que el DAESH, al-Qaeda no ha querido o, más adecuadamente, no ha sido capaz de asegurar un territorio bajo su control, lo que le ha llevado a desarrollar una estrategia basada en el ataque al enemigo más lejano y en donde Estados Unidos es considerado como el sostén de esos mencionados Estados apostatas como pueden ser Egipto o Arabia. Así, al-Qaeda ha optó una estrategia de deterritorialización aprovechándose de la idea de una comunidad imaginaria que engloba a todo musulmán, independientemente de su nacionalidad (Ummah).

Aliados y filiales de Al- Qaeda en el mundo /  Fuente: Associated Press
Aliados y filiales de Al- Qaeda en el mundo / Fuente: Associated Press

Sin embargo, a pesar de lo que en un principio pueda parecer y de comprenderlo de manera diferente al DAESH, la cuestión del territorio ha continuado siendo fundamental para al-Qaeda y la ausencia de control sobre este responde, como antes señalábamos, a su propia incapacidad para asegurar un control efectivo, lo que, dada la presión de otros actores, le ha llevado a plantear la estrategia antes comentada de ataque al enemigo lejano, situando a Estados Unidos como principal objetivo.

Por otro lado, en lo que respecto a la afiliación a al-Qaeda, al contrario de lo que ocurría con aquellos territorios que buscaban convertirse en provincia del Califato, esta se basaba en la puesta en marcha de actividades a nivel regional y cuyo objetivo debían ser aquellos relacionados con Estados Unidos o Europa.

No obstante, lo explicado aquí no debe ser entendido como una incapacidad absoluta por parte de al-Qaeda para penetrar en la sociedad donde realiza su actividad, tal y como el ejemplo de al-Qaeda en Irak muestra, esta filial ha sido capaz de establecer vínculos entre la sociedad tribal iraquí, así como entra la comunidad sunita que vive en las ciudades, asegurándose con ello refugio y suministros.

Sin embargo, dichos vínculos no fueron tan fuertes como cabría de esperar puesto que en 2006 al-Qaeda perdió el apoyo tribal después de que Estados Unidos cambiara su estrategia y se presentara como un aliado confiable, situación que puso de reflejo su incapacidad para, ahora sí, establecer fuertes y profundos vínculos con la sociedad iraquí de forma que pudiera postularse como actor capaz de mejorar la situación que el país atravesaba por aquel entonces.

Como consecuencia del breve análisis con respecto al uso del territorio por ambas organizaciones, resulta evidente que este no es más que parte de una estrategia mucho más amplia que, a pesar de formalmente tener el mismo objetivo, busca la instauración de un nuevo Califato. Pese a ello, la diferencia entre ambas estrategias lleva por tanto a un uso diferente del territorio por parte de ambos.

Mientras al-Qaeda ha centrado su actividad en combatir a ese enemigo lejano que representa Estados Unidos, el DAESH ha buscado un uso positivo del territorio a la hora de establecer y desarrollar aquellas instituciones que permiten un control real sobre el mismo y la explotación de los recursos que en él se encuentran. Gestión, todo sea dicho, que ha resultado incluso mucho más efectivo que aquella llevada a cabo por los que se han denominado como “Estados fallidos”.

Y es que, volviendo una última vez sobre la relación entre al-Qaeda y el territorio, a pesar de lo que se pueda pensar, la estrategia de deterritorialización viene impuesta por aquellas circunstancias que han impedido a al-Qaeda asegurar su presencia en un territorio determinado en tanto que no se debe olvidar que siempre que al-Qaeda se ha visto con capacidad para ejercer control sobre un área, lo ha hecho. Con ello, aquella tesis enunciada al principio de este artículo acerca de la importancia del territorio con un grupo insurgente mantiene toda su validez, cuestión sin embargo absolutamente diferente es el uso que dicha organización da del territorio.

Igualmente, la respuesta a cuál es la estrategia más adecuada es algo que sólo el despliegue de ambas teoría en la práctica puede mostrar, pues si bien en un inicio el DAESH fue capaz de dar un duro golpe a la estructura de al-Qaeda al mostrarse mucho más comprometido con la construcción del Califato y la pérdida de casi todo el territorio previamente controlado por el DAESH en Siria e Irak parecen poner en entredicho el proyecto política representado por el último, pues, si como decíamos, un Emirato puede ser derrotado sin tener mayores repercusiones para el resto del movimiento yihadista, la derrota del Califato implica una derrota total y absoluta de dicho proyecto y un golpe del que difícilmente una organización que lo ha presentado como bandera pueda sobreponerse. En cambio, al-Qaeda parece que seguirá existiendo por largo tiempo a pesar de tener menor impacto dentro del movimiento yihadista.

Para ampliar:

Comparing al-Qaeda and ISIS: Different goals, different targets (2015). Byman D. L.

Hybrid Insurgencies: Al Qaeda & ISIS territorialization. Gutierrez B. (2019)

Terror, territory, and statehood from Al Qaeda to Islamic State (2016). Castan Pinos J. Research Gate.

Lia, B. Understanding Jihadi Proto-States (2015). Perspective on Terrorism

ISIS vs. Al Qaeda: Jihadism’s global civil war (2015). Byman, D. L. & William J. R.

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Manuel_

Estudiante de Relaciones Internacional en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en procesos insurgentes del siglo XX y XXI, así como en el periodo de transición que caracteriza al sistema internacional actual y la forma en que esto se concretiza en Oriente Medio y Asia-Pacífico.

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