
El 31 de julio de 2026, Estados Unidos confirmó que se había sumado a Japón en una compra coordinada de yenes para tratar de contener el desplome de la divisa japonesa después de que esta se aproximara a los 164 yenes por dólar, una cifra no vista desde 1986.
Es la primera vez desde 1998 que Washington interviene para fortalecer la moneda japonesa y, aunque Tokio aportó la mayor parte de los fondos, la participación estadounidense alteró el significado de la operación y mostró el temor de Washington a que la crisis se extendiera más allá de las fronteras niponas.
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