
Las primarias que se celebrarán el 4 de agosto en Michigan y Misuri se han convertido en el siguiente gran escenario de la batalla ideológica que atraviesa el Partido Demócrata en torno a factores como la política hacia Israel.
Las candidaturas de la congresista Haley Stevens y del representante Wesley Bell, defensores de mantener la tradicional alianza estratégica con el Estado israelí, se enfrentan a dos referentes del ala progresista, Abdul El-Sayed y Cori Bush, que reclaman una ruptura mucho más profunda con la línea seguida durante décadas por Washington.
Este enfrentamiento refleja una transformación acelerada dentro del Partido Demócrata. Lo que hasta hace pocos años constituía una posición claramente minoritaria, limitada a algunos dirigentes de la izquierda, ha ganado un respaldo creciente entre las bases demócratas, especialmente tras el genocidio en la Franja de Gaza y el deterioro de la imagen internacional del Estado sionista.
Aunque Israel no figura entre las principales preocupaciones cotidianas de la mayoría de los votantes, el debate sobre la ayuda militar estadounidense y el papel del lobby proisraelí se ha convertido en uno de los símbolos de la disputa entre el establishment demócrata y el sector progresista, especialmente en Michigan.
Primarias en Michigan y Misuri
La contienda más relevante tendrá lugar en Michigan, donde la congresista Haley Stevens aspira al Senado, apoyada por la gobernadora Gretchen Whitmer, frente a Abdul El-Sayed, una de las voces más críticas con la política estadounidense hacia Israel.
Mientras Stevens defiende mantener la cooperación militar con Tel Aviv, aunque cuestiona algunas decisiones concretas de Benjamin Netanyahu, El-Sayed reclama poner fin a la ayuda militar anual de Estados Unidos, bloquear futuras ventas de armamento y revisar completamente la relación bilateral.
La particular posición de Michigan en el mapa político norteamericano agrava en mayor medida el peso de esta primaria. Este territorio es uno de los considerados swing states, estados que no han mostrado históricamente una nítida tendencia a votar republicano o demócrata, sino que acostumbrar a oscilar de entre uno y otro.
Una eventual victoria de El-Sayed supondría el mayor triunfo hasta ahora de un candidato abiertamente enfrentado a la política tradicional del Partido Demócrata sobre Oriente Próximo en una elección competitiva de ámbito estatal tras el triunfo de Zohran Mamdani en Nueva York.
En Misuri, por su parte, se reedita el enfrentamiento entre Cori Bush y Wesley Bell. Bush, una de las integrantes más conocidas del bloque progresista, perdió su escaño frente a Bell hace dos años después de una campaña marcada por el fuerte respaldo económico recibido por su rival desde organizaciones favorables a Israel.

La excongresista ha convertido nuevamente la influencia del Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC) en uno de los principales ejes de su campaña, mientras Bell insiste en defender la alianza estratégica con Israel.
La evolución del debate sobre Israel constituye uno de los cambios ideológicos más rápidos registrados en el seno del Partido Demócrata durante las últimas décadas. Durante años, las posiciones más críticas con Tel Aviv permanecieron relegadas a una minoría de representantes progresistas y socialistas.
Sin embargo, el desarrollo del genocidio y las guerras de agresión en Oriente Medio, así como la negativa de la administración de Joe Biden a endurecer su posición frente a Netanyahu, modificaron profundamente la percepción de una parte importante del electorado demócrata.
Diversas encuestas reflejan un deterioro sin precedentes de la imagen de Israel entre los estadounidenses, especialmente entre los Dems. En este partido, apenas una minoría de las bases mantiene hoy una visión favorable del Gobierno hebreo, lejos del consenso prosionista existente entre su establishment.
Este cambio no afecta únicamente a los sectores más jóvenes o progresistas. Incluso entre parte del electorado judío estadounidense crece el rechazo hacia Netanyahu, mientras que únicamente entre los cristianos evangélicos blancos continúa existiendo un respaldo claramente mayoritario a la política de Tel Aviv.
De la toma de posiciones... ¿a la toma del Partido?
Más allá del resultado concreto de las primarias de Michigan y Misuri, la verdadera batalla gira en torno al futuro liderazgo del Partido Demócrata de cara a las elecciones presidenciales de 2028.
La discusión que se está fraguando en el seno del Partido Demócrata no consiste únicamente en determinar si Estados Unidos debe modificar su política hacia Benjamin Netanyahu. Este hecho, evidentemente, es relevante, pero no necesariamente definitivo.
La discusión pivota alrededor de la pregunta respecto a hasta dónde debe llegar esa transformación. Incluso dirigentes del establishment demócrata, empujados por el cambio de postura entre las bases y el electorado, han comenzado a plantear la posibilidad de revisar la ayuda militar estadounidense, una propuesta que hace apenas unos años era considerada marginal dentro de la formación.
Las primarias de este verano volverán a poner a prueba ese delicado equilibrio. Una victoria de los candidatos progresistas reforzaría la presión para acelerar el giro del Partido Demócrata en política exterior. Por el contrario, si Stevens y Bell consiguen imponerse, el sector tradicional podrá sostener que todavía conserva una base electoral suficientemente amplia para mantener el liderazgo del partido.
En cualquier caso, el debate sobre Israel se ha consolidado como una de las principales líneas de fractura entre progresistas y moderados. Todo apunta a que esta disputa continuará condicionando tanto la actividad del Congreso como la futura carrera por la nominación presidencial demócrata.
De la mano del debate en torno al sionismo demócrata, profundas diferencias en materia fiscal, social y económica atraviesan la batalla por el control del histórico partido. Las primarias demócratas en Michigan y Misuri serán un nuevo capítulo de una contienda que se prolongará hasta finales de 2028.
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