
La Unión Europea ha confirmado un nuevo endurecimiento de las normas de visado para los ciudadanos rusos, prohibiendo en la mayoría de los casos los permisos de entrada múltiple. La medida, que entra en vigor de forma inmediata, obligará a los solicitantes rusos a tramitar una nueva visa cada vez que deseen viajar al bloque comunitario, una decisión que Bruselas justifica por motivos de seguridad.
“Viajar a la Unión Europea es un privilegio, no un derecho”, afirmó la alta representante Kaja Kallas, quien vinculó las nuevas restricciones a los “recurrentes sabotajes y ataques con drones en suelo europeo”. Según la Comisión Europea, el objetivo es garantizar un “control más exhaustivo y frecuente” de los solicitantes y reducir los riesgos derivados de posibles actividades hostiles.
El comisario de Migración, Magnus Brunner, anunció además que se implementarán “procedimientos de verificación reforzados y niveles elevados de escrutinio” para las solicitudes procedentes de Rusia.
No obstante, las nuevas reglas no afectarán a los ciudadanos rusos que ya cuenten con visados de entrada múltiple válidos. Se mantendrán excepciones limitadas para quienes tengan familiares directos en la Unión Europea y para disidentes o periodistas independientes “cuya fiabilidad esté fuera de toda duda”.
Desde la invasión de Ucrania en 2022, Bruselas ha reducido drásticamente el número de visados concedidos a ciudadanos rusos, pasando de unos cuatro millones anuales a alrededor de 500.000.
Sin embargo, el número de entradas al espacio Schengen aumentó cerca de un 10% en 2024 respecto al año anterior, con países como Hungría, Francia, España e Italia manteniendo una política más laxa. Dado que la expedición de visados es competencia nacional, la Comisión no puede imponer una prohibición total, lo que deja la aplicación de las medidas en manos de los Estados miembro.
Menos visados y más sanciones a Rusia
El endurecimiento de los visados llega acompañado del 19º paquete de sanciones europeas contra Moscú, aprobado tras semanas de negociaciones internas. El nuevo paquete amplía las restricciones energéticas, con la prohibición de importar gas natural licuado (GNL) ruso a partir de 2027 y el veto a cualquier relación comercial con Rosneft y Gazprom.
Bruselas añadió también 117 buques a la lista negra de la llamada “flota fantasma” que Rusia utiliza para eludir sanciones, e impuso medidas financieras adicionales a empresas rusas, bielorrusas y kazajas.
Como elemento inédito, la Unión Europea limitará los movimientos de los diplomáticos rusos dentro del espacio Schengen: deberán notificar con al menos 24 horas de antelación cualquier desplazamiento entre Estados miembro, en respuesta a las “actividades de inteligencia cada vez más hostiles” del Kremlin.
El nuevo paquete sancionador se adopta en un contexto de creciente desgaste europeo ante la prolongación del conflicto. Las ofensivas rusas continúan en el este de Ucrania –con combates especialmente duros en Pokrovsk y Kupiansk–, mientras que Kiev y sus aliados occidentales rechazan las condiciones impuestas por Moscú para negociar.
Al mismo tiempo, el apoyo militar occidental muestra signos de fatiga. Según el Instituto Kiel de Alemania, la ayuda militar a Ucrania cayó un 43% durante los meses de verano respecto a la primera mitad del año. Con Estados Unidos reduciendo su aportación y trasladando el peso financiero del esfuerzo bélico a Europa, las sanciones y restricciones a Rusia parecen más un intento simbólico de mostrar determinación que una estrategia capaz de modificar el curso de la guerra.
Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€
Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.







