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Los ataques ucranianos agravan la crisis en las refinerías de Rusia

Los crecientes ataques ucranianos contra refinerías en Rusia han paralizado una parte significativa de la capacidad de refinado del país.
Los crecientes ataques ucranianos contra refinerías en Rusia han paralizado una parte significativa de la capacidad de refinado del país. Fuente: Snpz - bajo CC BY-SA 4.0

Rusia atraviesa uno de los momentos más críticos de la guerra en Ucrania, no solo en el plano militar, sino también en el económico. Según datos publicados por el medio ruso RBC, un 38% de la capacidad de refinado de petróleo del país permanece inactiva, la mayor interrupción registrada hasta la fecha. En septiembre, la producción de gasolina cayó en un millón de toneladas, lo que ha generado un déficit interno del 20%.

Expertos citados por el medio ruso señalan que las compañías petroleras rusas pueden hacer poco para aliviar la crisis, ya que las reparaciones podrían tardar meses en completarse.

La situación se complica aún más por el impacto de las sanciones internacionales, que limitan el acceso a repuestos y tecnología esenciales para el mantenimiento de las plantas. La mayoría de las paradas están vinculadas a ataques con drones ucranianos, responsables de hasta un 70% de los incidentes. 

Para ampliar: Los drones ucranianos hostigan a Rusia

Desde enero, 21 de las 38 grandes refinerías de Rusia han sido golpeadas, con un número de ataques exitosos que ya supera en un 48% a todo 2024, según la BBC. Solo en agosto se alcanzó un récord de 14 refinerías atacadas, y otras ocho en septiembre.

Las ofensivas ucranianas parecen dirigirse a dos objetivos concretos: por un lado, las grandes plantas esenciales para el suministro civil de combustible; por otro, las instalaciones cercanas a la frontera que abastecen directamente a las tropas rusas en combate.

Desde hace meses, el ejército ucraniano ha intensificado sus ataques con drones de largo alcance en territorio ruso, cuyos efectos se dejan sentir cada vez más en distintas regiones del país. Moscú, que hasta hace poco se mantenía relativamente alejada de las consecuencias directas de la guerra, también comienza a experimentar el impacto de una campaña sostenida que apunta a instalaciones críticas.

Rusia se estanca en Ucrania

Esta fragilidad económica cada vez mayor se suma al estancamiento estratégico en el frente de batalla. Tras una ofensiva de verano que Moscú no logró transformar en una victoria decisiva, las fuerzas rusas apenas han consolidado posiciones en Donetsk y Zaporiyia, mientras fracasan en la toma de ciudades clave como Pokrovsk, Kupiansk o Limán. Más allá de la captura de Chasiv Yar, el balance militar es limitado.

El ejército ruso mantiene cierta superioridad táctica en el terreno, pero la incapacidad de traducirla en avances estratégicos se combina ahora con un creciente desgaste económico. Tres años y medio después de la invasión, Rusia está más lejos de sus objetivos iniciales –imponer un régimen afín en Kiev, debilitar de forma irreversible al ejército ucraniano y frenar la expansión de la OTAN–, mientras sus costes se multiplican.

Para ampliar: La guerra de Ucrania: todos pierden, menos Estados Unidos

Todo esto ocurre en un contexto de mayores tensiones con la OTAN, tras la violación del espacio aéreo estonio por cazas rusos y la incursión de drones rusos en Polonia, episodios que han elevado la preocupación en las capitales europeas y refuerzan la percepción de que la guerra se está expandiendo hacia los márgenes de la Alianza.

Con una economía golpeada por el déficit energético y un frente militar estancado, el Kremlin sigue apostando por prolongar la guerra en la esperanza de un colapso interno de Ucrania. Sin embargo, cada vez resulta más incierto que Moscú pueda transformar este conflicto enquistado en una victoria decisiva.

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