Portada | América | Elecciones en Bolivia: un punto de inflexión sin Evo Morales

Elecciones en Bolivia: un punto de inflexión sin Evo Morales

Las elecciones en Bolivia del año 2025, marcadas por la ausencia de Evo Morales, serán un punto de inflexión pase lo que pase.
Las elecciones en Bolivia del año 2025, marcadas por la ausencia de Evo Morales, serán un punto de inflexión pase lo que pase. Fuente: Pablo Andrés Rivero - bajo CC BY-NC-ND 2.0

El 17 de agosto del año 2025 se celebran nuevas elecciones en Bolivia en un contexto político profundamente marcado por la fragmentación interna de la izquierda, el desgaste institucional y la exclusión de una figura histórica: Evo Morales, quien fuera presidente del país entre 2006 y 2019. La ausencia del exmandatario no es circunstancial ni meramente legal, sino un símbolo y detonante de una disputa interna que redefine el mapa político del país tras casi dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS).

Evo Morales ante las elecciones en Bolivia

Evo Morales, presidente de Bolivia entre 2006 y 2019, sigue siendo, a pesar de no ejercer ningún cargo publico específico, la figura más influyente dentro de la política boliviana. Al menos lo es dentro de la izquierda nacional. Su liderazgo histórico sobre el progresismo boliviano, asociado orgánicamente al sindicalismo de origen indígena, específicamente al movimiento cocalero, marcó profundamente la orientación del MAS y de la vida política del país durante más de una década.

Esa corriente ideológica y social permitió construir una base sólida de poder popular única en América Latina. Semejante lazo es destacable incluso en el marco temporal en el que emergió el Movimiento al Socialismo como movimiento de poder inserto en la ola de gobiernos de izquierda en la región. 

En cualquier caso, tras las elecciones de 2019 ganadas por Morales, que fueron seguidas de acusaciones de fraude y de un posterior golpe de Estado, derivaron en una crisis política que modificó el tablero de forma estructural.

Para ampliar: De las estatizaciones al golpe de Estado: los gobiernos de Evo Morales en Bolivia

Aquel episodio concluyó con la instalación de un gobierno interino presidido por Jeanine Áñez y, posteriormente, en 2020, con nuevas elecciones precipitadas por la presión social y sindical. Esas elecciones las ganó nuevamente el MAS, esta vez bajo la fórmula de Luis Arce y David Choquehuanca, con el apoyo explícito de Morales, que no pudo postularse.

El respaldo inicial de Evo Morales a la candidatura de Arce fue determinante para la victoria del MAS en 2020. Sin embargo, el pacto tácito entre el exmandatario y el nuevo gobierno pronto se resquebrajó. Lo que parecía una transición ordenada dentro del MAS derivó en una fractura de primer orden.

El primer factor de erosión fue el desempeño económico. La gestión de Arce, exministro de Economía de Morales, no logró satisfacer las expectativas de una ciudadanía que, incluso dentro de las bases del MAS, comenzó a mostrar desencanto. La percepción generalizada de ineficacia económica debilitó rápidamente al gobierno.

El MAS se rompe

El segundo factor, más profundo, fue la creciente tensión política entre Arce y Morales. Lo que comenzó como una discrepancia estratégica terminó convirtiéndose en una confrontación abierta, con acusaciones cruzadas que incluyeron desde traición hasta vínculos con el narcotráfico.

La ruptura fue total. Morales intentó postularse nuevamente para las elecciones de 2025, pero la justicia electoral boliviana bloqueó su candidatura, lo que el expresidente y su entorno interpretaron como una maniobra directa del gobierno de Arce para eliminarlo del escenario político.

El escenario que se configura para estas elecciones en Bolivia es inédito. La principal fuerza política del país llega fracturada. Evo Morales no puede presentarse; el candidato oficialista, Eduardo del Castillo, vinculado directamente al gobierno de Arce y Choquehuanca, apenas alcanza un 2% en las encuestas. Su perfil técnico y su asociación con la gestión desgastada del actual ejecutivo lo colocan en una posición residual dentro de la competencia electoral.

Para ampliar: Orden de detención contra Evo Morales en Bolivia en medio de su enfrentamiento con Luis Arce

Por otro lado, emerge una figura que durante años fue considerada el sucesor natural de Evo Morales: Andrónico Rodríguez. Presidente del senado, joven, con una trayectoria política ascendente y cercano en sus orígenes al evismo, Andrónico parecía encarnar una nueva etapa de la izquierda boliviana. Sin embargo, al decidir competir sin el respaldo de Morales y distanciarse del conflicto entre Arce y Evo, optó por un camino propio: el de la "tercera vía".

Esta decisión ha sido interpretada por muchos dentro del evismo como una traición y, por otros tantos en el gobierno, como una confrontación con el ejecutivo. Lo que pudo haber sido un puente entre facciones se transformó en una candidatura sin respaldo firme ni del oficialismo ni del núcleo duro moralesista.

En las encuestas, Andrónico ronda el 6-10%, aunque algunos analistas consideran que podría captar un voto desobediente de sectores cercanos a Morales que, pese al llamado al voto nulo, prefieren evitar una victoria de la derecha. Es decir, que la apuesta de Rodríguez es, en gran medida, convencer a segmentos del electorado evista de que le voten a él, pese a no tener el aval del expresidente, para evitar un futuro gobierno de la derecha nacional. 

Evo Morales llama al voto nulo

La exclusión de Morales ha generado un profundo malestar en su base social. En las primeras semanas tras la confirmación de que no podría presentarse, se especuló con un posible boicot a las elecciones en Bolivia por parte de su movimiento. No sería la primera vez: el sector cocalero y sindical vinculado a Morales ha demostrado en repetidas ocasiones una capacidad de movilización capaz de paralizar el país.

No obstante, finalmente el evismo optó por una estrategia menos confrontativa, aunque igualmente disruptiva: llamar al voto nulo. Este gesto busca restar legitimidad a unas elecciones que, desde su perspectiva, se desarrollan bajo una proscripción política. Aunque menos agresiva que un boicot físico, esta táctica tiene un peso simbólico potente y podría impactar en la participación general, especialmente en zonas rurales y en los bastiones históricos del MAS.

Para ampliar: El Triángulo del Litio: ¿el futuro del sector global del litio?

Mientras la izquierda se consume en luchas internas, la derecha boliviana reaparece con fuerza. Tras casi 20 años relegada a una posición secundaria, hoy dos nombres lideran las encuestas: Samuel Doria Medina y Jorge "Tuto" Quiroga.

Doria Medina representa un perfil socioliberal e institucionalista. Quiroga, por su parte, es un exmandatario con una trayectoria política conocida, alineado con una derecha liberal-conservadora. Ambos superan el 20% de intención de voto según las encuestas más recientes, y todo indica que entre ellos se definirá la candidatura con mayores posibilidades de imponerse o, al menos, de llegar al balotaje.

Este escenario habría sido impensable años atrás. Durante las dos últimas décadas, la posibilidad de una victoria electoral de la derecha era casi una utopía. Sin embargo, la fractura de la izquierda ha generado un vacío de representación que la oposición ha sabido capitalizar. Si ambos candidatos de derecha pasan a la segunda vuelta, se confirmaría el fin del ciclo histórico del MAS como fuerza dominante.

Luis Arce, presidente de Bolivia, y Evo Morales, ex presidente de Bolivia, antes de su ruptura
Luis Arce, presidente de Bolivia, y Evo Morales, ex presidente de Bolivia, antes de su ruptura. Fuente: Brasil de Fato - bajo CC BY-NC-SA 2.0

La gran incógnita en este proceso electoral es si Andrónico Rodríguez logrará canalizar una porción significativa del voto huérfano del evismo. A pesar del rechazo inicial por parte de Morales y de las tensiones internas, su perfil joven y su distancia tanto del gobierno como del expresidente lo colocan en una posición potencialmente atractiva para ciertos sectores.

Como se ha adelantado, Rodríguez podría beneficiarse de un fenómeno de "voto desobediente" de militantes y simpatizantes de Morales que, aunque siguen considerándolo su referente, deciden votar por Andrónico como mal menor ante la amenaza de una victoria conservadora. Si esto efectivamente sucediere, Andrónico podría avanzar al ballotage y medirse a Quiroga o Doria Medina. Allí partiría igualmente en desventaja.

El dilema para estos votantes es complejo: seguir el llamado al voto nulo o apostar por una opción que al menos represente parte del legado del MAS, aunque haya roto con Evo. En cualquier caso, Rodríguez corre el riesgo de quedar atrapado en una ambigüedad política que lo lleve a no representar plenamente a nadie.

Elecciones en Bolivia: un punto de quiebre

El actual proceso electoral en Bolivia no es uno más, sino uno verdaderamente “bisagra”. Marca un punto de inflexión tras casi 20 años de hegemonía de una izquierda organizada, liderada, cohesionada en torno a Evo Morales y su proyecto político. Hoy, esa izquierda está fragmentada, judicializada y enfrentada consigo misma.

La posible victoria de la derecha, o incluso su mera consolidación como fuerza competitiva, sería un cambio estructural en la política boliviana. Las tensiones internas, lejos de resolverse, parecen haberse profundizado al punto de desdibujar el liderazgo histórico del MAS y de abrir un escenario de incertidumbre en el que ninguna fuerza tiene garantizada la victoria.

Para ampliar: El acceso al mar de Bolivia, un reclamo centenario

El resultado de estas elecciones en Bolivia, más allá del nombre que ocupe la presidencia, definirá los términos de la disputa política durante los próximos años. ¿Habrá recomposición en la izquierda? ¿De qué tipo? ¿La derecha volverá al poder? ¿Se consolidarán los nuevos liderazgos? Bolivia, como tantas veces en su historia, afronta un momento determinante que, en esta ocasión, puede devenir en repliegue neoliberal, algo difícilmente imaginable antes de 2019.

A nivel regional, la “pérdida” de Bolivia por parte de la izquierda latinoamericana sería indudablemente un duro golpe, especialmente si quien sucede a Luis Arce en el Palacio Quemado es “Tuto” Quiroga.

Si bien la dinámica pendular –es decir, el turnismo oficialismo-oposición– es una constante en América Latina desde mediados de la década pasada, Bolivia se había consagrado como un verdadero feudo. Junto a las elecciones en Chile, el país concentra gran parte de la atención del progresismo regional… y no es para menos.

Suscríbete y accede a los nuevos Artículos Exclusivos desde 3,99€

Si escoges nuestro plan DLG Premium anual tendrás también acceso a todos los seminarios de Descifrando la Guerra, incluyendo directos y grabaciones.