
La cumbre de la OTAN ⎻celebrada en Países Bajos el 24 y 25 de junio⎻ estaba enmarcada en la exigencia de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, de que los Estados europeos elevasen ostensiblemente su gasto militar. Mark Rutte, secretario general de la organización, ratificó al propio Trump su compromiso a ese respecto en un polémico mensaje de texto: “Europa pagará a lo grande y será tu victoria”. Además, reafirmó el apoyo del bloque a Washington tras los ataques contra Irán, replicando la narrativa de la paz mediante la fuerza.
Pese al choque con el gobierno español de Pedro Sánchez, lo cierto es que los acuerdos surgidos de la cumbre se acercan bastante a las demandas de Trump, las cuales habían sido intensificadas tras su asunción formal como presidente de Estados Unidos. "Les he estado pidiendo durante años que suban el gasto al 5%, y van a ir al 5%. Eso es grande… desde el 2%. [,,,] Así que creo que van a ser grandes noticias. Con nosotros, la OTAN va a hacerse muy fuerte", señaló el líder republicano.
La narrativa de fondo a lo largo de la cumbre de la OTAN fue la del “terror ruso”. La propia Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, se reafirmó en aquellas declaraciones previas al cónclave en las que afirmó que, de no seguir apoyando a Ucrania, Europa debería “aprender ruso”.
Mark Rutte, además, trajo a colación el desarrollo militar y de infraestructuras que Rusia habría estado llevando a cabo desde el inicio de la guerra de Ucrania. En este sentido, la disparidad en las capacidades e inversión militares entre los países europeos y Moscú fue un argumento central para la defensa del aumento del gasto militar.
Europa firma el 5% en defensa
Posteriormente a la cumbre, Donald Trump retomó el discurso de la ayuda condicionada. Al ser preguntado por la futurible aplicación del artículo 5 –aquel que define que “un ataque armado contra una o contra varias de las partes, acaecido en Europa o en América, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas”–, el jefe de la Casa Blanca alegó que “depende”, volviendo a poner sobre la mesa la incertidumbre sobre si, llegado el momento, Estados Unidos condicionaría su ayuda militar a variables como el aporte económico del país atacado.
Sea como fuere, la cumbre se cerró cumpliéndose el objetivo primario de Estados Unidos: la firma del documento que incluye el aumento del 5%. Específicamente, los 32 países sellaron varios puntos clave. De un lado, su compromiso con el artículo 5 del tratado, a pesar de las dudas expresadas a posteriori por el propio Trump; del otro lado, su conjunta preocupación por lo que definieron como “la amenaza de largo plazo impuesta por Rusia a la seguridad euro-atlántica”.
Fundamentalmente, por supuesto, se firmó el aumento: “invertir un 5% del PIB al año en requerimientos básicos de defensa, así como en gasto relacionado con la defensa y la seguridad” en 2035. El texto desarrolla ligeramente el “reparto” de este gasto. Un 3,5% irá a defensa, al tiempo que un 1,5% estará destinado a ámbitos como infraestructuras, redes, telecomunicaciones, preparación civil, innovación o industria; por supuesto, aquellas áreas que puedan asociarse de alguna forma con la defensa.
Estados Unidos busca que Europa financie su propia seguridad, especialmente en lo referente al Este de Europa, al tiempo que se mantiene como aliado en condición de subordinado a Washington. En realidad, la apuesta de Trump es peculiar: que la Defensa de los Estados europeos se “independice” económicamente, pero sin que ello devenga en mayor autonomía estratégica para el Viejo Continente. De esta forma, Washington tendría más fácil completar su giro asiático sin descuidar por completo el escenario europeo.
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