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Estados Unidos exige mayor control de los recursos de Ucrania

Estados Unidos busca garantizar un acceso prioritario, indefinido e incluso exclusivo a los recursos naturales de Ucrania.
Estados Unidos busca garantizar un acceso prioritario, indefinido e incluso exclusivo a los recursos naturales de Ucrania.

Lo que durante la administración demócrata de Joe Biden era inimaginable parece que empieza a materializarse con fuerza: Estados Unidos busca cerrar un acuerdo que implicaría una cesión económica sin precedentes para Ucrania. Si bien no hay confirmación oficial, varias filtraciones publicadas por medios occidentales apuntan a que Washington estaría dispuesto a usar a Kiev como moneda de cambio en las negociaciones con Rusia y su soberanía económica como el precio a pagar.

De este modo, continúa la degradación de la retórica liberal que ha fundamentado la política estadounidense desde el inicio de la guerra en febrero de 2022. Lo que muestran los borradores filtrados dista mucho de esa narrativa: la administración de Donald Trump parece decidida a imponer sus condiciones con total transparencia, incluso si eso implica presionar con dureza a su aliado ucraniano o adoptar, aunque sea de forma indirecta, ciertas posturas esgrimidas por Rusia.

El líder republicano no se presenta como defensor de Ucrania y tampoco pretende hacerlo. De hecho, ya afirmó con anterioridad que quería que Ucrania le entregara 500.000 millones de dólares en tierras raras como compensación de la ayuda prestada hasta el momento. Otro ejemplo significativo fue la mediática discusión que mantuvo con su homólogo Volodímir Zelenski, delante de las cámaras, en la propia Casa Blanca a finales de febrero.

Para ampliar: Estados Unidos abandona el orden liberal

Respecto al acuerdo, uno de los documentos más polémicos, filtrado por el Telegraph, incluye cláusulas que otorgarían a Estados Unidos acceso prioritario e indefinido –y, en algunos casos, exclusivo– a recursos naturales de Ucrania, como litio, gas, petróleo, tierras raras, aluminio, titanio o zinc, entre otros. El borrador también menciona el control de infraestructuras críticas ucranianas, incluyendo carreteras, oleoductos, gasoductos, refinerías y plantas regasificadoras. 

Todos estos activos quedarían bajo la gestión de un fondo con sede en Delaware, cuya administración recaería sobre cinco miembros, tres de ellos estadounidenses, con capacidad de inspeccionar las cuentas de instituciones públicas ucranianas y poder para bloquear la explotación de recursos ucranianos por parte de terceros. Esta última cláusula podría ir dirigida a impedir la entrada de China o incluso la adhesión de Kiev en la Unión Europea bajo condiciones comerciales normalizadas. 

Además, la intención de destinar los ingresos generados de dicha explotación a la reconstrucción se disuelve al leer otra cláusula: hasta que no se salde la totalidad de la ayuda militar y económica –alrededor de 100.000 millones de dólares más intereses­–, los ingresos irán directamente a las arcas de la potencia norteamericana. Es decir, no solo supone una deuda colosal para Kiev, sino que también compromete recursos ucranianos a largo plazo que afectarían a su economía y a sus esfuerzos de reconstruir el país tras un eventual alto al fuego sellado con Rusia.

Estados Unidos aísla a Ucrania

La posición republicana deja a Zelenski en un punto crítico. Aislado diplomáticamente, sin garantías firmes de seguridad respaldadas por Occidente, con una administración estadounidense decidida a concluir el conflicto a toda costa y con una fuerte presión rusa en el campo de batalla –en Kursk, Sumy, Donetsk y otros frentes–, el presidente ucraniano ve cómo sus vías de escape se esfuman. A esto se suma su tensa relación personal con Trump –deteriorada desde el primer juicio político del expresidente, donde Ucrania jugó un rol clave–, lo que complica aún más cualquier intento de negociación.

Mientras tanto, Rusia y Estados Unidos parecen estar encontrando varios puntos en común. Desde las cumbres en Arabia Saudí –con conversaciones sobre los ataques en el mar Negro y contra infraestructura energética– hasta informes desde Suiza que hablan de un posible restablecimiento parcial del Nord Stream, todo hace indicar que Moscú y Washington están redefiniendo su rivalidad. Incluso el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha confirmado que los canales de comunicación con la potencia norteamericana siguen abiertos.

Para ampliar: Ucrania pierde Kursk

En este nuevo escenario internacional, Ucrania queda prácticamente sin margen. Si acepta el acuerdo, corre el riesgo de un colapso interno. Si lo rechaza, podría quedarse completamente aislada de sus aliados occidentales. El espacio de maniobra del presidente ucraniano se ha reducido al mínimo.

Ya no está solo en juego el rumbo del conflicto, sino la arquitectura misma del orden global. Lo que propone Estados Unidos a Ucrania se asemeja más a una relación de protectorado que a una alianza. Mientras tanto, la Unión Europea observa desde la distancia, Rusia gana tiempo, y Trump, fiel a su estilo intransigente, obliga al gobierno de Zelenski a elegir entre firmar su rendición económica o saltar al vacío.

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