
La rabia se apoderó de las calles de las principales ciudades congoleñas durante el martes 28 de enero. Las protestas fueron especialmente intensas en la capital, Kinsasa, donde los manifestantes centraron sus reivindicaciones en la inacción, cuando no complicidad, de la comunidad internacional ante la ofensiva del M-23 sobre la ciudad de Goma. Embajadas como las de Francia, Bélgica, Estados Unidos, Uganda, Kenia o delegaciones diplomáticas de organismos como Naciones Unidas fueron atacadas e incluso, en algunos casos, parcialmente incendiadas.
El origen de los ataques en Kinsasa
A pesar de que Kinsasa se encuentra a 1.500 kilómetros de los combates que se suceden en el este del país, países como Estados Unidos ya han lanzado avisos a sus ciudadanos para que abandonen la República Democrática del Congo (RDC) lo antes posible, lo que indica que la situación podría agravarse aún más en la capital. “Tenemos todo nuestro derecho a expresar nuestra ira, pero hagámoslo de manera pacífica”, declaró el ministro de Comunicaciones congoleño, Patrick Muyaya. Las protestas fueron desalojadas por la policía con gases lacrimógenos y las autoridades congoleñas aseguran tener la situación bajo control.
De este modo, la población congoleña busca señalar a los responsables directos e indirectos de lo que consideran una invasión por parte de Ruanda. Su presidente, Paul Kagame, ha construido una estrecha relación con los países occidentales, lo que incluye fuertes lazos económicos beneficiados por el expolio de los minerales congoleños o acuerdos controvertidos como el plan de deportación de migrantes con el Reino Unido.
A otros como Uganda se les acusa de dar un apoyo directo al M-23, como ya han señalado en el pasado algunos informes de Naciones Unidas. En el caso de Kenia, los manifestantes denuncian que no se trata de un actor neutral, tomando partido al lado de Ruanda. Cabe recordar que la coalición político-militar bajo la que se integra el M-23, la Alianza Río Congo, fue creada precisamente en Kenia.
Escalada de tensiones con Ruanda
Este sería el principal motivo por el que el presidente de la RDC, Félix Tshisekedi, renunció a asistir a la cumbre extraordinaria de la Comunidad del África Oriental (EAC) convocada por el presidente keniano, William Rutto. Entre las conclusiones del cónclave se encuentra la petición a Kinsasa de dialogar con el M-23, una declaración en línea con los intereses de Ruanda, quien ya esgrimió este argumento para no participar en las negociaciones auspiciadas por Angola semanas antes de la toma de Goma.
En lugar de asistir a la cumbre, Tshisekedi optó por viajar precisamente a Angola, donde se reunió con su homólogo Joâo Lourenço. Poco después emitió una declaración televisada donde instó a los ciudadanos a apoyar a las Fuerzas Armadas y aseguró que “se está llevando a cabo una respuesta vigorosa” para “defender cada centímetro de nuestra tierra”. También sostuvo que se redirigirán todos los recursos posibles al esfuerzo bélico, volvió a acusar a Ruanda de violar su soberanía e integridad territorial y pidió a la comunidad internacional que tome una postura más firme contra la agresión externa.
Al contrario de lo que ocurre con la EAC, la Comunidad de Desarrollo del África Meridional (SADC) sí ha mostrado un apoyo decidido en favor de Kinsasa. La misión de paz de este organismo está teniendo un gran protagonismo en los combates con el M-23, resultando en la muerte de hasta 13 soldados sudafricanos.
El presidente de este país, Cyril Ramaphosa, mantuvo una conversación telefónica con Kagame, tras la cual el mandatario ruandés acusó al líder sudafricano de mentir. Además, aseguró que “Sudáfrica no está en condiciones de asumir el papel de mediador” y que la misión de la SADC tiene un mandato explícitamente ofensivo. “Si Sudáfrica prefiere la confrontación, Ruanda tratará ese asunto en ese contexto en cualquier momento”, amenazó Kagame.
El M-23 avanza hacia el sur
Mientras la tensión diplomática sigue escalando y amenaza un enfrentamiento entre bloques regionales, el plano estrictamente militar ha seguido el mismo camino. Tras acabar con la resistencia en el aeropuerto internacional, el M-23 ha seguido su avance hacia el sur, conquistando territorios en la vecina región de Kivu del Sur y amenazando su capital, Bukavu. En declaraciones al medio AFP, el embajador regional de Ruanda, Vincent Karega, aseguró que el M-23 no iba a detener su ofensiva en Goma, ya que la ciudad “no puede ser un fin en sí mismo a menos que se logre un buen diálogo con el gobierno de Kinsasa".
La situación en Goma continúa siendo catastrófica y testigos sobre el terreno hablan de decenas de cadáveres tirados en la calle. Los reportes basados en los recuentos de unos hospitales saturados hablan de, al menos, 100 fallecidos y más de 1.000 heridos, aunque nadie duda de que las cifras reales podrían ser mucho mayores.
Miles de personas intentan huir de la ciudad, algunas lanzándose al lago Kivu y otras hacia la vecina Ruanda. Desde Naciones Unidas aseguran que “el grado de sufrimiento que está padeciendo la población de Goma y sus alrededores es verdaderamente inimaginable” y advierte de que solo la negociación podría “evitar la amenaza inminente de una tercera guerra congoleña”.
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