
El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, acusa a la oposición de tratar de utilizar las protestas que atraviesa el país para “organizar un golpe de Estado” contra el gobierno. La oposición, por su parte, le reprocha estar acercándose a Rusia y “tratando de abandonar la Unión Europea”.
Fico lleva años manteniendo una postura crítica con el apoyo occidental a Ucrania, alegando que el conflicto no puede ser solucionado militarmente. Aunque su posición haya sido criticada por los sectores eslovacos más europeístas, el desencadenante de las actuales movilizaciones ha sido la visita de Fico a Moscú a finales de diciembre, la primera desde el inicio de la guerra de ruso-ucraniana.
Estallan las protestas en Eslovaquia
El viaje se produjo después de que Volodímir Zelenski anunciara que el tránsito de gas ruso hacia Europa a través del territorio ucraniano se detendría el 1 de enero de 2025, siendo esta la principal ruta de suministro de gas a Eslovaquia y otros países europeos. Tras tratar de negociar con Kiev para mantener el paso abierto, Fico viajó a Moscú donde se reunió directamente con Vladimir Putin. En el encuentro, ambos líderes abordaron posibles soluciones al corte de gas y la posibilidad de un “fin pacífico” a la guerra.
La visita de Fico, al igual que la de Viktor Orban en julio de 2024 o la del canciller austriaco Karl Nehammer en abril de 2022, ha sido criticada por sus aliados europeos y ha terminado provocando una crisis diplomática con Ucrania. El enfrentamiento por el gas ha hecho que Eslovaquia amenace con cortar la ayuda humanitaria a Kiev si no reabre los gasoductos. Robert Fico ha señalado que la compra de gas a proveedores alternativos supondrá un aumento de los precios y un duro golpe a la competitividad nacional y europea.
En Eslovaquia, la visita fue criticada por los sectores más europeístas, que convocaron movilizaciones a principios de enero. Estas protestas han continuado durante las siguientes semanas, ganando gran popularidad tras las amenazas contra Ucrania. En respuesta al conflicto diplomático, la oenegé Paz en Ucrania convocó concentraciones a lo largo de todo el país para el 24 de enero. En la capital, Bratislava, llegaron a reunirse unas 60.000 personas según los organizadores, mientras que los números generales hablan de alrededor de 100.000 asistentes en todo Eslovaquia.
Los partidos opositores también se han sumado al descontento, acusando a Fico de tratar de alinearse con Rusia y buscar sacar al país de la Unión Europea y la OTAN. La oposición trató de presentar a lo largo de la semana del 20 de enero una moción de censura contra el dirigente eslovaco, aunque finalmente no logró los votos suficientes para su aprobación.
El primer ministro de Eslovaquia ha rechazado la posibilidad de retirarse del club comunitario y la Alianza Atlántica, refiriéndose a ellas como su “espacio vital”, respondiendo así a las críticas opositoras. También se defendió de las acusaciones lanzadas contra un parlamentario gubernamental que sugirió la posibilidad de abandonar ambas instituciones, a lo que Fico respondió señalando que existe el “derecho a criticarlas”.
El enfrentamiento interno también se ha caldeado con la acusación del gobierno de que la oposición está tratando de instrumentalizar las protestas para “organizar un golpe de Estado”. Las autoridades han hecho público que, según los servicios de inteligencia, existe una acción coordinada por “expertos” para escalar los enfrentamientos y derrocar el gobierno. Este grupo habría estado presente anteriormente en el Maidán ucraniano y en las movilizaciones europeístas de Georgia.
La oposición ha negado las acusaciones, declarando que su objetivo es distraer a la gente de la debilidad de la coalición de gobierno, que ha perdido la mayoría parlamentaria tras el abandono de dos delegados.
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