
El domingo 15 de septiembre, Donald Trump sobrevivió a un nuevo intento de acabar con su vida mientras jugaba al golf en su club internacional de West Palm Beach, cercano a su residencia en el complejo turístico de Mar-A-Lago (Florida). El ataque tuvo lugar apenas dos meses después del atentado sufrido durante un mitin en Pensilvania, del que el candidato republicano salió prácticamente ileso, pero que a punto estuvo de lograr su objetivo.
En esta ocasión, nadie resultó herido, pero los primeros detalles de la investigación en curso señalan que la vida del magnate estuvo, una vez más, seriamente amenazada. Todo sucedió muy deprisa. En torno a la una y media de la tarde, Trump se encontraba jugando al golf con el inversor inmobiliario neoyorkino Steve Witkoff, amigo personal y donante republicano.
De pronto, los miembros del Servicio Secreto que se encargan de su protección en su calidad de expresidente –cuya actuación ya se había visto cuestionada después de los fallos de seguridad observados en el anterior atentado– se lo llevaron apresuradamente para ponerle a salvo. Se habían dado cuenta de que un hombre armado con un rifle se encontraba escondido entre unos arbustos, a solo 300 metros de Trump.
En ese momento, los agentes abrieron fuego contra el sospechoso, que arrojó el arma al suelo y huyó del lugar en un vehículo. En su escondite, los agentes hallaron un rifle semiautomático con mira telescópica, dos mochilas cargadas de baldosas cerámicas para protegerse de las balas, y una cámara GoPro destinada a grabar la escena.
Poco después, las autoridades locales identificaron al tirador como Ryan Wesley Routh, un hombre de 58 años residente en Hawái que ha pasado la mayor parte de su vida en Carolina del Norte, donde se encuentra registrado como votante independiente. Aunque había donado a la campaña del candidato republicano McCain en 2008 y afirmado votar a Trump en 2016, había manifestado desde entonces un profundo arrepentimiento al respecto. Sus ideas y opiniones son públicas y pueden consultarse en sus redes sociales y plataformas en línea, tales como Signal, donde mantenía una intensa actividad política a favor de Biden y Harris.
A juzgar por sus declaraciones, uno de los asuntos que más le preocupaban era la guerra de Ucrania, hasta el punto de que, tras la invasión rusa, voló a Kiev para tratar de alistarse como voluntario en el ejército ucraniano e intentó reclutar a otros estadounidenses para la misma causa. En 2019, realizó donaciones a diversos candidatos demócratas y ha participado en las primarias del partido para las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre. Al mismo tiempo, ha respaldado un ticket presidencial republicano compuesto por Nikki Haley y Vivek Ramaswamy.
Ayudadas por una fotografía del vehículo en el que escapó realizada por un testigo, las autoridades locales arrestaron a Routh mientras trataba de escapar de Palm Beach. Para evitar una persecución policial por las carreteras del condado, los agentes del sheriff esperaron un poco, hasta que encontraron el modo de forzarlo a salir de la vía, momento en que lo detuvieron a punta de pistola. Routh, que en ese momento iba desarmado, ha sido acusado de dos delitos federales relacionados con armas de fuego. Poco después, el FBI llevó a cabo una rueda de prensa en la que confirmó que estaba investigando el incidente como un intento de asesinato.
Reacciones ante el atentando contra Trump
La mayoría de los representantes políticos estadounidenses se apresuraron a condenar el atentado. El presidente saliente, Joe Biden, manifestó su alivio por el hecho de que Trump resultara ileso y reiteró que, en Estados Unidos, "la violencia política no tiene cabida, como no la tiene ninguna otra clase de violencia". La vicepresidenta y candidata demócrata a las próximas elecciones, Kamala Harris, declaró que estaba "profundamente perturbada" por el nuevo intento de asesinato contra el expresidente.
Trump, que tras el fallido atentado de julio había hecho un llamamiento a la unidad, ha acusado esta vez a sus adversarios de ser los causantes de esta ola de violencia que surca los Estados Unidos. A través de las redes sociales y de los medios tradicionales afines a los republicanos, como Fox News, los seguidores de Trump han señalado a Kamala Harris y a la Administración Biden, que, con su retórica catastrofista y sus afirmaciones acerca del peligro que supone el expresidente para la democracia, podrían haber esparcido entre una parte del pueblo estadounidense la creencia de que es necesario impedir que regrese al poder del modo que sea.
Desde el intento de asesinato de Ronald Reagan en 1981, en el que el mandatario republicano resultó gravemente herido, no habían trascendido ataques similares contra la vida de un presidente estadounidense. Hasta esta campaña electoral, en la que, en el corto espacio de dos meses, la vida de Trump ha corrido serio peligro en dos ocasiones. Preocupa ahora que, en un contexto de fuerte polarización y crispación social, acontecimientos como este generen un efecto llamada que lleve a nuevos intentos de asesinato contra los líderes políticos de uno y otro lado del espectro y, en definitiva, a un incremento de la violencia que ponga en jaque la seguridad pública.
Por otro lado, no parece que este incidente –mucho menos espectacular que el de julio– vaya a tener un gran impacto en las encuestas, que, desde el debate del 10 de septiembre y el apoyo de Taylor Swift a Kamala Harris, muestran una ventaja creciente de la candidata demócrata a nivel nacional. Sin embargo, los resultados de las elecciones dependerán de unas decenas o unos cientos de miles de votos repartidos a lo largo de siete u ocho estados en los que Trump y Harris se encuentran, ahora mismo, en una situación de empate técnico. De hecho, es probable que estas vayan a ser unas de las elecciones más ajustadas de la historia estadounidense. Y, por eso, seguramente no tengamos la certeza de lo que vaya a ocurrir hasta que empiece el recuento en la noche del 5 de noviembre.
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